¿QUÉ PASÓ CON LOS HURACANES?
Por Orfilio
Peláez (Granma)
En la
penúltima década del pasado siglo, especialistas de la Universidad de Colorado,
Estados Unidos, encabezados por los doctores William Gray y Philip Klotzbach,
fueron los primeros en emitir a nivel internacional un pronóstico a largo plazo
sobre la cantidad de ciclones tropicales (CT) que surgirían durante la
temporada en la cuenca del Atlántico.
Fundamentada
en el progreso de la tecnología, en particular los aportes referidos a la
aparición de avanzadas computadoras y programas informáticos, aquella práctica
fue seguida después por otros centros de investigación asentados en algunos
países desarrollados, como es el caso de Gran Bretaña.
Desde
1996 y después de hacerlo con carácter experimental el año anterior, Cuba
comenzó a emitir de manera oficial sus propios vaticinios mediante la
aplicación de una metodología basada en ecuaciones matemáticas y otras
herramientas científicas, concebida por un equipo de expertos dirigido por la
doctora en Ciencias Meteorológicas Maritza Ballester Pérez, e integrado,
además, por la doctora Cecilia González Pedroso, y el doctor Ramón Pérez
Suárez, del Instituto de Meteorología.
Se
trata en lo esencial de tener una idea aproximada del comportamiento de la
actividad ciclónica general que debemos esperar para nuestra área geográfica de
interés, conformada por el Atlántico Norte, el golfo de México y el mar Caribe,
en el periodo del 1ro. de junio al 30 de noviembre.
Estos
pronósticos estacionales tienen hasta el presente un valor estrictamente
científico, al poner a prueba cada año la efectividad de los vaticinios, y las
posibilidades del hombre de mejorarlos; pero al no poder señalar con antelación
cuál será el país y la zona específica que será azotada por un huracán, desde
el punto de vista práctico aún distan de ser útiles en el trabajo operativo.
POR
DEBAJO DE LO PREVISTO
De
acuerdo con las predicciones emitidas antes de su inicio, la actual temporada
sería activa al esperarse la formación de un número de ciclones tropicales
nombrados muy por encima del promedio anual de aproximadamente diez.
Así por
ejemplo el grupo del doctor Gray, de la Universidad de Colorado, vaticinaba el
surgimiento de 18 organismos, de los cuales ocho o nueve alcanzarían fuerza de
huracán, incluyendo tres intensos, es decir de Categoría 3, 4 o 5 en la escala
Saffir-Simpson.
También
el Centro de Predicción Climática adscrito a la Administración de los Océanos y
la Atmósfera de los Estados Unidos (NOAA por sus siglas en inglés), daba de 13
a 20 tormentas tropicales; mientras la cifra de huracanes oscilaría entre siete
y 11. No menos de tres debían llegar al rango de intensos.
El
modelo cubano apuntaba a un total de 17, con nueve posibles huracanes. Los
factores que los investigadores del Instituto de Meteorología tomaron en cuenta
para sus proyecciones fueron el no preverse la aparición del evento ENOS (El
Niño/Oscilación del Sur) durante la temporada, y el mantenimiento de la
temperatura superficial del mar por encima de los valores normales en el
Atlántico y el Caribe.
También
el seguir inmersos en un periodo de elevada actividad iniciado en 1995,
correspondiente a los llamados ciclos multidecenales, que de manera natural han
caracterizado la mayor o menor presencia de tales fenómenos en diferentes
etapas históricas.
Asimismo,
el régimen de vientos correspondientes al monzón del oeste africano aparentaba
mostrar un patrón favorable para la génesis y desarrollo de los CT, en el área
localizada entre las costas de ese continente y el Arco de las Antillas
Menores.
Sin
embargo, cuando apenas faltan 14 días para el cierre de la temporada del 2013,
el venidero 30 de noviembre, su comportamiento dista mucho de lo previsto en
los pronósticos estacionales al registrarse hasta este viernes 15, doce
tormentas tropicales, la mayoría caracterizadas por ser sistemas débiles poco
organizados.
Solo
dos (Humberto e Ingrid) se convirtieron en huracanes que no sobrepasaron la
Categoría 1 en la escala Saffir-Simpson, y cu-ya vida con esa fuerza resultó
bien efímera.
Como
señala a Granma el doctor en Ciencias Ramón Pérez Suárez, del Centro del Clima
del propio Instituto de Meteorología, ello la convierte en la de menor número
de huracanes en la cuenca del Atlántico desde 1982 a la fecha, cuando también
hubo idéntica cifra, pero con la diferencia de que uno de ellos fue intenso.
Al
mismo tiempo es la primera que transcurre sin la formación de un organismo de
esa magnitud en los últimos 18 años.
Lo
anterior contrasta con los 12, 7, y 10 huracanes, registrados en las temporadas
del 2010, 2011 y 2012, respectivamente.
Si bien
habrá que investigar en los próximos meses con mayor profundidad, por qué los
patrones de la circulación atmosférica se comportaron de forma tan inesperada y
poco propicia para el desarrollo de los huracanes a pesar de no haber un evento
ENOS; en principio ello parece estar asociado en lo fundamental a la fuerte
cizalladura vertical del viento predominante en gran parte del mar Caribe
(impide que pueda concentrarse la energía en la altura para la formación y
fortalecimiento de los CT), y a la notable presencia de Polvo del Sahara
durante los meses de julio, agosto y septiembre en la región del Atlántico
tropical, comprendida entre los 10 y 20 grados de latitud norte y los 20 y 60
grados de longitud, la zona de mayor actividad ciclónica de la cuenca
atlántica.
El
doctor en Ciencias Físicas Eugenio Mojena, de la Sección de Satélites de la
citada institución perteneciente al Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio
Ambiente, precisó que las nubes de polvo crean un ambiente sumamente hostil a
la aparición de organismos ciclónicos, pues son masas de aire caliente con
valores mínimos de humedad relativa, que aportan un aire muy seco capaz de
inhibir en gran medida su nacimiento o debilitar a los ya surgidos.
Por
fortuna la naturaleza no se ensañó esta vez con ningún país de nuestra región
geográfica, salvo el caso de México azotado casi de manera simultánea por el
huracán Ingrid, y otro procedente del océano Pacífico oriental, los cuales
causaron severos estragos en esa hermana nación.
TEMPORADAS
CICLÓNICAS CON MENOR CANTIDAD DE HURACANES DESDE 1907 A LA FECHA
1907 Ninguno
1914 Ninguno
1925 Uno
1917 Dos
1919 Dos
1922 Dos
1930 Dos
1931 Dos
1982 Dos
Fuente:
Centro del Clima del Instituto de Meteorología
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