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domingo, junio 23, 2013

PALABRAS QUE VAN Y VIENEN



Las locas no son felices
Por Celima Bernal (Juventud Rebelde)

A veces empleamos comparaciones consabidas, pero indudablemente raras: «Dormí como un caballo» (¿Será que dormí de pie?). «Anoche estudié como un salvaje» (¿Estudian los salvajes?). «En esa época yo era feliz como loca» (Desgraciadamente, las locas no son felices).

Con los años una corre el riesgo de volverse reiterativa, pero creo que aún no les he contado esta anécdota: Mi abuelo paterno, que luchó en los gloriosos días de la invasión mambisa bajo las órdenes de Antonio Maceo, odiaba los disparates. Un teniente le dijo: Coronel, en mis ratos de «ocío» voy a estudiar italiano. Se alzó de repente, colérico, el viejo, dio un golpe sobre la mesa y rugió amenazador: En los de ocio; aprenda español. Y a pesar de que ni en las cargas al machete decía palabras mayores, agregó una de las más duras.

Una noticia: «El aparato chocó con una montaña no registrada en las cartas de navegación, debido al mal tiempo». Lo correcto sería: Debido al mal tiempo, el aparato chocó contra una montaña no registrada en las cartas de navegación. En el primer caso, pudiera entenderse que la elevación no aparecía en las cartas a causa de la tormenta. Eso se llama en redacción: anfibología u oscuridad.

Una vez oí: «El Presidente de esta isla que está en el Pacífico desde 1962». Es otro ejemplo de oscuridad; cualquiera hubiera pensado que la isla había surgido de las aguas del océano en fecha tan reciente.

Cuando contamos una anécdota debemos tener presente que el interés se diluye si abandonamos constantemente el hilo de la narración. Es peligroso ese vicio de irse por las ramas, trepando por ellas como monos capuchinos e, incluso, quedándonos colgados. Seamos directos.

No: «Esas personas a quien quiero tanto». Digamos: a quienes. Fijémonos en que «personas», en plural, no puede concordar con «quien» en singular.