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martes, diciembre 11, 2007

Cristina Hoyos: La reina del tablao

Por José Luis Estrada Betancourt (Juventud Rebelde)
Foto: Frankin Reyes

La bailaora llegó a Cuba para recoger el premio del Gran Teatro de La Habana (2003) y presentar su espectáculo Viaje al Sur


Cristina Hoyos es el flamenco hecho mujer. Cuando la reina del tablao se adueña del escenario, es como si escaseara el aire, como si con el movimiento sublime de sus gráciles brazos y bata de cola, y con su taconeo elegante, fuerte, preciso, vital, desatara huracanes. Cristina, la misma que un día soñara con ser artista, hoy es una leyenda de la danza, del arte mundial. Pero ahora la Hoyos se encuentra en Cuba para presentar su espectáculo Viaje al Sur junto a su compañía, el Ballet Flamenco de Andalucía, después de recibir, de manos de Alicia Alonso, el codiciado premio que el Gran Teatro de La Habana le otorgara en el año 2003. Y entre talleres y ensayos conversa en exclusiva con Juventud Rebelde.

—Cristina, ¿cuánto tiene de cierto la historia de la niña, hija de un albañil y una costurera, que en cuanto sonaba la radio Marconi que su padre había comprado a plazos, se ponía a bailar con la ilusión de ser una gran artista...

—Todo. Esa es la verdad, te lo digo yo, como dice la canción. Mi padre tuvo muchos trabajos, porque él era un sobreviviente de la guerra que hubo en España. Yo nací en el 46, pero ya él tenía tres hijas bastante mayores. Se casó con mi madre muy joven y trabajó en muchos sitios, pero lo recuerdo como albañil. También como fotógrafo. Fue bombero, vendedor ambulante... mientras mi madre se sentaba a coser y también hacía lo que podía para sobrevivir, lo cual quiere decir que soy de una familia pobre, nacida en el centro de Sevilla, en una casa de vecinos o corrales de vecinos (lugar donde viven varias familias), como le decimos allá. Esos son mis orígenes, y esa la pura verdad.

—¿Fue en ese lugar donde surgió el apego por el flamenco?

—No, yo llegaba del colegio, ponía la radio, y a bailar. Cualquier música, hasta los boleros que cantaba Antonio Machín. Solo bastaba con que escuchara una melodía y ya estaba moviendo mis pies y mis brazos. Por eso mi madre decidió llevarme a una escuela de baile, donde iban las niñas a aprender a cantar y a bailar. Ahí empecé a bailar música española interpretada con un piano: de Falla, Albeniz, Granados..., pero la maestra también me tocaba cosas flamencas. Con 12 años bailaba en el teatro ese tipo de cosas. Sin embargo, cuando me hice profesional, cuatro años después, me integré completamente al flamenco, porque me gustaba mucho, quizá porque vine al mundo en Sevilla, que es manantial del arte flamenco. De ese modo, la bailaora fue superando a la bailarina.

—¿En qué momento se produjo su encuentro con Antonio Gades?

—Te cuento. Empecé a viajar con 18 años y me fui a Nueva York con la compañía de Manuela Vargas, con la cual estuvimos en la Feria Mundial en el año 1965. Allí conocí al que después fue mi pareja y, bueno, contacté con varios madrileños también. Cuando regresé, pues quería irme hacia Madrid, donde estaban congregados estupendos centros de bailes, los grandes maestros y maestras. Fue en esa ciudad donde me presentaron a Antonio Gades, que se apareció en el tablao donde yo estaba. Él me vio bailar y a partir de ese momento se inició nuestra relación.

—Que duró 20 fructíferos años...

—Ese vínculo con Gades fue una de las cosas más significativas que le pudo pasar a mi vida profesional, porque yo, aunque afortunadamente había nacido en Sevilla, bailaba en aquella época como lo sentía, sin una técnica, sin un saber, digamos. Por tanto, todo lo que sé, lo aprendí con Antonio. Así que imagínate, el hecho de que entrando a su compañía me hiciera su pareja, era, como decimos en España, como si me hubiera tocao la lotería. Y yo, por mi parte, siempre me esforcé porque estuviera contento con su pareja, porque dijera que tenía una pareja estupenda, y para que la gente, a la hora de hablar de Antonio Gades, no me dejara a un lado. Yo he tratado siempre de absorber lo máximo que él pudiera enseñarme, por lo que, sin duda, fue un maestro esencial.

—Si el éxito los acompañaba a todas partes, ¿por qué Cristina Hoyos decide emprender su propio proyecto?

—Bueno, yo llevaba 20 años con él, y como en muchas parejas, 20 años ya es mucho. Entonces, estábamos encantados; hacíamos Carmen con un éxito arrollador, teníamos muchísimo trabajo, pero hay momentos en que notas, en que sabes que hay que marcharse para que todo vaya bien. En el fondo pensaba que llevaba mucho tiempo haciendo personajes: Carmen, la novia de Bodas de sangre..., y sentía la necesidad de ponerme una bata de cola, de, cómo decirte, hacer otras cosas sin tener que representar a nadie. Quería bailar el flamenco en toda su esencia. Y me dije: aunque me vaya, todo va a seguir —como de hecho fue. Así que decidí intentarlo por mi parte. Él siguió con el Ballet con mucho éxito y yo monté el mío, y muy bien para los dos.

—Además de Carmen, protagonizó, bajo las órdenes de Carlos Saura, Bodas de sangre y El amor brujo, y centró otros proyectos cinematográficos como Torero y Montoyas y Tarantos; todas muy relacionadas con su mundo. Sin embargo, ha dicho que la película flamenca todavía no está hecha. ¿Por qué?

—Esto lo he planteao porque el arte flamenco nace del pueblo. Claro, después hay una serie de personas con aptitudes que lo pueden llevar al escenario y elevarlo al máximo. Y ese proceso no está reflejado en el cine. Muchas de esas películas las hicimos en los 80 y ya han pasado algunos años, por lo que es hora de que se haga una grande. Flamenco, de Saura, por ejemplo, aunque está muy bien, solo muestra a cada artista tres minutos, y en ese tiempo nadie es capaz de evidenciar lo que está sintiendo. Al menos, yo haría de otra manera esa película, que creo, te repito, no ha llegado.

—En una entrevista comentó que el talento es escaso en el arte flamenco. ¿Sigue pensándolo?

—Bueno, eso escribió el periodista, pero yo no lo dije así. Lo que quería decir es que, como en todas las carreras, el talento no es suficiente, se necesita de una práctica, de ir aprendiendo. Ahora hay muchos jóvenes que desde el principio son coreógrafos, directores..., son de todo, y yo creo que no es ese el modo, que hay que hacer mucho para alcanzar a Gades, que no es sencillo. Entonces, no es que piense que el talento es escaso, sino que la gente se precipita, sin tener una trayectoria, un aprendizaje, que debe abrir la mente para poder desarrollarlo plenamente, porque el talento no viene de pronto porque sí, sino viendo muchos espectáculos, así como lo que hacen otros coreógrafos y bailarines.

—Cada vez que usted baila, los especialistas se deleitan hablando del movimiento de sus brazos. ¿Cuál es el secreto de la forma de bailar de Cristina?

—El secreto no lo sé. Lo que sí te puedo decir es que cuando bailo, lo hago con el corazón, con todos mis adentros, con las tripas, como yo digo. Y entonces, el movimiento sale de ahí y me gusta dibujar esas esculturas que hago con los brazos en el aire, pero es una forma que yo siento. Esos movimientos no los he mirado nunca en espejo para aprenderlos. Simplemente me salen, lo siento, y bueno a la gente le gusta, al igual que a mis compañeros. Ahora lo hago con mucho sentimiento, porque como no puedo bailar mucho de pie, porque los tengo delicao, entonces me entrego mucho más con el cuerpo y los brazos, porque mi forma de sentir es esa.

—En el escenario, Cristina Hoyos es pura vitalidad...

—Bueno, ya menos... (ríe).

—Eso no es lo que asegura la crítica y su público...

—Ya menos, ya menos...

—¿Por eso ha manifestado que ya es hora de dejar de ser cabeza de cartel?

—Porque creo que todo tiene su tiempo. No soy una vieja, pero ya tengo cierta edad, y me gusta darle paso a los jóvenes, no ser yo la protagonista, sino ellos, e irme quedando un poco atrás, lo cual no me importa. Quiero decirte que he hecho espectáculos donde no soy el centro, solo hago pinceladas —e intento hacerlas muy bien. No por compararme con Picasso, pero a él con tres o cuatro pinceladas ya le compraban un cuadro, pues de eso se trata. Así que estoy retirándome despacito y a compás. Que la gente poco a poco no necesiten de mi presencia para que vean un buen baile y un buen espectáculo. Eso es lo que pretendo con el Ballet Flamenco de Andalucía, que la gente lo vaya reconociendo por sí solo, aunque yo no esté. Todavía bailo un poquito, bueno, la gente lo pide cuando nos contratan. ¿Todavía baila la Cristina? Sí, baila un poco, le decimos, ah, pues venga. Ese es el motivo por el cual todavía me encuentro en los escenarios.

—Hábleme ahora de su compañía: el Ballet Flamenco de Andalucía.

—Es el Ballet de los andaluces, es decir, de la región andaluza, que es la que lo paga, por tanto, no es privado. Lo integramos ocho parejas (contando con mi marido, Juan Antonio, y yo), más seis músicos: dos cantaores, una cantaora, dos guitarristas y el percusionista. Veintidós en el escenario. Tenemos en estos momentos dos programas, porque la Yerma de Federico García Lorca la hemos apartao. Ahora tenemos en nuestro repertorio el Romancero gitano, también de Lorca, dirigido por José Carlos Plaza, que lo estamos paseando por el mundo entero —me gustaría igualmente traerlo a Cuba, y vamos a intentarlo—, al igual que Viaje al Sur, que es el que vamos a presentar aquí y que está compuesto por tres momentos: la tragedia, la alegría y la pasión, tres sentimientos fundamentales en la vida, y además, lo que más desarrollamos los flamencos. En Viaje al Sur hay muy buena calidad y momentos muy emotivos.

—Cuba, Alicia, ¿qué han significado para usted?

—Mucho, cuando yo me enteré de que Alicia me había dado ese reconocimiento —ya me había entregado otro en Madrid—, me puse súpercontenta por el hecho de que viniera de una persona como ella, que ha amado el baile de esa manera, que ha formado grandes bailarines, que ha creado esas coreografías inmensas, que ha sido una de las bailarinas más brillantes de todos los tiempos..., pues para mí es el premio que va a estar delante de todos los que tengo, porque lo recibí de manos de Alicia.

«Yo he tratado de corresponderle, no igual, porque yo a Alicia no la puedo premiar, pero le he traído ese vestido que le prometí para el Museo Nacional de la Danza de Cuba, que es un vestido al cual le tengo mucho cariño, pues me lo hice para el año 92, para la Expo de Sevilla, y he pensao que donde debía de estar es aquí.

«En cuanto a Cuba, me encanta. Hace tiempo que no venía; creo que lo hice por última vez en el 2002. La primera vez que vine, fue en 1975 y sigo manteniendo la misma amistad con las personas que conocí ese año. Para mí Cuba representa muchísimo, porque veo arte en todo, en las calles, en las casas, en el ambiente, en la gente... Cuba me recuerda mi infancia. Cuando vengo aquí estoy constantemente emocionándome. Creo que terminaré pasando grandes temporadas en esta hermosa Isla».

1 comentarios:

Nos honraria que nos visites y participes en el Foro de Discusion de Independencia.Net dijo...

Estimado Compañero Juan:

Todos aca te felicitamos por tus excelentes y profundas aportaciones al pais y al continente. Te leemos alrededor de toda la America Latina. Entre tus tremendas aportaciones y la de otros periodistas cubanos, nos mantienen muy bien informados a pesar de la maquinaria desinformativa que nos intenta imponer el Gobierno de Estados Unidos.

Has tenido oportunidad de ver esta pagina de la Red? Nos honraria mucho si pudieras participar en el Foro de Discusion con tus comentarios del Blog o cualquier otra aportacion, pregunta o recomendacion.

Te esperamos en la pagina de internet:

http://www.independencia.net/entrada.html

(El foro de discusion se accesa a traves de la parte inferior de la pagina antes citada; solo tienes que presionar sobre el letrero de colores que dice "Foro de Discusion")

De veras que seria un orgullo escuchar de ti en el Foro de Discusion.

Luis, un abrazo solidario, y todo nuestro apoyo desde aca,

Carlos LR