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domingo, enero 09, 2011

LA ACTIVIDAD ECONÓMICA Y SOCIAL POR CUENTA PROPIA SERÍA EL BATACAZO FINAL AL DAÑINO PATERNALISMO SOCIALISTA DEL SUBEMPLEO

Por Rufo Caballero (UNEAC)

No hay política sin coyuntura, sin movilidad de la circunstancia, pero tampoco hay política sin luz larga, sin la capacidad de ver más allá de la bodega. En las últimas semanas, he leído varios textos de enfoque trágico sobre los “despidos” (palabra que suena a terror social, de ese que no encuentra consuelo ni en el chicuelo de Chaplin) y la tendencia a la reducción de plantillas en el ámbito laboral cubano. Algunos viven la tragedia como necesidad histórica (haga lo que haga Cuba, eso está mal: Cuba es la nube negra; ergo, palo porque boga y palo porque no boga); otros, emiten sus juicios de buena fe, preocupados por el abandono de que será objeto el cubano sin-techo; ahora sin techo laboral.

Durante muchos años, algunos intelectuales hemos insistido en que tiene que existir la manera de conciliar Revolución y economía, emancipación e instrumentalidad, soberanía y sociedad civil, socialismo y movimiento del soporte material de la vida social. Para los que están en los extremos, resulta fácil: hacen parte de la línea dura, según la cual la menor apertura significa una brecha por donde se iría todo, todo cambio carenaría en la glasnost tropical, en una perestroika más caótica aún en tierras de la maraca y el cocotero (para estos, está bien pagar el precio del inmovilismo y que la gente no respire); o pasan de cualquier opción que se aviste en el horizonte cubano, si esta es encauzada por la Revolución. Entre unos y otros, existe una franja intermedia, de gente interesada en hacer ver que Revolución quiere decir que la gente viva, que la gente respire, que el salario valga, que el dinero contribuya a robustecer valores espirituales, que calidad de emociones significa calidad de vida, y que el sacrificio no es una finalidad sino un medio. Gente interesada en recordar cómo ha sido la debacle económica la que ha determinado que se resienta todo un mundo de valores caros a esta sociedad. ¿Cómo le explicamos a los jóvenes que se venden de lunes a viernes, alrededor de los hoteles, para el fin de semana poder llevar a la novia a una discoteca, que nada hay más importante en la vida que ser un hombre íntegro, honesto, capaz de poner la cabeza en la almohada y dormir plácidamente? Esos jóvenes, que no son ni todos ni ninguno, pero que están ahí, pudieran replicar que “basta de muela, puro”. También: “pudo ser fácil, en los años ochenta, crecer como hombres íntegros y honestos. Pudo ser fácil, cuando los problemas materiales elementales estaban resueltos, cuando el dinero cubano era el único y valía, y la gente, con su sueldo, podía comprar cakes de nata, zapatos de calidad y discos de Madonna”.

Para esos que no tenemos respuestas muchas veces ante la voz de los jóvenes más desafiantes, resulta imperiosa la renovación económica de la sociedad cubana. No se puede seguir hablando de valores sin obviar la economía; ya ha sido suficiente error la pretensión de que un país se sostiene y se alimenta de ideales, de utopías, de consignas; porque, a la postre, sin sostén económico, se quiebran los ideales, las consignas, las utopías. Habría que ver la actual circunstancia de los “despidos” con otra perspectiva, que sobrevuele los anecdotarios lacrimógenos, y se percate de que, a no tan largo plazo, esta puede ser la posibilidad de la entrada de la pequeña propiedad en Cuba, que llegará a dinamizar la vida social. Parece que hemos aprendido que si se pretende controlar la industria pesada y la fiambre, al final se van de las manos la industria pesada y la fiambre. El exceso de control y de centralización condujo a un estado famélico de lo social, a un flagelo que nos detuvo demasiado tiempo. Si el Estado no puede resolver los problemas de transporte, como, durante décadas, se ha evidenciado que no puede, el botero no puede constituir un problema nacional. ¿Que ese botero se echa, al final de la noche, en el bolsillo, bastante más que cuanto gana un “trabajador normal”? ¿Y? En cualquier caso, ese botero timoneó su dinero, dobló el lomo durante doce horas, para llevarse a casa un poco de más dinero para pagar la gasolina o hacer la vida menos difícil. No le puso a nadie una pistola en la frente para que subiera a su almendrón; más bien, la gente se la puso al botero, para que los tirara hasta la Víbora… ¿Qué riesgo hay en eso? ¿Que instancia mayor peligra con eso? ¿No aceptamos por fin que el igualitarismo nos hizo daño, nos enfermó de idealidad y nos separó de la vida?

La pequeña propiedad, la pequeña empresa, la posibilidad del negocio privado, sería la ocasión de probar que la soberanía puede establecerse sobre la base del movimiento social y no de la verticalidad asfixiante. No es fácil, para nada; pero peor es que la olla siga cogiendo presión, y presión, a punto de implosionar. Una violenta implosión sería peor que una terrible explosión. Hay que crear válvulas de escape, válvulas de salida, alternativas urgentes. Así como se las ingeniaba Fidel para trocar las crisis políticas (el Mariel como paradigma) en coyunturas para la removilización del consenso, es este un momento para probar que la Revolución es mucho más que la clonación patrimonial de los valores históricos, o que un par de palabras que intentan preservar cuanto se ha conseguido hasta aquí. Con los años, la palabra revolución se ha hecho sinónimo de preservación, y ha extraviado su natural capacidad de crecimiento, de desarrollo, de virarse al revés en cada ocasión que sea preciso. Una palabra de asentimiento ha sustituido a un proceso de cambio.

La actividad económica y social por cuenta propia sería, además, el batacazo final al dañino paternalismo socialista del subempleo. Tememos, dramáticamente, a los despidos, y reclamamos, en el fondo, la clonación de la engañosa política del subempleo. El sujeto se sienta todos los días en su oficina, de ocho a cinco, o, ya hoy, tal vez de nueve a cuatro, hace nada, o muy poco, y al final de mes, tendrá en el bolsillo trescientos pesos, con lo cual puede vivir un día de los próximos treinta. Cuando vaya al agromercado, y compre un poco de viandas, dos libras de carne de puerco, y algo de frutas, a bolina el sueldo de todo un mes. El resto del próximo periodo, 29 días, con sus noches, el sujeto tiene que inventar, tiene que janéarsela durísimo, para llevar la comida a su casa, para resolver el transporte. Tiene que inventar 29 días al mes para poder sobrevivir. Fue así que el mercado negro se convirtió en “el mercado”, los márgenes se hicieron centro, y la venta de pacotilla se convirtió en un oficio de supervivencia: los cubanos nos quitamos el dinero los unos a los otros, y así nos entretenemos hasta el año que viene. La vida es lo que está pasando mientras nos contentamos con vender un pitusa y una lavadora vieja, porque así podremos comer la semana entrante. La política del remiendo, de la salida desesperada, de la conformidad con la falta de expectativa económica y social nos ha abotargado durante demasiado tiempo. Nos ha detenido.

El subempleo fue haciendo que este país se volviera definitivamente holgazán, que muy poca gente trabajara de verdad, porque, total, pa’ qué voy a doblar el lomo, si con lo que me pagan a fin de mes, no voy a resolver nada. Ahora mismo Cuba es un país de la suspensión, donde la gente se inventa toda clase de excusas para no trabajar. Si en la panadería la señora que despacha no te atiende, y reclamas, prepárate a escuchar que ella tiene una situación muy difícil, dos niños chiquitos, y cuando lleguen las seis de la tarde, tiene que ir a fajarse con un P-no-sé-cuanto, para luego tener que inventar la comida. Si vas a una óptica, no puedes pasar porque están barnizando las maderas. Si te acercas a una notaría, el horario de almuerzo es de once a dos, y además, falta la tinta para enjugar los cuños. Si la maestra trató mal a tu hijo, y le reclamas, ella se lleva las manos a la cabeza y te dice: “pero mulato, ¿tú no sabes to’ lo que yo he pasa’o? Yo me di candela en el 2000, luego fui trabajadora social, y ahora soy maestra emergente, que lo mismo enseño Química que Historia de Cuba?, ¿qué más se le puede pedir a la vida? ¡Tu niño –tu niño no, tu monstrico– es un malcria’o y bien! ¿Cómo e’?”. No puede haber rigor, no puede haber ética, si no existe una solvencia mínima; si la gente no siente que trabaja por placer, como por una recompensa final menos frágil, y que al llegar a la casa no tendrá que ponerse a generar actos de prestidigitación para resolver la comida. Cuando llega la noche, cuando llega la mañana, el sujeto es pura obstinación: ¿cómo pudiera atendernos bien en la panadería?

¿Qué reclamamos cuando exigimos que ese “trabajador normal” sea recolocado en su “puesto de trabajo”? Estamos pidiendo el regreso de la inercia, el desorden económico, el país de la abulia que llegó hasta aquí. Para los humanos, todo tiempo pasado fue mejor. Nos vemos primorosos, sentados en la oficina, de ocho a cinco, o de nueve a cuatro, mirándonos las narices, haciendo cuentos de Pepito, o esos de un cubano, un ruso y un norteamericano, hasta que podamos salir a luchar un camello. ¿Por qué tiene que seguir siendo esa nuestra vida? Nuestra vida gris, que come ideales y merienda hamburguesas de rectitud ideológica. Y conste que lo escribe alguien que ha sido feliz, que ha vivido la vida que ha querido, y que ha podido o sabido encontrar razones importantes para evitar que la vida se vuelva un calvario. Pero que no tiene los ojos vendados.

Claro que será difícil. No hay capital. ¿A partir de qué se van a poder montar los pequeños negocios? Otra vez hay que inventar: pero más vale inventar unos meses, y generar la solvencia mínima, para que en los próximos años, ese negocio abra el camino económico, y la gente pueda respirar. Más vale inventar la posibilidad de invertir que confinarse a la inercia del no-pasa-nada, del inmovilismo, de la falta de expectativas de vida. Unos meses atrás, como parte de un debate, una exponente de las ciencias sociales decía, compungida, que le preocupaba que ciertos documentales críticos pudieran suscitar motines. A lo que respondí: ¿y el inmovilismo, la presión de la olla, no puede suscitar motines? ¿Cómo evitar que se nos venga encima la acumulación de impotencia y de frustración que tantos años de no-economía han ido depositando en la gente? Abriendo puertas; abriendo caminos. No hay de otra. Revolución no es mutilación; Revolución es cambio y sacudimiento. Ahora el reto consiste en que la apertura inevitable no renuncie a conquistas sociales importantes; pero, a fuerza de apostar a ese sostenimiento, hasta esas conquistas se han vuelto vulnerables, sin un soporte material que las facilite mínimamente. Durante años hemos clamado porque la letra oficial, la cartilla legal, abra espacios a la iniciativa privada, en el sentido de que un puesto de fritas no tumba un gobierno. Lo hemos logrado, lo estamos consiguiendo: el camino se aclara, se hace menos áspero, y entonces sobreviene la farsa de siempre cara al cubano. La tragedia. Despido es una palabra demasiado dura, una acción que nada tiene que ver con el socialismo. Invocamos el paternalismo socialista como el modo de regresar a ese momento en que éramos resguardados por la nebulosa del país, que nos acariciaba con el ventilador de la oficina y nos hacía inventar 29 días. Ahora, tendremos que inventar 29 meses, para invertir (no hay cubano sin invento), pero, se supone que, a la postre, llegará el oxígeno. ¿Qué preferimos: recrearnos en el melodrama del desempleo con tal de retomar el subempleo complaciente, o entender que se acabó el abuso, que al fin la gente va a tener que trabajar, que doblar el lomo, para salir adelante, y que se va a terminar el país del mango bajito? El temor a la empresa privada y los pequeños negocios es el temor al trabajo de verdad, a que se acabe el teatro, el simulacro, la burrocracia (he escrito burrocracia y no burocracia). Quedaremos expuestos a nuestra suerte, es cierto. Cada cubano tiene que labrarse el camino en la medida justa de su empeño, está claro. Y hasta hoy, ¿cuál ha sido nuestra suerte económica? Ahora, que tenemos la letra para desbrozar el camino; ahora, las lamentaciones. Es curioso que quienes llevamos muchos años doblando el lomo, cada quien en lo suyo, abracemos la posibilidad de la cuenta propia como una apertura natural. Para nosotros, no entraña peligro alguno, sino eso: una posibilidad. No creemos que sea panacea de nada, estado de albricias súbito y confortante. No. Pero constituye al menos una posibilidad para la sociedad cubana.

Dejémonos de tragedia, cubanos, que tragedia era vivir dormitando en la oficina, oyendo a Luis Miguel, y contándole al colega los últimos sucesos del barrio. Ahora nos damos cuenta de que la vida era lo que estaba pasando mientras el chisme y el brete nos consumían. Si perdimos la juventud con los boleros de Luis Miguel, o la retransmisión de las telenovelas, vueltas a ver en los televisores Panda, es esta la hora de suponer que mañana puede ser un día provechoso. Más que todo, productivo. Hay que ponerse pilas, hay que echar a andar los motores, hay que movilizar la imaginación, que el Estado no estará más para amparar a quien, enternecido, olvida que mientras entona o desentona Luis Miguel, afuera aguarda una cola de cuarenta personas. Preciso es romper la dependencia edípica al Estado. Si el Estado se cansó, más cansados debemos estar nosotros, y más deberíamos aprovechar la circunstancia de la opción de inventar para vivir y no para sobrevivir. Claro, hay un problema, un solo y enorme problema: hay que trabajar. ¿Cómo hacemos, en Cuba, para que trabajar vuelva a ser una virtud, un bien público y privado, y no un complejo de “trabajadores normales” que se sienten pillos cuando consiguen burlar al jefe? El susto de este minuto no es el susto ante el desempleo; es el susto ante el imperativo del trabajo, cuando vagar nos ha encantado. Al niño le han quitado la mochila, la merienda, la jabita de aseo y le han dicho: vamos, echa a andar. Primero aparece la incertidumbre, la protesta, el desconcierto. Después, se supone que, con el trabajo, la oportunidad de despegar.


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domingo, agosto 22, 2010

LOS PERROS DEL ASESINO DE TROTSKY

Por Dalia Acosta (UNEAC)

El hombre que mató a León Trotsky por encargo de los servicios secretos soviéticos y pasó 20 años en una prisión mexicana sin hablar se radicó al final de sus días en la capital cubana, donde solía pasear a diario con sus perros por la Quinta Avenida del residencial barrio de Miramar.

Y fue en esa quinta avenida donde el cineasta cubano Tomás Gutiérrez Alea (1928-1996) vio por primera vez aquellos perros y entendió que eran los ejemplares idóneos para su último filme, en el cual narra la historia de una familia de la alta burguesía cubana que se aísla en su mansión para ignorar los cambios que sucedieron al triunfo de la Revolución en 1959.

Los perros del catalán Ramón Mercader del Río (1914-1978), conocido entonces en la isla como Jaime Ramón, han sido vistos por muchas personas en el mundo en las secuencias de Los sobrevivientes (1978), una de las obras maestras del director de Memorias del Subdesarrollo (1968) y Fresa y Chocolate (1993).

"Nunca hubo perros así en Cuba, ni los ha vuelto a haber", dijo a IPS el escritor cubano Leonardo Padura, quien trabaja en los últimos detalles de una novela alrededor de las "peripecias, intrigas y persecuciones" que rodearon el exilio y el asesinato en México de Trotsky (1879-1940), uno de los principales líderes de la llamada Revolución de Octubre (Rusia, 1917).

"Una novela como esa sólo se puede escribir obsesionado con esta historia", comentó el periodista y narrador, autor de obras literarias que ahondan en la realidad cubana actual como Vientos de Cuaresma (1994), Pasado perfecto (1995), Máscaras (1997), Paisaje de Otoño (1998), La novela de mi vida (2001) y La neblina del ayer (2005).

El hombre que amaba los perros, un título con el que Padura pretende rendir homenaje al escritor estadounidense Raymond Chandler (1888-1959), se cuenta en tres líneas paralelas: el exilio de Trotsky desde 1929 hasta su muerte en 1940, la preparación y ejecución de su asesinato y el destino posterior del asesino o "brazo ejecutor", en Moscú y luego en Cuba.

Padura cuenta el recorrido del exiliado Trotsky por Alma-Ata (Kazajstán), Turquía, Francia, Noruega y su estancia definitiva en una "casa-fortaleza" en Coyoacán, ciudad de México. Y, por otro lado, sigue los pasos de Mercader del Río desde sus tiempos como soldado del Ejército Popular español, Moscú, Francia, Nueva York y México.

Como en sus libros policíacos, donde la trama es sólo un pretexto para ahondar en la sociedad cubana, el novelista parte de lo que considera uno de los asesinatos más significativos del siglo XX, para ahondar en la lucha por el poder tras la muerte de Vladimir Ilich Lenin (1870-1924) y el ascenso del fascismo.

"(Joseph) Stalin y Trotsky pensaban de dos modos diversos sobre la revolución. Stalin, para consolidar su poder, se aferró a su teoría del socialismo en un solo país, y coartó todo atisbo de democracia y pluralidad. Trotsky, con su teoría de la revolución permanente, pensaba que la victoria en Rusia era sólo un paso para luego seguir por Europa".

"Pero Stalin prácticamente traicionó a la posible revolución china en 1926-1927, no permitió una alianza entre las fuerzas de izquierda en Alemania que pudieron evitar el ascenso de Adolf Hitler al poder, maniató a la Internacional Comunista, y en España, durante la guerra civil (1936-1939), exigió que se luchara por la victoria sin hacer la revolución. Era el menos brillante, pero demostró ser el más astuto y sibilino.

"Trotsky era brillante, orador, culto, mundano, famoso y mítico. Eliminar a Trotsky se convirtió en una exigencia para que Stalin pudiera conseguir la preeminencia y el poder absoluto, incluso la posibilidad de reescribir la historia y robarse un protagonismo que nunca tuvo".

El final se conoce desde el inicio, lo importante es el cómo. "¿Por qué se frustró la gran utopía del siglo XX? Simbólicamente es lo que quiero llevar a la novela. La perversión comenzó en los mismos años 20 y el asesinato de Trotsky puso el punto final a cualquier salvación de esta utopía", afirmó el autor.

"Es algo que también tiene que ver con nosotros. El ser humano no puede vivir sin utopía", añadió.

Tres años lleva el novelista cubano trabajando en la obra que espera sea publicada en el otoño de 2008, por la editorial Tusquets, de Barcelona. Durante ese tiempo buscó documentos originales, leyó libros de historia y ficción, consultó mapas urbanos y aprendió casi de memoria los diarios del exilio de Trotsky.

En todo el proceso previo a la escritura, Padura siempre tropezó con el mismo obstáculo: el silencio de Mercader del Río. "Estuvo 20 años en la cárcel en México y no habló, el tiempo que vivió en Moscú desapareció y en Cuba fue un fantasma. Y pensé que alguna vez debía haber tenido muchos deseos de contar su historia", explica.

En la novela, Jaime Ramón le cuenta todo a un joven cubano estudiante de veterinaria que, a pesar de su promesa de no decirle a nadie, 20 años después le pasa todos los detalles a un amigo escritor. Los perros se convierten en la conexión entre Mercader del Río y el muchacho que, a su vez, marca la distancia necesaria entre la histórica y la ficción.

"Como Ramón Mercader amaba los perros, también los amaba el hombre que él asesinó. Trotsky tenía cuatro galgos rusos y cuando parte al exilio a Alma-Ata se lleva uno consigo. El mismo amor lo compartía también el joven veterinario cubano. Cualquiera de ellos puede ser el hombre que amaba a los perros", comenta.


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Por Jaisy Izquierdo (Juventud Rebelde)

sábado, mayo 29, 2010

GENERO Y ORIENTACION SEXUAL EN LA SANTERIA

Por Tomás Fernández Robaina
Tomado del sitio de la UNEAC

La lucha de la mujer por sus derechos también se manifiesta entre las practicantes de la Santería, el Candomblé, Regla de Osha o Culto a los Orishas, cuatro diferentes nombres para denominar la creencia o religión legada por esclavos africanos de origen yorubá, traídos a varios países de América, principalmente a Cuba y Brasil.

Las insatisfacciones o quejas de las santeras o iyalochas nunca alcanzaron un nivel de visibilidad que las pusieran en una actitud de total desacato, al menos en Cuba, de la tradición heredada. Tampoco fue una preocupación intelectual que se reflejara entre las demandas feministas enarboladas en nuestra Isla. Uno de los primeros debates acerca del papel de la mujer en la Santería, desde el punto de vista intelectual, se manifestó durante una mesa redonda celebrada en 1990 en el seno de la primera conferencia de estudios afrocubanos convocada por la Casa de África “Fernando Ortiz”, de Santiago de Cuba.(1)

Es muy probable que con anterioridad se hubiera analizado de manera formal, o no, dicho asunto, pero no tengo referencias concretas en ese sentido. Parto de dicha mesa por haber sido uno de los participantes de tal discusión. Recuerdo de modo muy nítido que las interrogantes más agudas fueron planteadas por la santera boricua Ángela Jorge. Ella se quejó de la subordinación en la cual se encontraban las iyalochas en la santería, pues no se les permitía realizar determinados rituales, a pesar de que tuvieran el conocimiento requerido; señaló de modo enfático que tampoco se les facilitaba adquirirlo de forma sistematizada. Daisy Rubiera, en aquel entonces directora de la Casa ya mencionada, dijo de manera tajante que esa era una forma abierta de discriminación femenina.

Obviamente, los babalaos y babalochas (santeros) presentes no estuvieron de acuerdo con esas críticas. Hubo santeras cubanas que aclararon que no se consideraban víctimas de la discriminación aludida, porque ese era el papel asignado a las mujeres en la Regla de Osha, así era la tradición, y desde que el mundo había sido mundo, había sido de tal forma. A partir de aquel momento comencé a llevar anotaciones sobre el tema, recordando, sobre todo, el rol que había visto asumir a las santeras desde mi niñez.

No mucho tiempo después de esa discusión, tuve que acercarme al problema genérico en las creencias religiosas afrocubanas. Me vi obligado a esa reflexión por la lectura de la investigación de Ian Lumsden(2) sobre la homosexualidad contemporánea en nuestro país. Escribí unas notas para dar a conocer panorámicamente como se visualizaban los valores sexuales en las religiones afrocubanas, con el simple deseo de que él tomara las ideas básicas y las incluyera en los incisos donde abordaba dicho tema. Para mi sorpresa, reprodujo mi texto en uno de los apéndices de su pesquisa, ya editada como libro.(3)

En aquellas notas comencé por la Sociedad Secreta Abakuá, en la cual la más ligera sospecha o comentario sobre la duda de la masculinidad de un aspirante a integrarla le impide la incorporación. En segundo lugar apunté que en la Regla de Palo la participación de las mujeres era más abierta y aunque tenían determinadas limitaciones, contaban con más espacios que los homosexuales. Pero hoy en día se observan cambios notables, y ya se comenta la existencia de paleros homosexuales, aunque la crítica es muy fuerte ante esta trasgresión de una norma que prohíbe a los homosexuales oficiar. Y concluí señalando que, aunque de modo muy esporádico, se había comenzado a debatir la situación de la mujer en la Regla de Osha, situación que se encontraba en desventaja abierta en comparación con los hombres homosexuales, como bien se apreciará más adelante.

Ahora retomo el tema, pero con una visión más amplia, sin agotar todas las fuentes disponibles, teniendo en cuenta algunas limitaciones que no podrán ser pasadas por alto durante la fase final de la pesquisa de la cual esta contribución forma parte. La primera de ellas es la carencia de una bibliografía consultable en nuestros centros de información y bibliotecas. Otra es la ausencia de una perspectiva histórica en los pocos estudios publicados en Cuba que abordan dicho fenómeno.

No cabe duda de que se debe ahondar en este punto, sobre todo hurgando y valorando el papel del género y la sexualidad en la antigua cultura yorubá y en la actual; además, es necesario, en un futuro, realizar estudios comparativos de este fenómeno en Brasil y en otras sociedades donde aún se practica el Culto a los Orishas. Por lo tanto, adentrémonos en el asunto, comenzando desde el punto de vista del género.

GÉNERO

La pertenencia a un género, como se ha expresado, aporta posibilidades y limitaciones en las prácticas religiosas de los iyalochas, babalochas y babalaos. Por lo general, los hombres y las mujeres pueden ser iyalochas y babalochas. Ambos están facultados para ser padrinos y madrinas, es decir, ser los padres religiosos de los que se inician, pueden realizar omieros, consultas con caracoles y con el coco, acheses, ebbó, mayubar, matar animales de plumas. Están aptos para recibir el cuchillo de Ogún, llamado también pinado, pero las mujeres no pueden usarlo en su función sacrificatoria, para matar animales de cuatro patas.

Sólo los hombres pueden convertirse en oriatés, italeros, babalaos, tocadores de tambores batá, matadores de animales de cuatro patas, osainistas. El ser apetebí es la única función particular de la mujer en la Regla de Ifá. Como bien se aprecia, hay categorías que excluyen completamente a la mujer de prácticas muy jerarquizantes y que brindan mucho prestigio a los que evidencian tener aché, talento para actuar en tales rituales.

En la reunión ya señalada en Santiago de Cuba, se evidenció la ausencia, al menos hasta ese momento entre las santeras cubanas, de un criterio enjuiciador de que la marginación de la mujer era el resultado de la existencia de una política machista, veladora y mantenedora de los privilegios y del poder de los hombres en la Regla de Osha.

Por supuesto, santeros y babalaos siempre han respondido ante tales acusaciones de forma negativa; han argumentado que simplemente se trata de un problema de tradición, de respeto a las costumbres establecidas, al riguroso cumplimiento de lo que se aconseja en los oddun, que son leyes o códigos que todo creyente, iniciado o no, debe cumplir.

La vida de los santeros está regida totalmente, o muy influida, por las normas de conducta que debe seguir, de acuerdo con el itá leído en el ritual que se efectúa una vez ya iniciado en la Regla de Osha el hombre o la mujer. La prohibición a las mujeres de hacer determinados rituales en sus períodos menstruantes se ha criticado por no pocas de ellas, como reflejan algunas de las entrevistadas por mí o algunas de las citadas por Daisy Rubiera.(4)

Pero no nos llevemos a engaños: la mayoría de las practicantes de la santería aceptan disciplinadamente la tradición heredada. Sin embargo, ya se pueden percibir cambios que apuntan en una dirección contraria, y que son acciones muy concretas, aunque no muy visibles por el momento.

En el texto de la investigadora Rubiera hay testimonios que son elocuentes y que demuestran que la realidad y las condiciones contextuales imponen, en primera y en última instancia, las medidas que como solución se han de tomar ante problemas imprevistos. En uno de ellos(5) se cuenta cómo se le presentó la menstruación a la informante estando ya en el trono, es decir, en el proceso de ser iniciada. Ella pensó que el ritual sería pospuesto, pero se realizó con la aquiescencia de su padrino y del oriaté que la debía iniciar.

Esa determinación llevó a la iniciada, de modo muy lógico, a no tener en cuenta su “período” para reverenciar a sus orishas. Ese hecho y otros que pueden estar ocurriendo a diario, en diferentes niveles de las prácticas santeras, son expresiones de la dialéctica, de los cambios que la vida impone sobre dogmas y tradiciones. No hay duda de que estamos viviendo tiempos de rompimientos, de grandes cambios en todos los aspectos y niveles de nuestra sociedad, enlazados de modo coherente a los que se operan a nivel mundial.

Sólo el futuro dirá cuales prevalecerán. La menstruación en la mujer tiene un origen punitivo, de acuerdo con uno de los oddun de Ifá narrados por babalaos y santeros. En dicho oddun, la curiosidad, considerada cómo algo innato en la mujer, es la causa de su eterno castigo. La protagonista del oddun, extrañada de que su marido, Ochosi, traía sin sangre los animales para comer, lo siguió cuando éste fue a cazar. Vio cómo, una vez terminada su faena, los llevaba a una choza en el monte y los dejaba allí. Se acercó entonces muy sigilosamente y vio como Olofi les chupaba la sangre. Pero fue descubierta y entonces el más poderoso de todos los orishas la condenó a expulsar cada mes sangre de su cuerpo.

Hurgando sobre ese asunto, el babalao Agustín Martínez(6) me dio una interpretación diferente. Considera que la mujer no debe acercarse a los orishas, ni oficiar durante ese período, porque la eliminación de impurezas que se está operando en ella, para poder concebir una criatura, al menos potencialmente, disminuye la energía positiva que emana de los otanes que simbolizan la fuerza de los orishas. Fuera de esos días, estima que no debe haber limitaciones. También relata que era una mujer la que conducía al cuarto de consagración al futuro babalao, pero que por prejuicios machistas, y la tradición surgida a partir de ese hecho, ya no se efectúa así.

También pueden hallarse afirmaciones, algunas avaladas por testimonios, que explican la liberación de la mujer de ese tabú, una vez que ha pasado la menopausia. Yrmino Valdés incluye, en el primer apéndice de su libro Diloggún, los nombres de los primeros oriatés famosos en Cuba, considerados grandes conocedores de las letras de los caracoles. De un total de catorce nombres, sólo cuatro son de hombres, porque parece indicar que en sus inicios predominaban las mujeres en la función de oriaté.(7) No puede dudarse de lo anterior, pero realmente no es frecuente encontrar santeras realizando prácticas que sólo su nueva condición les posibilita hacer.

Lo narrado por el babalao Agustín me hizo recordar un fragmento leído en la magnífica investigación sobre los abakuá, realizada por el profesor Ivor Miller.(8) En ese texto, Miller recoge un testimonio que relata cómo la participación de la mujer fue eliminada en los inicios fundacionales de la Sociedad Secreta Abakuá en Cuba. Detalla que cuando los primeros negros de nación carabalí decidieron fundar su sociedad o agrupación, como un modo de mantener vivas sus tradiciones, había una plaza que era desempeñada por una mujer, pero que los primeros negros criollos que la integraron decidieron eliminarla.

También el investigador Heriberto Feraudy Espino, en su importante libro Yoruba: un acercamiento a las raíces,(9) apunta, al comentar un texto de Abimbola(10) sobre Ifá en África, que hay algunas sacerdotisas, pero en número muy reducido. Pero no aclara si ese fenómeno se produce después de la menopausia.

Este relato, de ser cierto, evidencia, como el contado por el babalao Agustín, que la participación o no de la mujer en determinados rituales de las religiones africanas asentadas en Cuba ha estado sujeta a un proceso similar de desconstrucción y construcción de tradiciones. Proceso que se observa también hoy en diferentes niveles de las prácticas rituales afrocubanas. No pocos de ellos se han perdido, olvidados por no practicarse, y otros más recientes tratan de imponerse. ¿Por qué no pensar que la participación de la mujer en un futuro, largo o corto, será más visible en aquellos rituales de los que ha sido excluida tradicionalmente?

ORIENTACIÓN SEXUAL

El homosexual hombre tiene más espacios que la mujer homosexual en la Regla de Osha. Sin embargo, es discriminado para pasar a babalao, o para ser tocador de tambores batá, o para ser un verdadero osainista. La mujer homosexual, por su condición de mujer, sufre la marginación en importantes rituales, pero no, de manera tan directa, por su orientación sexual, aunque en el ámbito social también sufre de prejuicios, tal vez no tan abiertos como el homosexual hombre, pero no por eso menos dolorosos.

Me parece sumamente interesante la información que nos ofrece Rómulo Lachatañeré,(11) quien, al visitar una casa de santos, observó que las mujeres iniciadas en el culto a Obatalá eran lesbianas. Lydia Cabrera(12) en su ya clásico El monte, al referirse a la presencia de las lesbianas en la Regla de Osha, nos relata que ellas tenían como orisha a Inle,(13) al que sincretizaban con el San Rafael de la Iglesia Católica. Este santo se veneraba en la Iglesia del Ángel y, en particular, el 24 de octubre, fecha de su fiesta anual.

Cabrera destaca que dicha festividad era muy concurrida por los addodis y alacuattás (homosexuales masculinos y femeninos respectivamente). Subraya la presencia de la iyalocha llamada la Zumbao, como la capataza del santo, así como la existencia de una supuesta sociedad religiosa de alacuattás.(14)

No he encontrado otras referencias a lo apuntado por Lydia Cabrera, pero sería muy importante indagar por mayor información sobre esa sociedad. De haber existido, reflejaría aspectos notables, como la visibilidad de las lesbianas en la santería a un nivel tal que habrían tenido necesidad de organizarse. Me llama la atención que el año que Cabrera da como referencia es el de 1887. Justamente durante la década de los 80 del siglo XIX, circuló La Cebolla,(15) una publicación que se autoproclamaba órgano oficial de las meretrices de La Habana. Resulta interesante lo anterior para contextualizar la posibilidad de que la llamada organización de las lesbianas pudiera ser algo más creíble.

Una de mis testimoniantes me aseveró no haber escuchado en su niñez, ni en los cuentos de sus mayores, referencias a tal organización. Pero destacó que en la fecha señalada, las lesbianas, santeras o no, se colocaban una cinta en la cabeza. Ese detalle les permitía identificarse entre ellas. También me habló de la existencia de cabildos, según las historias oídas, dedicados a un santo.(16) Pudiera ser que la existencia de una casa en particular, donde se adorara a San Rafael, fuera frecuentada por muchas devotas de ese santo, y se mostrara la imagen de tal templo popular como la sede de una posible organización religiosa de mujeres lesbianas.

Mis investigaciones de terreno señalan que casi todos los santeros y babalaos expresan que no hay un oddun específico que explique, de igual modo que el origen de la mestruación, la causa de la homosexualidad, pero se argumenta que en el oddun Offun Obbe(17) nace la homosexualidad. En él se narra una historia en la cual Oyá maldice a una mujer, pronosticándole que su hijo será un addodi, homosexual. Hay quienes aseguran que la homosexualidad se crea en Oddi Meyi,(18) pues en este oddun surgen todos los aspectos que pueden apartar de una vida correcta a los hombres y mujeres. Los que tienen esta letra en su Itá deben no tener contacto con manifestaciones y vicios que puedan dominarlos y sumirlos en costumbres y hábitos dañinos, como ser alcohólico, drogadicto, ladrón.

A los que se inician o se consultan y les sale este oddun, se les aconseja apartarse de los homosexuales, para evitar las influencias que ellos pueden ejercer en sus vidas, sobre todo a aquellos propensos a la homosexualidad, conscientes o no. En no todas las fuentes testimoniales publicadas se reproduce el texto de la letra con amplitud y claridad. En uno de ellos, con un gran nivel de síntesis, se expresa que: Oddi Meyi, formación del género, las nalgas y la vagina de la mujer. Oddun femenino. Nacen los órganos femeninos, la célula, el color negro y el rojo. Los colores abigarrados para las mujeres, el mar. El vicio del sexo oral y la malicia. Los granos.

Nace el Ariku Bamboyú. Los muñecos, hablan los monos; es la resistencia en persona; es hija de Orumbila y Oloborá. Aquí se estableció el principio de la monarquía. En ella se practica el espiritismo; habla de perversión; la persona quien marca este oddun está predispuesta al homosexualismo y los varones igual. La muerte llega por un viejo que aparecerá al oscurecer. Señala la prisión, la caridad pública, la autoridad, la jefatura, las comidas. Mujeres jóvenes embarazadas. El poder(19).

En Des Dieux et des Signes, Erwan Dianteill(20) plantea también que los heterosexuales practicantes deben apartarse de los homosexuales. No fundamenta tal acción con el oddun citado, sino a partir de su reflexión sobre la feminización de la santería y del espiritismo cubanos, como resultado de la compleja estructura religiosa afrocubana. Enfatiza que en la medida en que hay religiones reservadas ritualmente a los hombres, las otras tienden a la feminización. Afirma que un hombre que se mantenga en la santería o en el espiritismo corre el riesgo de ser asimilado al grupo de los homosexuales, los que no tienen acceso al culto de Ifá y al Palo Monte. Subraya la significación de la pertenencia a Ifá y al Palo Monte como un sello de heterosexualidad, de masculinidad, aspecto muy importante, según él, en un país donde el machismo tiene un valor dominante.

Me llama la atención que no incluya en este rango a los abakuás, que también son practicantes de un culto donde la masculinidad es el factor principal. Concluye su idea con el criterio de que: “la santería está afeminada porque existe un grupo complementario exclusivamente masculino”.(21)

Dianteill hace algunas consideraciones relacionadas con las parejas homosexuales, y adopta una posición muy dogmática para calificar al que hace de activo y al que hace de pasivo. Es muy confusa la parte final de su enjuiciamiento: “El que asume el rol masculino en la relación sexual es llamado bugarrón, no tiene ninguna afiliación particular en la santería”. ¿Quiere decir que aunque haga el papel de hombre sigue considerado homosexual?(22)

Asimismo, emite una valoración, que me parece muy controversial, y que obviamente evidencia que analiza estas relaciones desde una posición externa. De modo categórico asegura que los hombres homosexuales, que son muy afeminados y no bugarrones, pueden encontrar en la santería una actividad religiosa en la cual asumir sus preferencias femeninas. La realidad evidencia la dialéctica de esos roles, y que el mayor o menor amaneramiento no es señal obligatoria de la preferencia de una función pasiva o activa. Tampoco el adoptar la posición de activo libera al homosexual del estigma para desempeñarse como babalao.

No son pocos los homosexuales que se identifican plenamente con Shangó. Lydia Cabrera(23) cuenta la relación de un famoso addodi con el orisha más mujeriego de la Regla de Osha. Sin embargo, la tendencia popular que vincula a este orisha con los homosexuales está dada por la existencia de una historia que narra como Oyá le prestó su ropa a Shangó para evitar una batalla con Ogún. El travestismo momentáneo de Shangó lo hace atrayente a los homosexuales. En su texto, Dianteill narra una versión de tal historia contada a él por un omogún. Realmente, era una versión que estaba en función de una obra literaria, de una ficción. En esa versión, no surgida de la imaginería popular, al vestirse de mujer, Shangó se sintió bien y realizó el acto sexual con Ogún.(24)

El propio autor, al conversar con otro omogún y un omoshangó, se convenció de lo inadecuado de tal propuesta. De eso hace ya más de treinta años y el relato final que aparece en la novela, aún no publicada, respeta la historia tal como se reproduce en la versión original y se mantiene en el conocimiento de todos los santeros.(25)

Hace ya algún tiempo tuve la oportunidad de leer un tratado vinculado con el oddun Ogundaketé, en el cual se describe lo que debe hacerse para que un homosexual abandone sus prácticas sexuales.(26) Llama la atención que este ritual no haya sido utilizado con esa finalidad por padres santeros con hijos que presentan esa orientación sexual, ni recomendado por los babalaos con ese fin. A muchos de los entrevistados para esta pesquisa les he formulado esa pregunta y no he obtenido una respuesta lógica.

En Ogundaketé, uno de los oddun de Ifá, se narra que Yemayá se enamoró locamente de un joven homosexual que no le prestaba atención a sus requerimientos, pero ante la insistencia de ella, el joven le puso como condición que convenciera a Orula para que él fuera iniciado como babalao. Después de muchos ruegos, Orula accedió. Se le hizo un ritual que, metafóricamente, implicaba cerrar la vía sexual clásica de los homosexuales, ya que el joven tenía que abandonar sus prácticas homosexuales. Sin embargo, él no cumplió los caprichos de Yemayá. Una vez convertido en babalao, se negó a hacer el amor con ella, porque hacerlo era traicionar a Orula, puesto que Yemayá era su mujer. Como venganza, Yemayá comenzó a difamar de la hombría del joven. Una versión diferente de la relación de Yemayá con los homosexuales se halla en el ya citado El monte. Uno de los informantes de Lydia Cabrera le narró que Yemayá se enamoró y vivió con uno de ellos. Que eso ocurrió en el país Addo, donde todos los habitantes eran mitad hombres, mitad mujer. Yemayá los protegía porque Addo era tierra suya.

Esta historia explicaría la cantidad de homosexuales vinculados con Yemayá y con Oshún. Con esta última se ha de tener en cuenta sus peculiaridades más populares, su feminidad, su culto al amor.(27)

También El monte nos relata que los orishas masculinos, Shangó, Ogún, Eleggua, Ochosí, Orula y Obatalá, no ven con buenos ojos a los addodis, homosexuales en lengua yorubá,(28) como ya se ha dicho. Pero es muy significativo que, a pesar de la marginación que sufren los hombres homosexuales, en determinados niveles del Culto a los Orishas tienen un gran espacio, y en la Regla de Ifá, de tantos valores machistas, se les concede la mano de Orula.

Lo anterior se fundamenta en un patakí que nos habla de cómo, en cierta ocasión, Orula fue atacado por sus enemigos y lanzado medio muerto a un río. Pudo asirse a un tronco que flotaba y, sin conocimiento, fue rescatado de las aguas por unos hombres y llevado a una isla donde sólo vivían hombres que convivían sexualmente entre ellos. Orula fue respetado, curado. En virtud de esta buena acción, Orula decidió demostrar su agradecimiento, otorgándoles su ildé para no dejarlos desamparados ante los peligros y la muerte.(29)

Otro aspecto vital para los creyentes es la pertenencia a un orisha femenino o masculino. Obviamente, no significa que los hombres actúen y vivan de una forma contraria a su género y a la sexualidad inherente a él, pero en el saludo, por ejemplo, el hombre debe hacerlo como se saludan a las orishas hembras, ladeándose a la izquierda y a la derecha, una vez que están tirados a la larga sobre la estera, alfombra de pajilla que se usa para dormir y sentarse los iyawos durante el ritual de iniciación. Algo similar ocurre cuando un orisha monta un caballo, es decir, cuando la energía espiritual de Shangó o de Yemayá o de cualquier otro orisha baja y posee a uno de sus hijos, y habla a través de ellos, sus caballos en la tierra. Un hombre montado con un orisha masculino no ha de presentar grandes problemas en la asunción de esa energía. Tampoco una mujer cuando es poseída por la energía de una orisha, pero cuando el género del orisha es el contrario del caballo podría haber una contradicción, aunque no pocos argumentan la ausencia de esa posible contradicción, puesto que la energía posee a la persona y la hace actuar como lo que esa energía está representando.

Sin embargo, el análisis de los casos estudiados refleja una tendencia interesante: las mujeres, sin ser propiamente lesbianas, asumen las energías de los orishas masculinos, y también de forma coherente las personalidades de las orishas femeninas, acentuando las características propias de cada una de ellas. Los hombres montados con las energías de los orishas masculinos acentúan la masculinidad de los orishas que hablan a través de ellos, no importa si son homosexuales. Desde hace algún tiempo comencé a frecuentar fiestas de santos, y nunca he visto, en los últimos años, a un hombre denominado heterosexual montado con un orisha femenino, a pesar de que la tradición oral sí recoge tales casos. La homosexualidad es aceptada como un hecho objetivo en las prácticas de las versiones del Culto a los Orishas en Cuba, en los Estados Unidos y en Brasil, pues también en el candomblé, nombre que toma en ese país, se visualiza la participación extraordinaria de los homosexuales, tanto masculinos como femeninos, pero los primeros parecen ser también mayoritarios.

Esta aceptación puede estar dada desde el punto de vista religioso por los oddun ya señalados, la probable existencia de otros, o de la propia historia de los pueblos yorubás, como se expresa en el título, limitado a las prácticas religiosas en Oyo, Sex and the Empire Is No More, de James Lorand Matory,(30) También se ha dicho en escritos cubanos y extranjeros, no siempre relacionados con los homosexuales, que no pocos van a la santería u otras religiones de origen afrocubano como un modo de realización social y personal, pues llegan a ocupar puestos notables en la práctica de dichas creencias personas que no hubieran podido lograr en otras actividades sociales.

Son numerosos los babalochas, iyalochas y los oddi, homosexuales santeros, que han alcanzado amplio reconocimiento, prestigio y que se sienten respetados y admirados por los creyentes. En el caso particular de los homosexuales, en algunos textos se argumenta que su participación se debe, fundamentalmente, a que en las prácticas religiosas pueden asumir su feminidad de modo abierto, sobre todo cuando son hijos de orishas mujeres (como lo dice el ya mencionado Dianteill,(31) entre otros(32).

Una revisión general de algunas de las ideas lanzadas para el debate refleja que todavía queda mucha investigación de terreno por realizar y no poca bibliografía por consultar. Evidentemente, la santería y el candomblé son creencias y prácticas religiosas muy abiertas, integradoras y participativas para hombres y mujeres, homosexuales y heterosexuales, pertenecientes a todas las razas, a todas las clases sociales, portadores de culturas y lenguas provenientes de muy diversas latitudes, practiquen o no otras creencias. En virtud del incremento y expansión de la lucha de los homosexuales por sus derechos, no es difícil predecir que ello influirá sobre la que, de modo silencioso, al menos por ahora, se libra en el seno de la religiosidad afrocubana por parte de las mujeres, principalmente, y también por los homosexuales hombres.

Las iglesias cristianas, en su mayoría, siguen condenando a la homosexualidad. Ya se ha visto, aunque sea panorámicamente, como en el Culto a los Orishas el homosexual tiene más espacio pero, a la vez, y sobre todo al hombre, se le impide la realización de determinados rituales, y en los oddun de Ifá y del diloggun se le sigue considerando como algo no del todo aceptable. Por eso el interés cada vez más generalizado en discutir estos aspectos.

La solución no está en la simple y errónea tolerancia, sino en la sabia y justa comprensión de que los tiempos han cambiado y de que todo el presente es el resultado de una construcción machista y discriminadora de la mujer y del homosexual por razones de poder. El camino a recorrer en esta lucha es largo y difícil, pero está iniciado, el debate está abierto, sobre todo a partir de las iniciaciones que ya se han hecho en Cuba de mujeres como iyaonifá.(33)

Evidentemente, los criterios ante ese hecho son muy diversos, pues la práctica cubana, en su gran mayoría, es renuente a ese y otros cambios. En casi todas las religiones se han producido movimientos ortodoxos. La santería, el Culto a los Orishas, ha estado sufriendo de ese proceso desde hace ya tiempo, pero llama la atención que cobra fuerza justamente cuando se intenta dar un mayor espacio activo y jerárquico a la mujer dentro de la Regla de Ifá.(34)

Debemos analizar los fenómenos que ocurren en la santería con un sentido dialéctico y, por lo tanto, reconocer la coexistencia de formas diferentes de practicar la religiosidad santera. Es un proceso que parece ser irreversible, independientemente de que simpaticemos o no con él.

NOTAS AL PIE

(1) Participaron los babalaos Lázaro Vidal, Agustín Martínez, Ángela Jorge, santera, entre otras, y no practicantes, pero investigadores del tema, Aníbal Argüelles, Daisy Rubiera.
(2) Ian Lumsden: Machos, maricones and gays. Cuba and homosexuality, Philadelphia: Temple Press University, 1996.
(3) Tomás Fernández Robaina: “Cuban Sexual values and African Religious Beliefs”, en Ian Lumsden, ob. cit., p. 205-208.
(4) Daisy Rubiera: “La mujer en la Regla de Osha. Una mirada de género”, Revolución y Cultura (2-3): 72-73; marzo-junio de 1999.
(5) Ibídem.
(6) Entrevista con el babalao Agustín Martínez el 18 de octubre del 2003, en Natalia Bolívar Aróstegui: Ifa: su historia en Cuba, Ed. Unión, 1996, ver p. 49, 51.
(7) Yrmino Valdés Garriz: Diloggún, Ed. Unión, 1997.
(8) Tuve acceso al original. De ahí tomé las notas que he incorporado a este texto. Considero que es uno de las investigaciones más abarcadoras realizadas durante el período revolucionario. Será uno de los libros de más consulta cuando se publique. Evidencia la importancia de la obra de Lydia Cabrera, la que actualiza de manera obvia.
(9) Heriberto Feraudy Espino: Yoruba: un acercamiento a las raíces, La Habana: Ed. Política, 1993.
(10) Ibídem., p. 139.
(11) El sistema religioso de los afrocubanos, selección, notas y prefacio de Isaac Barreal, La Habana: Ed. de Ciencias Sociales, 1992.
(12) Lydia Cabrera: El monte Igbo-Finda. Ewe Orisha. Vititi Nfinda: Notas sobre las religiones, la magia, las supersticiones y el folklore de los negros criollos y del pueblo de Cuba, Miami: Ediciones del Chicherekú, 1971, p. 56.
(13) Ob. cit., p. 56-58.
(14) Ibidem.
(15) La Cebolla, órgano periodístico que circuló en La Habana en 1885. Se consideró por algún tiempo como el resultado de la organización de las meretrices de ciudad de La Habana, pero realmente fue la forma que adoptó su director para satirizar el gobierno de la época.
(16) Entrevista a Hilda Díaz, una de las consultantes para este trabajo, el 30 de octubre del 2003.
(17) También hay otras historias relacionadas con Offun que hablan de cómo surgió la maldición.
(18) Nicolás Angarica: “El Lucumí al alcance de todos”, en Estudios Afrocubanos. Selección de lecturas, selección y compilación de Lázara Menéndez, La Habana: Universidad de la Habana, Facultad de Artes y Letras, 1998, t. 4, p. 3-128. En las páginas 69-70, 77 se explica la letra Oddi. También en las libretas y manuales de sanwría pueden encontrarse definiciones de dicha Oddi, al igual que en los textos donde se recopilan los odduns de Ifá desde muy diversos niveles, en cuanto a que en unos aparecen más ampliados, con más historias, mientras que en otros aparecen sintetizados. En el tomo tres de la obra citada se incluyen las libretas de saterí de la iylocha María Antonia Fines y del babalocha Jesús Torregosa.
(19) “Oddi”, en Natalia Bolívar Aróstegui: Opolopo Owo, La Habana: Ed. de Ciencias Sociales, 1994, p.74-76. Ver también, de Natalia Bolívar Aróstegui: Ifá: Su historia en Cuba, Ed. Unión, 1996. Odduns relacionados específicamente con la homosexualidad: Oddi Meyi, p.21; Oddi broso, p.49; Oddi Ka, y Oddi Otura, p. 5.
(20) Erwan Dianteill: Des Dieux et des Signes, Paris, Éditions de l´École des Hautes Études en Sciencies Sociales, 2000.
(21) Ob. cit., p. 75.
(22) Ob. cit., p. 95.
(23) Lydia Cabrera: ob. cit., p.57.
(24) Erwan Dianteill: ob. cit., p.96-97.
(25) Tuve la suerte de entrevistar al autor y me narró lo expresado. Pienso que la versión es muy interesante pero no cabe duda de que el tratamiento del mito es muy irreverente.
(26) El babalao Agustín Martínez me facilitó dicho escrito, del cual hice una copia.
(27) Lydia Cabrera: ob. cit., p.56.
(28) Ídem.
(29) Historia contada por el babalao Agustín Martínez (ver nota 9). Consultar también: Tomás Fernández Robaina: Hablen paleros y santeros, La Habana: Ed. de Ciencias Sociales, 1994, p.43-45; Natalia Bolívar Aróstegui: Opolopo Owo, La Habana: Ed. de Ciencias Sociales, 1993, p. 103-166.
(30) James Lorand Matory: Sex and the Empire Is No More: Gender and the Politics of Metaphor in Oyo Yoruba Religion, Minneapolis: University of Minneapolis Press, 1994.
(31) Erwand Dianteill: ob. cit., p. 95-99.
(32) Peter Fly: “Male Homosexuality and Afrobrasilian Possession Cults”, en Male Homosexuality in Central and South America, Ed. Stephen O. Murray, San Francisco, MYC: Institute Obregon/Guy-NY, 1987, p. 65-91.
(33) A pesar de que ello no significa que sean babalaos, pues no pueden iniciar a los que deseen convertirse en babalaos.
(34) Ver los documentos emitidos por la Sociedad Cultural Yorubá de Cuba, relacionados con el Consejo Nacional de Sacerdotes de Ifá, y el Consejo de Sacerdotes Mayores Obases de la República de Cuba, y los boletines 1, 2 y 3, emitidos por la casa templo Ifá Iranlowó, así como el documento repartido en conferencia de prensa por Víctor Betancourt.


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sábado, noviembre 01, 2008

ENRIQUE CIRULES, SUS LIBROS Y EL GENERAL FULGENCIO BATISTA

Por Lázaro David Najarro Pujol
Tomado del sitio web de la UNEAC

Conocí a Enrique Cirules (Nuevitas, 1938) hace más de 30 años, cuando a diario solía recorrer las antiguas plazas y parques del Camagüey, o participaba en tertulias literarias. En esa etapa el escritor se encontraba escribiendo relatos de pescadores y tortugueros.

Luego, en varias ocasiones, salimos a navegar por los laberintos de las Doce Leguas, en el archipiélago Jardines de la Reina. Navegábamos a través de cayos y pequeñas isletas en busca de vivencias, anécdotas e informaciones para su libro Los guardafronteras.

Cirules es ahora autor de varias novelas, ensayos, testimonios y cuentos; y algunos libros suyos han alcanzando gran prestigio internacional.

Disímiles temas se reflejan en su amplia obra literaria. Ha escrito sobre el mar, el amor, la guerra y también de los campesinos norteamericanos que fundaron las villas del norte de Camagüey; además de tratar de una manera muy aguda la presencia de la mafia norteamericana en Cuba.

Algunos lectores aseguran que Conversación con el último norteamericano es su mejor libro.

No niego que haya tratado con fascinación a ciertos personajes de La Gloria City; pero quizás eso se debió a que este tema no estaba incorporado a la literatura cubana. Fue algo sorprendente encontrarme en aquellas comunidades, con personajes de un gran vigor, de mucha ternura; seres que fueron capaces de crear verdaderas leyendas, espacios para el mito, y eso siempre resulta muy edificante para un escritor; pero considero que el mejor libro de un escritor es el que está por escribirse.

Usted se ha dedicado también a escribir historias de guardafronteras; se ha ocupado del ensayo, del análisis histórico, y ha abordado aspectos desconocidos o poco estudiados en la obra y la vida de Hemingway. ¿Es por eso que algunos se atreven a afirmar que tiene usted más de historiador que de novelista.

No soy un historiador. En lo absoluto, aunque no hay que olvidar que toda novela acontece en determinado medio histórico. Me fascinan las posibilidades que ofrece la novela. Lo que ocurre es que en ocasiones he abordado temas desconocidos en la literatura cubana; hasta cierto punto yo diría que temas insólitos en la cultura cubana, y para ello he tenido que buscar respuestas en el análisis histórico, y soluciones para sus estructuras formales. Respuestas que no estaban lo suficientemente argumentadas hasta entonces.

¿Algo así ocurrió con los libros sobre la mafia?

En alguna medida, sí. De inicio, lo que yo pensaba escribir era una novela; pero en el proceso de la investigación fue fantástico lo que comenzó a aparecer, y comprendí que la novela no era el instrumento adecuado. Antes de publicarse El imperio de La Habana no se había escrito ni una sola línea sobre la presencia de la mafia en Cuba.

Está por aparecer en Letras Cubanas un nuevo libro suyo: Santa Clara Santa ¿Historia real o ficción?

Se trata de una novela, con más de 50 personajes y cuatro líneas narrativas. Sólo eso.

Hay otras novelas: digo La saga de La Gloria City, digo Bluefields, tal vez Extraña lluvia en la tormenta, de las que es difícil encontrar un solo ejemplar.

Las ediciones de esas novelas fueron pequeñas, entre cinco mil y diez mil ejemplares; aunque Bluefields se publicó también en Brasil, y La saga de La Gloria City circuló en Estados Unidos, a cargo de la editorial Vitral.

Entre sus libros de cuentos: Los perseguidos, La otra guerra, Luces sobre el canal, ¿por qué tantos relatos de pescadores, tortugueros y navegantes?

Es que nací en una encantadora comarca marina, muy cerca de la cayería de Romano, con parajes que conservan o conservaban una fabulosa memoria colectiva; y a muchos de estos personajes tuve el privilegio de conocerlos.

Siendo usted novelista ¿cómo se explica que en alguna de sus conferencias: en Casa de las Américas o en el Centro Dulce María Loynaz, hiciera tanto énfasis en personajes reales, digamos Aureliano Sánchez Arango, Orestes Ferrara o Fulgencio Batista?

Se trata de personajes que oscurecieron la compleja historia cubana, y que no han sido lo suficientemente estudiados. Recuerdo que en varias ocasiones Moreno Fraginals me incitó para que escribiera una novela con las historias de Julio Lobo que él me había contado. Eran historias muy sustanciosas, no conocidas, de un personaje poseedor de una textura muy especial; y personajes de esa naturaleza, resultan siempre muy cautivantes; pero nunca me he decidido a escribir esa novela.

Por su parte, Batista fue la mayor cabeza visible de toda una época. Fue el hombre que, desde el poder aparente, ayudó a crear uno de los mayores imperios mafiosos del siglo XX.

Sin embargo, actualmente hay intentos por presentarlo como un gran antifascista.

Esa es una tarea muy difícil, a pesar de todo el dinero que puedan invertir en ese proyecto. Batista robó de Cuba más de 600 millones, y dejó una gran estela de sangre. Pueden reunir a los más ilustres magos del universo, y no podrán reivindicar su personalidad. Aunque es poco probable que puedan encontrar magos que acepten una tarea tan indigna.

De cualquier modo, una mentira sobre otra mentira podría llegar a confundir a alguna gente.

No en este caso. Las confusiones resultan ser pasajeras, y la opinión pública internacional no se caracteriza por ser tonta ni por estar dominada por la imbecilidad. Además, la dictadura de Batista en Cuba no fue un hecho aislado, fue una dictadura que cubrió toda una época, y que estuvo acompañada de numerosos dictadores. Fue una estrategia, una política concebida para América Latina y el Caribe: Somoza, en Nicaragua; Duvalier, en Haití; Rojas Pinilla, en Colombia; Pérez Jiménez, en Venezuela; Trujillo, en República Dominicana; Stroessner, en Paraguay, y después Videla, en Argentina; Ernesto Geisel, en Brasil, y Pinochet, en Chile, entre otros. Una excelente camada de dictadores asesinos, y cualquier intento por borrar esa historia está condenado al fracaso.

En los últimos tiempos yo he estado enfrascado en la escritura de un fascinante libro sobre La Gloria City. Se trata de un personaje femenino que residió en el valle de Cubitas durante más de 20 años. Un personaje verdaderamente fabuloso, que fue capaz de crear una gran leyenda. Se trata de las míticas historias de missis Emily Blackwell, y no he tenido mucho tiempo para estar al tanto de los diversos mecanismos de la prensa; pero en todo caso lo que van a lograr es que se abra de nuevo a debate la presencia del general Batista en Cuba.

¿Participaría en ese debate?

Hace más de 15 años yo estuve trabajando en un proyecto de libro sobre el golpe de estado de 1952. Lo hice, lo tengo; y si el tema adquiere actualidad, mis libros estarán presentes.

¿Qué pudiera ocurrir entonces?

En primer lugar, cualquier nuevo debate alrededor del general Batista será de mucho interés para la opinión pública norteamericana. Batista arrastra una historia muy turbia; y cualquiera que sea la intención, el tema Batista pondrá de relieve, ahora con más fuerza que nunca, la presencia de los torturadores, asesinos, mafiosos, delincuentes y políticos corruptos que fueron acogidos masivamente en Estados Unidos, mucho antes de que Fidel Castro hablara una sola palabra de socialismo.

¿Cree entonces que todo este asunto se haría más revelador?

Sin dudas. La gente se va a preguntar cómo fue posible que de simple sargento taquígrafo, en apenas siete años, llegara a convertirse en general-presidente. Se pondrán de relieve las persecuciones, torturas y asesinatos de toda una época. Saldrán a relucir, con lujo de detalles, sus actividades prostibularias, la usurpación del movimiento del 4 de septiembre de 1933; y sobre todo, los arreglos que realizó con la mafia norteamericana para la apertura de cadenas de casinos, prostíbulos y canales de la droga.

No sólo en los años 30. Los vientos huracanados alcanzarán muchos rescoldos que han permanecido ocultos, como fueron las operaciones encubiertas organizadas por los servicios especiales, para que Batista pudiera manipular los acontecimientos de la II Guerra Mundial; y sino, cómo se explica que ya para 1940 el general-presidente hubiera podido convertir a Cuba en el centro internacional más activo para el tráfico de drogas. A Cuba, por entonces, según estadísticas oficiales de instituciones internacionales, le correspondía el Primer Lugar Mundial en el tráfico de drogas. De Cuba fluía a torrentes la droga que se consumía en Estados Unidos.

¿Hasta la II Guerra Mundial?

Y más allá. Hasta 1958. La opinión pública internacional va a mostrar mucho interés en conocer cómo fue que se llevaron a cabo las operaciones para el pase político al Partido Auténtico, en 1944; y las maniobras de Fulgencio Batista y Meyer Lansky con el fin de que el autenticismo implantara en Cuba un temprano macartismo tropical, con decenas y decenas de bandas armadas que, desde posiciones oficiales, convirtieron las calles de La Habana en verdaderas batallas campales, mientras Lansky perfilaba los arreglos para la apertura de Las Vegas, y, desde su refugio temporal en Daytona Beach, continuaba manipulando la política cubana.

Eso es algo que ya usted trata en El imperio de La Habana; pero con la publicación de La vida secreta de Meyer Lansky, uno tiene la impresión de que estamos ante uno de los más grandes proyectos de corrupción del siglo pasado.

La vida secreta de Meyer Lansky es un libro delicioso. Es uno de los más reveladores testimonios de esa época. Libro de memoria de quien fuera chofer guardaespaldas del jefe del clan mafioso Habana-Las Vegas durante 1957-1958. Es una fiel y fascinante reconstrucción de una Habana de época. Por vez primera se logró reconstruir pasajes de la vida del más importante, invisible y astuto personaje del hampa norteamericana, con sus pasiones, sus amores, sus nostalgias y métodos de actuar, en medio de circunstancias muy especiales, en que se estaba decidiendo el devenir de la mafia en Estados Unidos.

Pero volvamos a Batista…

Bueno, qué más pudiera yo agregar: todo lo que este asunto sobre Batista puede revolver, incluyendo las operaciones encubiertas para el golpe de estado de 1952; y sobre todo, el gran proyecto dirigido a convertir a la esplendorosa Habana en el más increíble sitio para que proliferara la mezquindad, el despojo y la corrupción de la sociedad norteamericana. Y eso es algo que el pueblo norteamericano nunca le va a perdonar.

Enrique Cirules continúa con sus proyectos literarios, proyectos que ya están muy avanzados y de los que trataremos en otra entrevista con el autor de Conversación con el último norteamericano, no el mejor libro del escritor, porque según sus propias palabras "el mejor libro de un escritor es el que está por escribirse".

sábado, septiembre 27, 2008

ROBERTO FABELO: ENTRE EL ESPANTO Y LA TERNURA

Se le pregunta con frecuencia si esos seres extraños y deformes que salen de sus manos lo dejan dormir tranquilo.

Por Ciro Bianchi Ross*
Tomado del sitio web de la UNEAC

Reconoce tener una relación clarísima con Goya. El gordo de su dibujo es una metáfora que le permite aludir a los excesos. Su crítica es siempre metafórica, de ironías sutiles. Hoy su obra forma parte de los fondos de importantes museos nacionales y extranjeros y su pintura ha sido muy bien cotizada en subastas internacionales, como la de Sotherby’s. Aun así tiene la sensación de que todavía está empezando.

TEXTO:

Roberto Fabelo vive y pinta entre el espanto y la ternura. Son las señales que le envía la vida desde rincones sombríos y luminosos. En las paredes de uno de los baños de la casa de su amigo el cantautor Pablo Milanés ha dibujado en secreto muchos ángeles y demonios. Reconoce tener una relación clarísima con Goya, en especial con sus pinturas negras, y también con la cubana Antonia Eiriz que legó en su arte y en su labor docente una visión muy cuestionadora de la vida.

Se le pregunta con frecuencia si esos seres extraños y deformes que salen de sus manos lo dejan dormir tranquilo. Consigue un sueño plácido, en efecto, porque dibujar es para él una forma de drenar y no es precisamente de los sueños de donde emergen sus personajes, sino de una realidad que metamorfosea, modifica, interpreta, entrecruza con experiencias y vivencias. Si dibuja a un gordo no es para burlarse de su gordura.

El gordo de su dibujo es una metáfora que le permite aludir a los excesos. Su crítica es siempre metafórica, de ironías sutiles. Es un mirón. Observa a su alrededor y dibuja siempre. Y en busca de las verdades del hombre plasma en su obra una visión respetuosa, pero también divertida, de todo y de todos, de nuestra idiosincrasia, del desbordamiento y exageración de nuestras vidas, nuestras ilusiones, nuestras fantasías. No siempre logra Fabelo explicarse todo lo que dibuja y por qué lo hace. Por eso, mientras más pinta y dibuja, menos habla.

José Roberto Fabelo Pérez nació en Guáimaro, localidad de la provincia de Camagüey, en la porción oriental de la Isla, el 28 de enero de 1950. Ve la fecha de su natalicio como una feliz coincidencia. Un día como ese (de 1853) nació José Martí, Apóstol de la Independencia de Cuba, y eso lo vinculó de manera muy particular a lo martiano, sin contar que sus padres le inculcaron la decencia, el respeto y la solidaridad por los demás. “Todo eso influyó en mi formación”, reconoce y recuerda que desde niño le gustó pintar. Dibujaba en todas partes, las paredes, los pizarrones, las aceras y la gente se reunía para ver lo que hacía. Al mismo tiempo transformaba en animalitos cuanto material caía en sus manos, la arcilla, la cera de los panales de miel, la madera. Asevera: “De ahí nace mi interés por modelar”.

Afirma que nunca ha dejado de ser niño. Cree que esa condición, que insiste en proteger y mantener incólume, se palpa en su obra “juguetona” gracias a elementos muy obvios y a veces subyacentes, o en las ideas y recurrencias.

Ya en La Habana, Fabelo realizó estudios de Pintura en la Escuela Nacional de Arte y en 1981 se graduó en el Instituto Superior de Arte. Hoy su obra forma parte de los fondos de importantes museos nacionales y extranjeros y su pintura ha sido muy bien cotizada en subastas internacionales, como la de Sotherby’s. Aun así tiene la sensación de que todavía está empezando.

Se define como un hombre cauteloso que a veces se arriesga demasiado y pone toda la energía posible en sus ataques de audacia. Pinta o dibuja sobre cualquier superficie y es capaz de transformar en obra de arte el objeto más inverosímil. Los 58 años vividos le parecen solo un instante en el que sin embargo pasaron millones de cosas, buenas y malas, como la muerte de su padre y de uno de sus hijos. Tiene otros dos y una mujer a la que define como “una energía de mil soles”. La familia le permite volcarse en su trabajo artístico y compensa pérdidas o carencias ya irremediables. Ha cambiado 25 veces de casa y su plato preferido es la crema de calabaza que elabora según una receta personal. Gusta de los boleros y se le ha visto cantándolos a dúo con el español Joaquín Sabina por la Quinta Avenida de La Habana.

*El autor es periodista y escritor cubano.