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jueves, noviembre 15, 2007

Pedro Santacilia, tan cubano como mexicano

Por Josefina Ortega (La Jiribilla)

Muchos mexicanos lo creen nacido en tierras aztecas. En Cuba muchos no saben que nació cubano, y tanto, que vio la luz el 24 de junio de 1826, en la muy caribeña ciudad de Santiago de Cuba.

Pero en el tránsito que medió desde su nacimiento en la Isla, hasta su muerte en México —tránsito que duraría 76 años— Pedro Antonio Santacilia Palacio llevaría una vida signada por la estrella de los que fundan.

Su padre, Joaquín Santana, era teniente de Granaderos, hijo a su vez de un catalán oficial de un regimiento de Infantería. Su madre, de nombre Isabel, era natural de la isla de Santo Domingo.

La familia, en medio de cierta holganza económica, propició al niño una formación académica a la par de las mejores familias santiagueras.

Era la época en que gobernaba la Isla el capitán general don Dionisio Vives, con fama de terco, amigo del soborno y reaccionario, todo de tal manera que lo hacía odioso incluso para muchos peninsulares. No fue raro que la familia Santacilia promoviera sentimientos libertarios en el niño.

Luego de Vives llegaría Tacón, con peor fama y con la amarga experiencia de haber salido derrotado en tierras continentales por la fuerzas separatistas. El primer propósito del nuevo gobernador fue acabar con mano dura las voces independentistas.

Entonces un hecho cambiaría la vida del pequeño. En 1836 —el 29 de septiembre—, se supo en Santiago que en España habían sonado disparos liberales. La Reina María Cristina se había visto obligada a restablecer la Constitución de 1812, en desuso desde hacia varios años.

En Santiago no poco fue el estallido de júbilo.

En el Departamento oriental gobernaba el general Manuel Lorenzo, quien rápidamente se aprestó a los nuevos tiempos; pero Tacón se negó a todo cambio y en su condición de figura política principal puso sitio naval y terrestre a la ciudad y logró desalojar al general Lorenzo, condenado a salir de Santiago y también de Cuba.

Con él se iban también sus partidarios, entre ellos, su edecán principal, Joaquín Santacilia, que de igual modo cargaba con su prole. Diez años tenía el vástago cuando partieron hacia Jamaica.

De esa etapa fueron sus primeros versos sobre Cuba, los aborígenes y el paisaje, y donde abundaban los signos de admiración al recordar la tierra natal y las ansias de libertad.

En 1845 con 19 años, Santacilia regresa con la familia a Cuba y a Santiago.

A partir de entonces se da a conocer con tanta fuerza en círculos literarios que su fama llegó al ya celebérrimo Liceo Científico, Artístico y Literario de La Habana, institución que lo nombra corresponsal en Santiago y lo elige como socio de mérito.

Aparecen entonces publicados muchos trabajos suyos, y en 1846 —20 años tenía—, la Real Sociedad Económica publica ensayos literarios, una compilación de estudios académicos entre los cuales había varios de Santacilia.

Pero los tiempos exigían más que estudios literarios para despertar el “prolongado sopor” entre el que estaba la juventud oriental, y luego de participar en conatos, revueltas y proclamas libertarias, Santacilia caía preso y era deportado el 25 de enero de 1852.

Días antes de su partida escribió en un calabozo del castillo del Príncipe... Yo en tu suelo/ nací venturoso/ tú abrigaste en mi cándida infancia/ y por eso mi eterna constancia...

Nunca volvió a Cuba.

Fue largo el periplo por Sevilla, Córdova, Granada, Gibraltar, Nueva York, Baltimore y Nueva Orleáns. En cada lugar continuó su trabajo literario y la difusión de sus ideas independentistas.

En Nueva Orleáns conoce a un mexicano; un indio, pobre, que a fuerza de voluntad e inteligencia había llegado a ser gobernador del Estado de Oaxaca y diputado de la nación azteca. Se llama Benito Juárez y quería constituir otro México.

Suficiente.

Desde entonces Santalicia y Juárez quedaban unidos, primero por una profunda amistad, y luego por lazos de pensamiento político y también familiar, pues Santacilia se casaba, tiempo después, con Manuela, hija del prócer mexicano.

Toda una gran novela épica podría escribirse de esos años en la vida de Santacilia, pues varias fueron las esferas en las que se destacó, desde el periodismo, la literatura y la lucha política.

Sería elegido siete veces como diputado al Congreso mexicano, y cuentan que en una ceremonia oficial, luego de un encendido discurso de Juárez, Santacilia propuso un brindis... “Por la independencia de los pueblos americanos que están sujetos todavía a la dominación europea ¡Por qué desaparezca de Cuba el pendón de Castilla!”

Poco después estallaba la guerra de independencia en Cuba.

Vale recordar que México fue el primer país en reconocer la beligerancia de los mambises.

La vida activa del cubano siguió su curso, incluso mucho después de la muerte de Juárez —ocurrida el 15 de julio de 1872—, y su preocupación por los destinos de la Isla se materializaba a cada paso. Desde México luchó y padeció por Cuba. Con tristeza supo del Pacto del Zanjón y con alegría del estallido de la guerra del 95.

A pesar de su avanzada edad hizo cuanto pudo por apoyar la insurrección.

Con más de 70 años, fue el primero en inscribirse en la primera oficina consular cubana en México —luego de 1902—, para dejar constancia expresa de su ciudadanía.

Con 76 años moría Pedro Santacilia el 2 de mayo de 1910.

1 comentarios:

Renegade Eye dijo...

I have at my blog a post about Cuba. I hope you'll take part in the discussion.