SOBREVIVIR EN HONG KONG: "CON PURA MAGIA SATISFECHO"
Por
Isidro Estrada (en Beijing)
(Con
permiso póstumo de Rapi Diego, por usar su título)
Un mago cubano y sus amigos me demuestran que la bondad anida en cualquier sitio. Y no es truco.
¡Advertencia!: Primero pasará un camello por el ojo de una aguja, que permitir a un cubano entrar en la RAE de Hong Kong (frase que debería estar escrita en letras doradas en alguna pared de la Oficina de Inmigración de Hong Kong en Pekín)
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Bruce Lee, el eterno héroe de Hong Kong |
Hong
Kong es un sitio vedado a los cubanos, off-limits, como se dice en inglés. No
somos bienvenidos en modo alguno, pues sus autoridades viven convencidas de que
cada cubiche suelto por el mundo está empeñado en solicitar asilo en ese
pedacito de tierra. Quien intente viajar a esa región con pasaporte cubano, debe
estar sicológicamente preparado para someterse a desgastantes sesiones de
interrogatorios, en las cuales le pedirán hasta el documento del día en que se
hizo pionero, además de hacer constar el compromiso de salir de allí con la
premura de un corredor de fondo, demostrar que se tiene una buena suma en el
banco y que uno se hospedará todo el tiempo en un hotel. Estuve a punto de
desistir del viaje y optar por Mongolia o Malasia, que no nos piden visa. Pero
mis empleadores chinos insistieron en HK para conseguir mi visa de trabajo, con
los argumentos de que HK es “parte de China (¡ja,ja,ja, el mejor chiste
chino!)” y de que “mei banfa”. En consecuencia, haciendo de tripas corazón,
planté cara a mis “verdugos” de Inmigración, quienes al final – parece que por
puro cansancio, después de seis viajes a su oficina - dieron su brazo a torcer
y me permitieron la entrada al Reino de los Cielos.
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El Chala y Jose |
Como
contraparte, empero, puedo alegar que las horas amargas de lucha con la
oficinita de marras, se borraron en cuanto aterricé en la ex colonia británica
y me acogieron cuatro compatriotas. La sorpresiva bienvenida de José Antonio,
Eduardo, Duliet y David, y sus respectivas familias, fue bálsamo mágico que
curó heridas, haciéndome olvidar al instante la sesión de tormentos en Pekín.
Tengo deuda muy especial con José
Antonio Almenares, su esposa e hija. El Jose, el único mago cubano que
conozco en China y sus alrededores, obró el truco honesto de hacerme sentir en
casa estando en tierra lejana. Con un pase de varita mágica desenredó los nudos
de mi cansancio, frustración e impaciencia. Y terminó por sacar de su sombrero
de copa, halándola de las orejas, una amistad sincera que espero dure mucho más
que las actuales impedimentas para que los cubanos visitemos el peñasco del sur.
HAY UN
OLORCITO...
La
primera señal de que estaba en Hong Kong me la dio un bebedero. Aún sin haber
salido del aeropuerto me sorprendí al ver gente bebiendo directamente de un
aparato empotrado en la pared, algo impensable en Pekín, donde el agua del
grifo puede contener cualquier cosa, desde amebas que bailan aserejé hasta
residuos de la central nuclear de Chernóbil, vaya usted a saber...
Luego
comprobé que la cuenta en mi tarjeta de banco había crecido, pues con la actual
tasa de cambio entre dólar de HK y el RMB, el segundo se impone por KO, y lo
que uno trae de Pekín se multiplica con ganas y de manera automática. Claro,
esta alegría en casa de pobre dura poco, pues en cuanto uno se monta en el
Metro de HK, viaja en taxi o en una modesta guagua interurbana, se percata de
que eso de darle la vuelta a la ciudad por dos modestos yuanes sólo se consigue
en la parte continental. Mi mujer suele decir a modo de consuelo, que el 20 por
ciento que el Estado chino me retira cada mes de mi sueldo oficial (y de
cualquier colaboración que haga con entidades estatales), va a parar a las
arcas de nuestro cada día más eficiente sistema de transporte público en Pekín.
(Pero ojo, que a juzgar por los precios, parece que el guagüero hongkonés me
cobra el impuesto directamente).
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Hasta palmitas para la nostalgia tropical tiene Hong Kong |
La tercera
señal de que uno está en China, pero no está en China, deriva de la necesidad
inmediata de sacarse todo lo que uno traiga de abrigo. HK es subtropical, en
teoría, pero puede gastarse una canícula similar a La Habana, incluso en
noviembre, y para subrayar la similitud geográfica hasta dispone de repetidas
hileras de palmitas reales en sus calles atestadas.
Por
último, cuando uno ya sale de la terminal aérea, un aroma muy diferente al de
Pekín le estalla en pleno rostro. ¿Cómo describirlo? Vaya, es algo así como el
olorcito ese que desprenden los establecimientos gastronómicos concentrados en
el “Mall” de Carlos III, en La Habana. ¿Lo recuerdan? Pues más o menos así
huele el enclave. Al menos a primera nariz.
Como
dije ya, Hong Kong es China, sí, pero a la misma vez no lo es. Y si a la
Inmigración hongkonesa le aterran los cubanos, al hongkonés de a pie le causan
más temor sus propios compatriotas al otro lado de la frontera, según me
explica Henry Cheng, un ex periodista devenido prestidigitador (¡sí, otro
mago!), quien pronostica que una eventual arribazón de “continentales”
arruinaría la boyante economía del enclave, que “hoy goza de un ritmo de
crecimiento incomparable”. Debe ser por eso que se ha limitado la cifra de
mujeres de la parte continental que pueden parir en hospitales de HK, lo que a
la larga les facilitaría entrar a la RAE como Pedro por su casa, por ser madres
de un chino nacido allí.
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Balcones |
Henry
pasa por alto, sin embargo, que en más de una ocasión China ha dispuesto una
especie de tubería de dinero y otros recursos que han fluido incontenibles
hacia HK, como ocurrió ya en 1997, cuando la crisis financiera asiática, y
luego, a partir de 2008, cuando estalló la crisis mundial. Pekín es el primer
interesado en que su vitrina capitalista del sur se mantenga como joyero
inmarcesible, ajeno en todo lo posible a los avatares que marcan la vida china
al norte del diminuto territorio.
No en
balde los hongkoneses se dan lujos que no tienen sus compatriotas. Y no me
refiero al mundo de la pacotilla, sino a ciertas prerrogativas más
trascendentales. Como montar tinglados de la secta Falun Gong (prohibida en
China continental) por todas las esquinas y echar pestes del Partido Comunista,
lo cual hacen a cualquier hora y sin que nadie los perturbe. Un tanto a favor
de China. Una lección de flexibilidad y pragmatismo, que habrá que agradecerle
siempre a las grandes ideas del pequeño Deng Xiaoping, quien se lo dejó claro a
Margaret Thatcher en los años 80, cuando le aseguró que “por largo tiempo” en HK
se mantendrían vivas hasta las carreras de caballos. Bueno, cuando aquello no
había Falun todavía.
Otra
característica que me mantuvo consciente de que me había alejado de Dongbei
(noreste de China) fue la masiva presencia de edificios del estilo
arquitectónico Lingnan, o más conocidos en el sur de China como Tong Lau.
Si de
algo salí convencido es de que las raíces chinas que aún anidan en nuestra isla
nada le deben a la cultura pequinesa, o del norte de China en general. Nuestra
“chinada” hay que buscarla de Cantón hacia abajo, en el arco de ciudades que
forman HK, Macao, Guangzhou y Hainan. Ese es el estilo arquitectónico y de vida
que promovieron en Cuba los cientos de miles de chinos que estuvieron llegando
por más de un siglo.
QUIMBOMBÓ
EN LA CHISTERA
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Cena cubana |
Llegar
por primera vez a un sitio desconocido y encontrar que un grupo de compatriotas
lo aguarda a uno con una cena cubana, es más de lo que se puede esperar en
cualquier viaje.
Y allí
estaban: El mago Jose, con su esposa Jennifer, su preciosa hija, Sofía, y su
ayi filipina; su asistente en el mundo de la magia, la camagüeyana Duliet, con
su esposo chino Alvin y sus dos pequeños hijos; y el filósofo e investigador
Eduardo Freyre Roach, toda una cátedra del saber. (A David Chala, un músico de armas tomar,
lo conocí al día siguiente) Y sobre la mesa, la pierna del machito asada, el
congrí, la ensalada y el mejor truco del mago: ¡quimbombó que resbala! Como
salido del sombrero del ilusionista, por pura magia. Como ya dije, este
recibimiento fue un Alka Seltzer de efecto inmediato contra el dolor de cabeza
que me dejaron los de Inmigración. ¿Qué más podía desear?
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El mago José Antonio entrena a la pequeña Sofía. De casta le viene al galgo. |
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La nueva generación de chino-cubanos |
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¡Vaya, ¡tu guarapito aquí! |
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