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sábado, julio 21, 2007

Guanajay con mucha alma

Por Miguel Terry Valdespino (El Habanero)

Guanajay es mucho más que una ciudad de puentes, un sorbo de poesía y la cuna de Carlos Baliño y María Teresa Vera, y mucho más que un par de bellos teatros aguardando por mejores tiempos.

No ocupa este municipio el gran espacio de otros territorios, pero es "un pueblo orgulloso de sus tradiciones y su acervo cultural, con sólido sentido de pertenencia, (...) ha sabido vivir cada época enfrentando sus retos y resolviendo con dignidad los conflictos", según lo ve con mucho tino la historiadora local Rebeca Figueredo Valdés.

No sé qué encanto tienes, pueblo mío, / que embelesas a todo el que se asoma; / no sé si es la gracia de tu loma, / o el murmullo infinito de tu río, dice la letra enamorada de Américo Navarro en su bello Himno a Guanajay, compuesto en 1950, en homenaje al tricentenario de La Atenas de Occidente.

En tiempo ya muy pasado, don Cirilo Villaverde describió su entorno como una creación casi divina, mientras puertas adentro iba creciendo un pueblo "legendario, combativo, con ansias renovadas de progreso y anhelos permanentes de cultura": más de 140 publicaciones en toda la vida del periodismo guanajayense, 122 ingenios y 295 cafetales en 1817, según el cómputo realizado por el insigne Barón Alejandro de Humboldt en ese mismo año, un temprano ferrocarril llegado al pueblo en 1849,...

Pero no solo en la prosperidad económica, también en la prosperidad del alma y la vergüenza, ha sido grande este municipio: corajudo desde las huestes sumadas a Gómez y Maceo durante la invasión, hasta ese hombre inolvidable llamado Emilio Laureen y García, coronel del Ejército Mambí e integrante de aquel grupo de valientes que rescataron los cadáveres del General Antonio y Panchito.

Una estirpe que más tarde se reproduciría en seis valientes asaltantes al Moncada, cuatro expedicionarios del Granma y cinco atacantes a Palacio; una estirpe que aportó sustancialmente a la Campaña de Alfabetización, la Lucha Contra Bandidos, los combates de Playa Girón, la limpia del Escambray, las misiones internacionalistas,...

Cada pueblo defiende su pequeña o grande Historia, porque en ello radica su supervivencia. Cada mito, cada esquina, cada rincón humilde, cada fábrica, cada hombre... se transforman en materia imprescindible y hermosa para hacer la vida. Guanajay sigue dando muestras de que a cada piedra se le puede despertar el alma.

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