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sábado, mayo 26, 2007

Eusebio Leal Spengler: Un gladiador que viste de gris

Por Elizabeth Mirabal Llorens (Trabajadores)

Eusebio o “el Cardenal”, como le llaman algunos, hace un recorrido por La Habana Vieja. Saluda a todos, se detiene y habla con los que habitan este pedazo de Cuba. Es un hombre consagrado a una creencia, un estratega que tiene como fin convertir recuerdos y añoranzas en realidades.

En su oficina, son muchos los asientos para acomodarse y escucharlo, pero él me ofrece un sillón que no llega a ser grande y escoge para sí una diminuta y simpática banqueta.


-Se dice que sus primeros años de estudio fueron sin el auxilio de profesores. ¿Cuáles eran sus métodos de aprendizaje en aquel entonces?

-En aquella etapa de mi vida, por razones familiares, no pude continuar los estudios regulares y tuve que abandonar la escuela primaria, sin concluir siquiera el sexto grado. Ante esa disyuntiva, tuve que trabajar y desempeñar labores de diversa índole para ayudar a mi madre; y en ese tiempo, empecé a leer no lo que necesitaba, sino lo que me gustaba. Esa ausencia de método, tiene sus consecuencias posteriores para una persona cualquiera que requiera una formación profesional. Y es que quedan grandes lagunas si no hay un tutor o alguien que te guíe en estas o aquellas lecturas. En realidad, leí todas las cosas que me agradaban. Esencialmente, mucha literatura, grandes novelas clásicas y filosofía griega: Sócrates, Cicerón, Platón.

Estudiaba Geografía porque me apasionaba y leía mucha historia, historia de Cuba en las publicaciones que existían entonces a mi alcance y que estaban en la Biblioteca Pública de la Gran Biblioteca de la Sociedad Económica de Amigos del País. Esa es la nota biográfica. Mi recomendación es que, pasados esos tiempos, todo el que quiera estudie por el método. Los métodos de estudio son hoy tan incomparablemente avanzados que un niño de cuarto grado sabe más de todo lo que yo podía, en aquella época, conocer si hubiese hecho la Secundaria Básica o el Preuniversitario.

Es muy importante, además de todo eso, no obviar lo que tiene de positivo el otro canal y es que la escuela da un método, un sistema, como en la Universidad; pero uno necesita, paralelamente, demostrar su interés con mucha fuerza, con mucho poder, con mucha voluntad. Leer, no examinar sólo por resúmenes, no confiarse a la memoria, sino al razonamiento, profundizar por placer, más que por deber.

-Fue discípulo de Emilio Roig. ¿Cómo recuerda a su predecesor?

-Fue un maestro generoso y bueno, que tenía una gran cualidad pedagógica: sabía escuchar. Cuando le hablabas y le referías qué deseabas saber tenía la paciencia de explicar y después te regalaba los libros, no como algo frívolo, sino como el resultado de una prueba de carácter y de verdadera vocación que él hacía a las personas antes de integrarlos a ese círculo que recibían las publicaciones: los Cuadernos de Historia Habanera, que eran los principales libros de Historia de Cuba. Fue también una fuente para el conocimiento de lo que se debía leer en aquella etapa. Inmediatamente yo empecé la Educación Obrero-Campesina, alcancé el sexto grado, fui a la campaña alfabetizadora y luego, seguí por mi cuenta hasta el momento en que llegó la posibilidad de hacer exámenes y de presentar pruebas de suficiencia para ser admitido en la Universidad

-¿Cómo es restaurador si padece de una seria alergia?

-Todos tenemos un padecimiento, real o imaginario. Lo importante es que llega un momento en que en una obra como esta, tú quedas inmerso y sometido a ella y te lleva esa marea con una gran energía. Esta es una obra que requiere una enorme espiritualidad, una gran convicción, conocimientos humanísticos. Me fue muy útil lo que leí en épocas pasadas y lo que leo aún hoy.

La arqueología, el conocimiento de la pintura, el amor por los museos, el valor de las cosas antiguas, la importancia de la restauración y del trabajo manual, que siempre tiene un altísimo contenido de trabajo intelectual; son indispensables.

-¿Por qué no ingresó en la Escuela de Artes Plásticas de San Alejandro?

-No tuve posibilidad porque la escuela era nocturna y yo tenía que ayudar a mi madre, a llevar la ropa que lavaba, a ocuparnos de las casas donde trabajábamos. Todo se hizo muy difícil y así, pasó el tiempo. Hay cosas en la vida que hay que hacerlas en su momento. No obstante, me ayudaron muchísimo los pintores Enrique Cruzet y José Rodríguez Radillo. Eran profesores de San Alejandro. En el caso de Cruzet, fui con otros amigos a su casa a dar clases sobre la preparación de los lienzos, sobre el trabajo con el carboncillo, el dibujo.

-De las obras arquitectónicas del pasado siglo que ha recuperado, ¿siente predilección por alguna?

-Por el Palacio de los Capitanes Generales. Allí han pasado cuarenta y seis años de mi vida, desde agosto del año 59. Empecé a trabajar en el Palacio cuando tenía sólo 17 años hasta hoy. Es como una vida entera. Yo entro ciego en aquella casa y sé a dónde ir.

-De los sitios históricos de Cuba, (incluso de los que sólo quedan ruinas), ¿cuál le hubiera gustado restaurar?

-Me habría encantado tener más tiempo, más vida, más recursos para haber restaurado muchas cosas de La Habana que hoy se pierden o están abandonadas porque son poco apreciadas.

Pienso que para que aumente la conciencia pública sobre el valor de los monumentos y las sitios y piezas históricas, todavía falta. Se definen como muy interesantes algunas ciudades de las que se habla mucho como La Habana Vieja, Trinidad, Santiago de Cuba, Camagüey; mas se habla menos de Sancti Spíritus, de Remedios, de las pequeñas poblaciones de Cuba, por ejemplo, Gibara, que es bellísima e importantísima monumentalmente. No se habla casi nada del Cerro.

Nadie habla del Vedado monumental ni de Jesús del Monte y el municipio 10 de Octubre donde hay toda una arquitectura maravillosa, digna de ser conservada, que sin embargo, se pierde. Me habría encantado poder tener una responsabilidad en esa dirección y haber contado con los medios, los recursos y desde luego, con los colaboradores.

-Si pudiera viajar a una época pasada y determinar el país, ¿qué país sería, que época y por qué?

-Siempre sería cubano. En cualquier generación que me hubiese tocado vivir, eso lo tengo desde hace mucho tiempo decidido. Si hubiese tenido esa hipotética posibilidad, siempre habría vuelto al mismo lugar. Amo profundamente esta Isla, su geografía, su naturaleza deslumbrante. El encanto de su gente para mí es fascinante. Sufro mucho cuando veo que no se aprecia tanto lo que tenemos.

-¿Cómo prepara sus conferencias? (Si es que las prepara)

-La preparación es esencialmente emocional. Yo leo mucho de noche. Generalmente me adentro en la relación misteriosa que se crea entre el público y el orador. En ese momento, la poesía cumple su menester.

-¿Por qué siempre de gris?

-Bueno, el gris no es mi color. Mi color es el azul. Pero me visto de gris porque esta es la ropa de trabajo que encontré en el momento oportuno y creo que quedamos dos personas en Cuba que la usamos todavía.

-¿Quién es esa otra persona?

-El doctor José Miyar Barrueco, Secretario del Consejo de Estado.

-¿Tiene tiempo para tener pasatiempos?

-Yo creo que sí, de vez en cuando.

-¿Cuáles son?

-Mirar unos ojos bellos.

-Le agrada, supongo, la música.

-Me encanta la música de Manuel Corona, o de Sindo Garay en algunas de sus composiciones magistrales. Algunas nuevas interpretaciones que he escuchado cantar a Pablo Milanés, a Miriam Ramos. Amo a Antonio Vivaldi, a la música de Scarlatti y a los románticos rusos, que me parecen todos maravillosos, fundamentalmente, Tchaikovski.

-¿Cuál es su literatura predilecta?

-Me he sentido siempre fascinado por la obra de Martí. Su obra completa es para mí un universo en el cual me gusta sumergirme. Eso no quiere decir que no lea a otros literatos contemporáneos, a García Márquez, a algunos que quizás, no son personas que me agraden, pero como literatos son fascinantes.

-¿Y su concepto de belleza?

-Es una relación misteriosa entre el amador y el ser amado, no hay un canon. Lo que para mí es bello, para otro puede no serlo.

-Usted ha afirmado que tiene un concepto casi napoleónico de lo que hace. ¿Ataques, ha recibido?

-Muchos. Yo pienso que uno no puede sentir y apreciar su obra si no tiene detractores de esa obra. Hay algunos ataques que nacen de nuestros errores, hay otros que nacen de sentimientos mezquinos, como la envidia, la ingratitud, la falta de conocimiento, la frivolidad, al emitir un criterio.

-Afirmó que el cantante y compositor Silvio Rodríguez pertenecía a una orden de caballería casi extinta. ¿Adjudica esta orden a alguien más?

-Sí, yo desde luego estoy incorporado por voluntad propia; pero él es una persona muy especial, muy generosa. Es capaz de interpretar sentimientos muy profundos, valiente para dar sus opiniones, nunca falla. Él siempre está.

-¿A qué lugar desearía que enviaran su corazón como acto de última voluntad si fuera posible?

-Aquí, a la Habana Vieja.

-¿Al Palacio de los Capitanes Generales?

-No, quizás a otro lugar. Tengo un rincón más predilecto que te voy a dejar a ti descubrir.

-Nelson Domínguez le llamó profeta feliz y enamorado ¿Coincide con esta imagen? Motivos.

-Nelson y yo, somos amigos desde que era él un adolescente. Profeta, porque me gusta ver las cosas del futuro con alegría, con entusiasmo y con confianza. Te diría más: con fe. Y el amor, porque nada que no esté asistido por él, fecunda ni fructifica, ni pervive. Sólo el amor salva.

2 comentarios:

José Manuel dijo...

Dónde puedo contactar al Dr. Leal?
Teléfono? mail?

Gracias de antemano por cualquier dato.

José Manuel Enciso
Imagen Institucional del ISSSTEZAC

Juan M. Garcia dijo...

Hola Jose Manuel:
En esta pagina encontraras las direcciones de algunas dependencias de la Oficina del Historiador de la Ciudad donde te podran dar informacion sobre como contactar a Eusebio Leal.
http://www.habananuestra.cu/index.php?option=com_content&task=category&id=27&Itemid=29
Saludos Desde Cuba,
Juan