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viernes, julio 03, 2009

TOMAS ROMAY: PRECURSOR DEL MOVIMIENTO CIENTIFICO CUBANO

Por Orfilio Peláez (Granma)

Desde que figuró entre los fundadores y redactores principales del Papel Periódico de La Habana en 1791, hasta su fallecimiento el 30 de marzo de 1849, la vida del sabio Tomás Romay Chacón estuvo vinculada a importantes sucesos que marcaron hitos en el desarrollo de la sociedad cubana de la época, bajo la tutela del colonialismo español.

Tras obtener el título de doctor en medicina en la Universidad de La Habana en junio de 1792, Romay estuvo entre los miembros más prominentes de la Real Sociedad Económica de Amigos del País, de la cual llegó a ser su director en 1842.

Dentro de esta prestigiosa institución fue el representante por excelencia de los proyectos de modernización de la enseñanza de la medicina en Cuba, al introducir nuevos métodos basados en la observación y la práctica, además de promover el aprendizaje con renovadores conceptos de la clínica y la anatomía.

Su nombre cobra notoriedad dentro de la naciente intelectualidad de la pujante burguesía criolla cuando el 5 de abril de 1797, y ante los integrantes de la mencionada Real Sociedad, da lectura a su trabajo Disertación sobre la fiebre amarilla llamada vulgarmente vómito negro, enfermedad epidémica en las Indias Occidentales.

La obra constituye el primer estudio científico sobre la fiebre amarilla publicado en el país, y por la cual un año después resulta elegido Académico Corresponsal de la Real Academia de Medicina de Madrid.

Con el apoyo del obispo Juan José Díaz de Espada, se opuso a la práctica de enterrar los cadáveres en las iglesias y dentro del perímetro urbano, por considerarla poco higiénica. Así impulsó la construcción del primer cementerio que tuvo La Habana, el de Espada, inaugurado en 1806.

Pero el hecho que inmortalizó su nombre fue el haber introducido y difundido la vacuna contra la viruela en Cuba. Apenas cuatro años después de ser descubierta por el científico inglés Edward Jenner, Tomás Romay la aplica por primera vez el 12 de febrero de 1804 (acaba de cumplirse el 205 aniversario), a pesar de la fuerte oposición de quienes descalificaban el novedoso procedimiento.

En un histórico gesto de valor y fe en sus conocimientos, vacunó a sus dos pequeños hijos y luego en una demostración pública les inoculó el pus de un paciente con viruela, para demostrar a sus detractores que una persona vacunada no contraería la enfermedad aun cuando se le introdujera el virus activo de un individuo atacado por ese flagelo.

A lo largo de casi cuatro décadas y consciente de su responsabilidad social como médico y científico, aplicó la vacuna antivariólica en todo el país y logró inmunizar a decenas de miles de personas.

Considerado el iniciador del primer movimiento científico que se desarrolló en la Cuba colonial, Romay figura "entre los hijos de este suelo que han servido con gloria a las ciencias, ilustrando al país y honrando a la humanidad", como merecidamente lo calificó el doctor José Nicolás Gutiérrez, otro de los grandes de la medicina de la mayor de las Antillas en el siglo XIX.