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miércoles, enero 24, 2007

Cumple 94 años el atleta en activo de más edad de Cuba

Por Francisco Mastrascusa (Juventud Rebelde)

Ramón Cordovés de Beón ganó dos medallas de oro en 100 y 200 metros, estilo pecho, durante el X Campeonato Mundial de natación, categoría Máster, disputado en junio de 2004 en Italia, y allí también alcanzó un bronce en los 200 metros, estilo libre.

Este atleta, que entrena de forma sistemática en mar abierto o en la piscina de curso corto de la Escuela Marcelo Salado, cumplió este lunes la envidiable edad de 94 años.

Integrante del Club Juventud Acumulada desde 1998, donde se agrupan otros longevos nadadores, este ingeniero de profesión ha intervenido en numerosas lides de carácter nacional e internacional.

«Mi abuelo vivió 96 años; mi madre, 95; mi padre, comandante en la Guerra de Independencia, llegó a los 80 y yo, aquí estoy con algunos achaques, pero entero todavía y listo para seguir nadando», comentó.

Cordovés no fuma ni ingiere bebidas alcohólicas. Es un sempiterno caminante y goza de buena memoria. Prefiere entrenar en horas de la mañana y hacerlo en mar abierto.

Incuestionablemente es el atleta en activo de más edad en Cuba. Este hombre menudo y de baja estatura, lamenta no tener rivales en el país y ello lo obliga a competir contra el reloj, algo que le resulta «un poco aburrido».

Reconoce haber perdido motivación a partir de la enfermedad de Herminia Cepero, su compañera del alma, quien ya transita por los 90 años.

«En la casa me exhortan para que continúe entrenando, sobre todo Mayita, una de mis hijas, quien estuvo conmigo en el Mundial de Italia, pero me exigía demasiado pensando que yo era un jovencito», dijo pícaramente.

miércoles, enero 17, 2007

Fueron dos las mujeres que posaron para la Estatua del Capitolio de La Habana

Por Mario Cremata Ferrán, estudiante de Periodismo (Juventud Rebelde)

Muy cerca del corazón de la capital se alza el majestuoso Capitolio de La Habana, edificio insignia que marcó un hito en el decursar de la ingeniería civil del siglo XX.

Consagrado por muchos años para sede del Congreso republicano, en la actualidad acoge al Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, y una buena parte del edificio funciona como museo.

Si alguna vez visitó este inmenso palacio, no le resultará ajeno el nombre de Lily Valty, a quien por mucho tiempo se ha identificado como la modelo de la colosal Estatua de la República, ubicada en el Salón de los Pasos Perdidos del edificio aludido.

Lo cierto es que todos estos años se ha cometido un lamentable error, pues de Lily Valty —una mestiza criolla de figura agradable—, el escultor italiano Ángelo Zanelli solo utilizó el cuerpo. La verdadera dueña del rostro no fue otra que la bella Elena de Cárdenas y Echarte.

PROYECTO DE UNA ESTATUA PRIMOROSA

En 1927 llegó a La Habana el escultor Ángelo Zanelli, perteneciente a la escuela clásica italiana, a quien el secretario de Obras Públicas del gobierno cubano, doctor Carlos Miguel de Céspedes, encargó modelar en breve plazo tres estatuas de gran formato que decorarían el Capitolio, aún en construcción.

Zanelli (San Felice del Benaco, Brescia, Italia, 17 de marzo de 1879 -Roma, 1942) estudió muy joven en la Academia de Bellas Artes de Florencia, y en 1911 realizó su obra más famosa: el friso del Altar de la Patria, en el monumento a Víctor Manuel II, en Roma.

A los lados de la escalinata de granito de 55 peldaños del Capitolio de La Habana fueron emplazadas dos estatuas de 6,50 metros de altura, realizadas en la Fonderia Laganá de Nápoles, Italia.

Son estas, El progreso de la actividad humana, conocida también como El Trabajo (figura masculina); y La Virtud tutelar del pueblo (figura femenina).

Para la pieza principal que simbolizaría a la República de Cuba, Zanelli debía servirse de mujeres típicas del país y recordar a Palas Atenea, diosa griega de la sabiduría. Fue entonces cuando su amigo y coterráneo Stefano Calcavecchia le presentó a su esposa, Elena de Cárdenas.

El maestro quedó deslumbrado con el rostro de esta mujer, en cuyas facciones bien definidas creyó encontrar su fuente de inspiración. Posteriormente completaría la figura con el cuerpo de Lily Valty, mulata de mediana edad, senos prominentes y abundantes caderas, a quien la historia ha perdido el rastro.

Han pasado casi ocho décadas, pero todavía Celia Rosa y Alicia Morales de Cárdenas, de 94 y 92 años, respectivamente, recuerdan a Zanelli haciéndole la mascarilla a su tía Elena.

LA ESTATUA DE LOS TRES NOMBRES

Conocida indistintamente en sus inicios como Estatua de la República, de La Libertad o de La Patria, la pieza forma parte de la trilogía de las estatuas monumentales del Capitolio.

Fundida en Italia (Fonderia G. Chiurazzi, Roma MCMXXIX), para el traslado hasta Nápoles, dividida en tres partes, se necesitó un vagón especial. En día lluvioso fue embarcada hacia Cuba y las tres grandes cajas se subieron en hombros por la escalinata del Capitolio días antes de su inauguración. En esa época se le consideró la mayor estatua de bronce fundida en Italia para el extranjero.

A pocos metros de la entrada y del brillante que marca el kilómetro cero de la Carretera Central se yergue serena, con lanza, escudo y gorro frigio, como presta a luchar.

Protegida en su nicho, la sostiene una plataforma con tres escalones y una base de 2,50 metros de altura, fabricada con mármol ónix antiguo egipcio, similar al usado en el pedestal del monumento al Papa Eduardo VII, en la Iglesia de San Pedro, Roma.

Delante sobresale un barco trirreme, con los remos recostados a la base. En la quilla se distinguen tres signos zodiacales (Escorpión, Capricornio y Géminis), pero aún se desconoce su significado en el contexto de la estatua.

Asimismo están representadas dos figuras mitad humana y mitad pez: una masculina, que según la leyenda es el mismo escultor —se parece muchísimo—, y otra silueta de mujer sin identificar.

La pieza, de 17,54 metros y 49 toneladas de peso, es hueca. Alguna vez —presumiblemente en los años 80— le inyectaron concreto por una abertura en el centro posterior, pues se decía que se estaba inclinando y caería sin remedio. Al parecer, solo se trató de una falsa alarma, y llegado a un nivel, se decidió interrumpir el vertimiento de materiales y sellar el orificio inicial.

En su interior, la estatua tiene unos poderosos tensores que la sostienen y un túnel subterráneo que comienza en un salón cercano, posibilita el acceso a esta zona.

Hace solo unos meses, gracias al mantenimiento a que fue sometida, la obra recobró su esplendor y brillo característico, si bien con el paso de los años ha perdido casi todo el oro de 22 quilates de las tres láminas que la recubrían.

Valiosa referencia de la llegada del monumento a La Habana, con un «toque» humorístico, la ofreció Alejo Carpentier en su novela El recurso del método, en la que describe cómo van emergiendo las partes de la escultura desde las entrañas del barco.

Después de su emplazamiento se le consideró la segunda estatua más alta del mundo bajo techo, superada por el Buda de Oro de Nava, Japón. Actualmente es la tercera, después de concluido el mausoleo a Abraham Lincoln, en Washington.

HERMOSA HABANERA

Hija del doctor Julio de Cárdenas y la señora Rosa Echarte, Elena vino al mundo en 1895, en la casona familiar de las calles Habana No.57 esquina a San Juan de Dios, en La Habana Vieja. Era la menor de los ocho hijos del matrimonio.

Alta, de pelo castaño y ojos oscuros, bonita y elegante, pronto se convirtió en una de las mejores pretendientes de la sociedad habanera del período menocalista.

Fue precisamente por esos años que Elena conoció al ingeniero Stefano Calcavecchia y Rabonni, un italiano que trabajaba en ingenios azucareros cubanos y cuya familia tenía un negocio de exportación de mármoles.

La mutua atracción fue instantánea. A pesar de que el padre de ella se opuso al compromiso argumentando que él se llevaría a su hija a Italia y no tendría más noticias, unido a la evidente diferencia de edad entre ambos (más de 10 años), el 31 de enero de 1917 se casaron en la Iglesia de La Merced.

La «suntuosa» boda —como la calificara el cronista social Enrique Fontanills en una de sus Habaneras—, reunió a lo más encumbrado de la sociedad de la época. Testigos de la ceremonia fueron Orestes Ferrara, a la sazón presidente de la Cámara de Representantes, y el presidente del Habana Yacht Club, Víctor G. Mendoza.

Para limar cualquier aspereza en las relaciones con su suegro, Calcavecchia no solo fijó residencia permanente en Cuba, sino que además hizo venir para siempre a toda su familia, incluida su anciana madre. La pareja ocupó la mansión de la calle F No.306, entre 13 y 15, en el Vedado, decorada con materiales expresamente traídos desde Nueva York.

PREMATURO FINAL

La felicidad del matrimonio muy pronto se apagaría. Quiso el destino privar a Elena de Cárdenas de ver concluida la obra magnífica. El 9 de septiembre de 1928 fallecía a causa de una influenza derivada en bronconeumonía, según el dictamen de su cuñado, el eminente doctor Raimundo de Castro Bachiller.

El segundo brote de influenza que abatía a La Habana cobraba la segunda víctima a los De Cárdenas. Diez años antes, su hermana Elodia había muerto también, dejando seis pequeños.

Después de la pérdida irreparable, Calcavecchia nunca más volvió a casarse. Tapizó todas las paredes de la residencia con inmensos retratos al óleo de ella, encargados a sus amigos pintores italianos, a quienes envió fotos de su difunta esposa.

El 12 de septiembre de 1941 murió como consecuencia de una trombosis cerebral. Al año siguiente los restos de ambos fueron exhumados y trasladados a una bóveda en el Cementerio de Colón propiedad del hermano de Stefano, José Calcavecchia, donde aun reposan.

Una familia en los predios de la política

El doctor Julio de Cárdenas (1849-1922), abogado de profesión, fue Fiscal del Tribunal Supremo de la República y Alcalde Municipal de la capital en dos períodos. Fungió, además, como secretario de Justicia y de Gobernación. Instituyó los carnavales en Cuba.

Su hijo, el también abogado doctor Raúl de Cárdenas Echarte (hermano de Elena), fue ministro de Justicia, Gobernación, y vicepresidente de la nación bajo el mandato de Ramón Grau San Martín (1944-48). Al triunfo de la Revolución, permaneció en su casa del Vedado —G No.160 esquina a 13—, hasta su deceso en agosto de 1979, a los 95 años de edad.

CASUALIDAD HISTÓRICA

Celia de Cárdenas Echarte, hermana de Elena, contrajo matrimonio con el prestigioso ingeniero Luis Morales Pedroso, condueño de la firma Morales y Cía. Un hijo de ambos, Luis Morales de Cárdenas, se casó con Feliciana Menocal Villalón (Fichú), hija de Feliciana Villalón Wilson, cuyo rostro sirvió de inspiración al artista checo Mario Korbel para modelar el Alma Mater de la Universidad de La Habana.

(El autor agradece la cooperación de la licenciada Mirian Fernández, jefa del Departamento de Recorrido Turístico, y de los guías especializados Iraelio Valero y Marlén Durán, del Capitolio de La Habana).

miércoles, enero 10, 2007

Detectan en Cuba primer caso de síndrome de Proteus

Por Dora Pérez y Mairim Silva (Juventud Rebelde)

Laritza es una niña especial. Cuando usted llega a su casa ella, sin conocerlo, le echa los brazos al cuello y enseguida le da un beso. «Chacha, chacha», decía con su vocecita ronca, mientras nos ofrecía una pelota, invitándonos a jugar.

—Deja pasar a las muchachas, le decía su mamá.

Y mientras nos acomodamos en la humilde sala comedor de su casa, ubicada en el capitalino municipio de Boyeros, Laritza se acercaba, quería tomar la grabadora, la pluma, traía un rompecabezas, hasta que finalmente, después de retratarse, marchó feliz hacia el portal, a jugar con nuestro fotógrafo.

Laritza padece el síndrome de Proteus, una enfermedad congénita que se caracteriza por el crecimiento progresivo y desproporcionado de diferentes tejidos, con presencia de tumores subcutáneos, y un desarrollo atípico de los huesos con hemihipertrofia (aumento de tamaño de la mitad del cuerpo) y macrodactilia (aumento del tamaño de todas las estructuras de los dedos).

El padecimiento fue descrito por vez primera en 1979, y recibe el nombre de Proteus (dios griego que cambiaba su forma para evitar su captura) debido a que su fenotipo es cambiante a medida que la persona crece. Es un mal muy raro y solo existen en el mundo alrededor de cien casos.

UN DIFÍCIL DIAGNÓSTICO

Laritza Rodríguez Morell nació el 31 de agosto de 2001. Cuando su mamá, Mónica, la vio por primera vez, pensó que era síndrome de Down, por sus ojitos achinados.

«Nació con varias malformaciones —recuerda—, algunas muy poco perceptibles en ese momento, que con el tiempo se han agudizado. Si está vestida no se nota tanto, pero la manito y el pie izquierdos son más grandes. Su barriguita está deformada hacia un lado, debido a un linfangioma. Es estrecha de hombros y ancha hacia abajo, y tiene manchas en la piel. También tiene retraso mental».

—¿Cómo le diagnosticaron la enfermedad?

—Con 28 días de nacida fue remitida de urgencia a la consulta de neonatología del Hospital Pediátrico William Soler, porque la doctora del consultorio pensó en un hipotiroidismo congénito, al verla tan flaquita y a la vez tan barrigona. Allí el neonatólogo determinó que estaba desnutrida y que al parecer tenía flacidez de los músculos del tronco.

«Más tarde la examinó la genetista Aracelys Lantigua, subdirectora del Centro Nacional de Genética. Le prescribió unos cariotipos, que son exámenes para determinar si los cromosomas son normales, porque la niña evidentemente tenía algún problema, pero no se podía saber cuál era.

«Cromosómicamente, Laritza es normal. Entonces se pensó en algún síndrome, hasta que al hacerle un ultrasonido le encontraron quistes en los ovarios. Eso, junto con la deformación de su rostro, llevó a determinar que padecía síndrome de Proteus. Tenía en ese momento dos años y medio».

Atendiendo a la solicitud de Mónica, en el año 2004 se creó en el Hospital William Soler un equipo multidisciplinario integrado por especialistas en Neurología, Dermatología, Oftalmología, Genética y Cirugía, entre otros, formado para tratar a Laritza y a otros niños con padecimientos complejos.

«Esos médicos —explicó Mónica— deciden qué se hará con cada caso: si requieren algún tratamiento fuera del país, si hay que buscarles algún medicamento u otra cosa que se necesite.

«Cada especialista precisa un tiempo distinto para ver a la niña. No es lo mismo el seguimiento de los quistes, que tiene frecuencia mensual, que la consulta oftalmológica, que lleva un tiempo más largo, que el especialista de la piel quien, si no le aparece algo nuevo, no tiene que verla tan seguido».

En mayo de 2005, Laritza fue operada de los quistes que tenía, pero ya en noviembre de ese mismo año se le habían reproducido. Recientemente se le dilataron las venas de la rodilla, debido a una caída. El tratamiento de vendarle la pierna y dormir con los pies más altos que la cabeza, surtió efecto. Ahora su familia debe cuidarla de una nueva caída.

«Esa era una de mis preocupaciones —explica Mónica— porque ella estudia en la Escuela Solidaridad con Panamá, de impedidos físicos, donde la mayoría de los niños andan en sillas de rueda, y puede tropezar y caerse otra vez.

«Pero siempre hemos pensado que la escuela le haría mucho bien, porque ella tiene ansias de relacionarse, sobre todo con los niños. Creo que psicológicamente un maestro en la casa tendría que ser el último recurso, solo si no pudiera de ninguna manera ir a la escuela, porque le encanta».

LA PÍCARA LARITZA

Una vez que Laritza fue diagnosticada, se creó en el policlínico Mario Muñoz Monroy, del Wajay, en su área de residencia, un equipo de rehabilitación integral formado por una defectóloga, una logopeda y un fisioterapeuta.

Gracias al trabajo de estos especialistas, quienes trataron semanalmente a la niña durante tres años, hasta que empezó la escuela, ella superó varios problemas, como la rigidez en sus miembros, el babeo intenso, la emisión únicamente de sonidos guturales y un interés exclusivo por los juegos.

Hoy Laritza camina en una sola línea, salta alternando los pies para buscar equilibrio, lanza y atrapa una pelota y hasta corre, aunque no velozmente. Sabe reconocer y describir todos los objetos que aparecen en láminas, conoce los colores y aprendió a hacer rasgados, a colorear figuras y a armar rompecabezas de piezas grandes.

Para Matilde Ramírez, licenciada en Defectología, la actitud de la familia ha sido la clave fundamental para todo el avance de la niña.

«Todos ellos: mamá, abuela, tío, están en función de ella. Son personas capaces de estimularla, de ayudarnos en todo lo que pueden. Algunos de los niños de mi área de salud no tienen la suerte de tener una familia así, que es consciente de la enfermedad de la niña y coopera, sin complejos.

«Por el contrario, Laritza juega con los niños del barrio, sale, pasea, y asiste a otras terapias de rehabilitación, como la equinoterapia y el psicoballet».

Laritza comenzó este curso en la escuela como maduradora. Se trata de una etapa en que debe madurar su área cognoscitiva para un posterior aprendizaje.

Según explicó Esther La O (Teté), directora del centro, la llegada de la niña ha sido un reto para los especialistas.

«Como el síndrome de Proteus es una patología nueva, que nunca habíamos confrontado, la estamos estudiando con los profesores, tengan o no tengan que ver con Laritza.

«En nuestro caso lo importante son las relaciones sociales, su estudio biopsicosocial, porque la parte biológica está y no la vamos a cambiar. Para trazar nuestras estrategias de intervención, partimos de las potencialidades de la niña y de lo cariñosa que es, del amor que te pide, del querer siempre estar pegada a alguien».

Al inicio del curso, la mamá de la niña permanecía en el aula, y le llevaba un potecito con puré para que almorzara. Gracias al trabajo desempeñado por su maestra, ya es capaz de recibir sus clases sola y de comer los alimentos elaborados en la escuela, sentada a la mesa.

Mirtza Martínez Rodríguez, licenciada en Defectología, tiene a su cargo la enseñanza de Laritza y de otros cinco niños con diferentes patologías, que incluyen parálisis cerebral, luxación de cadera, síndrome de Down y mielomeningoceles. Todos presentan retardo mental.

«Ella es inteligente. Tiene sus ocurrencias. Yo estoy escribiendo, viene, me abraza y me dice: “Maestra, pipi”. Eso es para que la saque del aula. No es que tenga deseos de orinar, porque lo primero que hacemos cuando vamos para el aula, es llevarlos al baño. Pero ella se me pega y me dice eso para que yo la vuelva a sacar del aula.

«Le digo: “No, Laritza, ahora vamos a trabajar”. Entonces se mete el dedito en la boca y empieza a acariciarme el pelo, y a ablandarme. Y yo: “No, Laritza, ahora vamos a trabajar”. Y la siento, y le pongo los colores para que me los diga, porque si no, me convence con sus abrazos y sus besos».

—¿Qué es lo que más le gusta hacer a Laritza?

—Caminar, deambular por toda la escuela. Como tiene retraso mental, cuesta crear en ella hábitos y habilidades para poder desarrollar normas de conducta.
«Está acostumbrada al aire libre, parece un pajarito que necesita estar fuera del aula para poder resolver sus problemas. No le gusta estar encerrada, le cuesta trabajo sentarse para recibir una actividad».

—¿Qué actividades realiza en la escuela?

—Ella trabaja las figuras geométricas, los conjuntos, traza líneas para lograr el curso. Ya conocía los colores, pero ahora tratamos de asociarlos a la vida diaria, al igual que las figuras geométricas. Le pregunto: “¿Cómo es la pizarra, Laritza?”. O le digo: “Búscame un círculo en el aula”. Entonces se levanta de su silla y mira los objetos, hasta que los encuentra. Ya hace oraciones completas. Por ejemplo, le digo: “¿Cómo es el patico?”, y responde: “El patico, lindo”.

«Además, recibe terapia ocupacional, en la que desarrolla ejercicios de atención, como el juego de ensarte, y aprende habilidades como abotonarse la blusa o atarse los cordones».

—Es una niña muy alegre, ¿nunca llora?

—Lo único que la hace llorar es el momento en que su mamá se va de la escuela. Entonces trato por todos los medios de buscarle cosas que la motiven para que se adapte. Ayer mismo la llevamos a la peluquería, se pintó las uñas, la peinaron, le tiramos fotos, y se calmó.

«Nosotros desarrollamos sistemáticamente el trabajo con los papás en el departamento de Psicología. Cuando vemos que hay sobreprotección de ellos hacia el niño, hacemos el estudio del caso. Y con la mamá de Laritza ya hemos ido trabajando en esto, porque formamos a los muchachos para una vida independiente. Ahora vamos logrando quizá una Laritza más madura, más responsable dentro de su dificultad. Y lejos de criticar a su mamá por su sobreprotección, le damos herramientas para que siga educándola.

«Aquí tiene que comer sola. ¡Cuántas veces me ha embadurnado de comida...! Un día le dije: “¡Ay, mira mi pulóver blanco, como está embarrado de frijoles negros!”. Y ella se echó a reír, es muy “maldita”».

Teté expresó su propósito de reunirse con el equipo multidisciplinario que atiende a la niña para recibir orientaciones desde el punto de vista clínico.

«Puede pasar que pedagógicamente logremos poco con la niña, pero en el ámbito educacional no se ha dicho la última palabra. Se puede desarrollar autovalidismo, hábitos, convivencia social... Cuando finalice el curso, tendremos que hacer una valoración de hasta dónde hemos llegado, y seguro ya tendremos

jueves, enero 04, 2007

La B del M: Una pausa en el centro histórico de La Habana


Tradiciones centenarias, mezclas de estilos arquitectónicos y el calor del clima cubano se unen para completar los atractivos del centro histórico de La Habana, donde también la gastronomía está presente en sitios como la famosa Bodeguita del Medio.

Con una historia que ya cuenta con 59 años, llegó a la capital de la mano de Angel Martínez -su primer dueño (ya fallecido)- quien trató de agrupar en un establecimiento al sector bohemio de la ciudad.

Considerado como la Meca del cerdo asado y la más típica oferta culinariacubana, La Bodeguita -como muchos la conocen- consolidó en los últimos años su papel como la casa de comidas local abanderada por excelencia de la nueva era del turismo en el país.

La B del M se encuentra a unos pasos de La Plaza de La Catedral, (Empedrado 207), un sitio sumamente visitado por turistas y entre sus ofertas mas conocidas esta el Mojito, trago a partir de ron cubano ligero, hierba buena, limón, hielo y azúcar.

Precisamente ese preparado convirtió al novelista estadounidense Ernest Hemingway en uno de los clientes asiduos del restaurante, atraído además por el acogedor y familiar ambiente que se respira una vez que se traspasa la puerta, con exquisitos olores de una cocina capaz de satisfacer todos los gustos.

Allí se sirve, sobre todo, el cerdo asado, arroz moro (elaborado con frijoles negros) y cerveza fría (ideal para el cálido clima cubano), pero lo que se lleva las palmas de la popularidad son los "chicharrones", piel de cerdo frita y crujiente, muy demandada para acompañar un buen trago.

Sin embargo, la fama de la Bodeguita no solo está en su comida, sino también en una singular costumbre que lleva a los comensales a estampar sus firmas, frases y fotos en las paredes del establecimiento, como una señal indeleble de su paso por la mayor de Las Antillas y que suman ya varios miles.

Es muy larga la lista de personajes famosos que comieron en él, desde el Premio Nobel de Literatura Ernest Hemingway hasta el extinto presidente chileno Salvador Allende, pasando por bailarines, pintores, escritores y artistas de todo tipo y país.

A la oferta tradicional del popular mojito se incorporaron a solicitud de los clientes nuevas opciones con una carta que muestra un amplio surtido de vinos españoles, chilenos y por supuesto, cubanos.

Además, existe una franquicia con su nombre, con establecimientos similares en países como Italia y México y la perspectiva de extender estos espacios a otros sitios.

Precisamente la fama de la B del M trasciende ya las fronteras de la mayor de Las Antillas para alcanzar el viejo continente, Latinoamérica y los países arabes, con su más reciente incursión en Varsovia, la capital polaca.

Entre los logros de los últimos meses en su gestión internacional la franquicia que opera en París se alzó con el premio Trofeo de la Noche, equivalente informal al Oscar gastronómico, en competencia con cerca de 12 mil restaurantes de cocinas extranjeras establecidos en Francia.

Bajo la sombrilla de la cadena hotelera cubana Gran Caribe, La Bodeguita del Medio es toda una institución gastronómica y cultural, con varios reconocimientos internacionales, siempre a la espera de los visitantes con su mejor oferta.

martes, enero 02, 2007

¿Nevó o no nevó en La Habana?

Por Dora Pérez y Mayte María Jiménez, estudiante de Periodismo (Juventud Rebelde)

«¿¡Nevar en La Habana!? Yo nací en 1936 y vivo en La Habana Vieja desde joven, al lado de la Catedral. Siempre he hablado con personas mayores y entre sus anécdotas nunca mencionaron que en el Capitolio haya caído nieve alguna vez».

Así expresó a estas reporteras Juan Gualberto González, quien trabaja como parqueador de autos en la calle Teniente Rey, en ese municipio, adonde acudimos en busca de testimonios que confirmaran si hubo o no nieve en la capital.

La incógnita la trajo a este diario Alfredo Mateo, antiguo periodista de JR, quien afirma que el 28 de diciembre de 1932 el Capitolio y las zonas aledañas al Parque Central amanecieron cubiertas de nieve.

Como prueba, trajo consigo un artículo publicado en la Revista Carteles, en la primera edición del año 1933, que mostraba fotos de lo ocurrido, así como dos partes meteorológicos del Observatorio Nacional y el de Belén, que atestiguaban la inusitada nevada y sus posibles causas.

«Por primera vez en Cuba, se ha producido en la mañana de hoy una ligera nevada, que afectó el centro de La Habana, algunos puntos de la periferia y el litoral en una extensión aproximada de cinco millas. La nevada comenzó a las 6:17 minutos y terminó a las 7:11. El fenómeno puede atribuirse a la penetración de una corriente fría, a baja altura, en la atmósfera tropical, saturada de humedad. A esa hora se registraban altas presiones en el nordeste de Estados Unidos, presión normal en el Caribe y una ligera depresión en la zona del Istmo».

Fue esta la información que, firmada por José Carlos Millás, director del Observatorio Nacional, formaba parte del artículo del semanario Carteles.

Por su parte, el texto del Centro de Belén atribuía el fenómeno a los extraordinarios descensos de temperatura registrados en Estados Unidos en ese período. Destacaba además que la temperatura en La Habana no había sido inferior a 15 grados centígrados y la presión atmosférica se mantuvo normal.

Pero Esteban Muro, de 86 años, asegura no haber escuchado nunca comentarios sobre una nevada. Lo mismo opina el matrimonio de Marta Cintas y Enrique Marrero, con 46 años de casados, quienes nunca han oído algo relacionado con un fenómeno tan peculiar.

Sin embargo, a José Antonio Pérez, pinareño nacido en 1925, no le extrañaría ver nieve en La Habana. «Una vez —explicó— en una zafra en Güira de Melena, cayó una escarcha tan grande que se me entumecieron los pies y no podía moverme, del dolor tan grande que tenía.

«Vivo en la capital desde los siete años, y aunque nunca supe de nevada alguna, creo que en cualquier momento puede pasar. En definitiva, en la Florida tampoco había nevado, y ahora, a cada rato sucede».

LA CIENCIA TIENE LA ÚLTIMA PALABRA

«La nieve es una precipitación que se forma en copos que caen muy suavemente. Para eso es necesario que en toda la capa, desde la nube hasta la tierra, haya temperaturas de cero grados o menos.
«En Cuba esas condiciones no se pueden dar. Somos un archipiélago, estamos rodeados por el Golfo de México, y esas aguas conservan las temperaturas muy altas. Suponemos que cae nieve allí, pero entonces, cuando llega abajo, al irse elevando las temperaturas, cae en forma de lluvia», explicó a JR el doctor en Ciencias José Rubiera, director del Centro de Pronósticos del Instituto de Meteorología.

Él conocía el rumor de la nevada en La Habana y asegura que tal hecho es imposible. Según afirma, para que este fenómeno se produzca es necesaria una entrada de aire de temperaturas muy bajas, que enfríe suficientemente. Después debe venir otro frente frío, que permita que esa precipitación se mantenga como nieve y caiga en esa forma.

—¿Y eso no pudiera suceder con la entrada de un frente frío?

—El momento en que más frío hace en el país es cuando vienen los vientos del norte-nordeste, que atraviesan la Florida, el punto más próximo a nuestras costas, y llegan a Cuba.

«Al penetrar el aire en tierra, tras cruzar ese pedacito de mar de aguas cálidas, no llega a Ciudad de La Habana con las temperaturas tan bajas. Luego, al seguir avanzando por tierra, se vuelve a enfriar poco a poco. Por eso es que en la capital nunca hace tanto frío como en la llanura Habana-Matanzas», argumenta el experto.

Lo ocurrido en 1932 no es el único suceso sobre el cual se debate en la Isla. Según comentó el doctor Rubiera, existe una alusión del padre Benito Viñes, una de las figuras más reconocidas de la Meteorología en Cuba, de que en el año 1856, en Pinar del Río, hubo un invierno tan frío que la cumbre de una colina se cubrió de nieve.

Asimismo, un periódico de Santa Clara, de 1913, hace referencia a una granizada en el municipio de Fomento.

«En ambos casos —aclara el especialista— puede tratarse de la poca cultura de las personas en aquellos tiempos, que propició que se confundieran posiblemente con escarcha, que es un fenómeno diferente. La escarcha es el rocío que se congela en superficies muy frías, como los aleros de las casas, techos, autos, superficies metálicas.

«En 1955, el piloto de un avión de la línea Pan American que sobrevolaba el país, afirmó haber visto nieve. Esto es posible, pero solo a la altura de la nave. Seguramente esa nieve cuando llegó a tierra lo hizo en forma de lluvia».

—¿Por qué en la Florida, que está tan cercana a nosotros, ha nevado en ocasiones?

—No solo en la Florida, en otras regiones que se encuentran en la misma latitud de nuestro país, ha pasado. La respuesta está en que forman parte de un continente, no están rodeados totalmente de agua como nosotros.

¿INOCENCIA BURLADA?

El «misterio» de si nevó o no se esclarece con las opiniones de los meteorólogos. Aunque no solo el reportero Alfredo Mateo cree posible aquel hecho. Las hermanas María Josefa y Lidia Rojas, nacidas en 1927 y 1929, respectivamente, escucharon entre las historias contadas por su madre una relacionada con la nieve en un lugar de la capital.

Pero en nuestra investigación encontramos que los partes meteorológicos del Diario de la Marina, en los días 27, 28 y 29 de diciembre de 1932, no indicaron ninguna alteración climática. Incluso la información emitida aquel miércoles a las 12:00 m, señaló temperaturas mínimas locales de 17,4 centígrados.

El supuesto fenómeno se produjo un 28 de diciembre, precisamente cuando se celebra tradicionalmente el Día de los Santos Inocentes. En esta fecha muchas personas maquinan bromas, engaños y tomaduras de pelo. No sería extraño, pues, que incluso la revista Carteles, publicación de corte variado, se prestara para tal «inocentada» que, al pasar de los años, algunos dan aún por cierta.