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viernes, diciembre 04, 2009

MARIA ELENA LLORENTE EN SU ESPECIAL ANIVERSARIO

Por Miguel Cabrera* (Granma)

Rubia, menuda, cuatro años de edad y una irrefrenable vocación para la danza, eran los avales de María Elena Llorente al ingresar, en 1950, en la Escuela de Ballet de la Sociedad Pro-Arte Musical de La Habana.

En 1954 abandonaría Pro-Arte en busca de un método de ballet más riguroso y de más amplios horizontes, aunque su quehacer estaba aún lejos de encaminarse hacia la vida profesional. Junto a Alicia Alonso y Fernando Alonso, complementó su formación artístico-técnica en la Academia de Ballet Alicia Alonso, donde conocería también de las luchas que se libraban en el país por desarrollar un movimiento de ballet libre de limitaciones elitistas. Su primera experiencia escénica con el entonces Ballet de Cuba (hoy Ballet Nacional de Cuba), se produjo en 1955, al interpretar el rol de uno de los «Pajecitos» en las representaciones de El lago de los cisnes. El mundo fascinante del teatro, la labor profesional de los bailarines y el ejemplo del arte de Alicia Alonso, se mostraron aleccionadores ante sus ojos infantiles. Años más tarde, el 11 de junio de 1959, habría de realizarse su debut artístico profesional, en el Teatro de la Escuela Normal de Maestros de La Habana, como invitada del Centro Vocacional Artístico Musical de Guanabacoa, al interpretar «Flores cristalizadas», en una escenificación del ballet Cascanueces, de Chaikovski.

El triunfo revolucionario de 1959 abrió una nueva etapa en el quehacer artístico de la joven bailarina. Superadas las penurias económicas y las incomprensiones oficiales, el ballet cubano pudo, al fin, ir a la conquista de sus grandes aspiraciones históricas. Llorente se iniciaría profesionalmente al ingresar en 1962 en el elenco del Ballet Nacional de Cuba, donde redobló esfuerzos en pos del dominio técnico, la ductilidad estilística y la riqueza expresiva, indispensable a todo verdadero artista de ballet.

El año 1967 marcaría la nueva altura de su vuelo artístico, al ser promovida al rango de solista, que le dio a conocer como una nueva personalidad del ballet cubano, de fuerte técnica y bella apariencia escénica, capaz de otorgar un especial lirismo a cada una de sus apariciones en la escena. Desde entonces, Llorente devino favorita del público, quien no vaciló en definirla como sinónimo de precisión y buen gusto.

En 1973 realizaría los estrenos mundiales de dos obras de gran trascendencia, no solo en su repertorio como intérprete sino también en el quehacer coreográfico de la compañía: Tarde en la siesta y El río y el bosque, ambas de Alberto Méndez, consideradas por el público y la crítica especializada como verdaderas joyas de la coreografía cubana.

Llorente fue, desde sus inicios, una intérprete de un vasto registro, en el que figuraron los ballets románticos y clásicos más famosos, junto a coreografías de vanguardia, tanto cubanas como extranjeras. En la misma medida que se producía su desarrollo como bailarina creció una galería de personajes, muchos de ellos de especial trascendencia en el quehacer coreográfico de la Escuela Cubana de Ballet.

Con el Ballet Nacional de Cuba, donde ostentó el rango de Primera Bailarina desde 1976, cosechó notables éxitos en sus numerosas giras por América Latina, Europa, Asia, Estados Unidos, Canadá, y Australia.

A lo largo de su valiosa y extensa trayectoria artística Llorente se ha hecho acreedora de importantes galardones, tanto en su país como en el extranjero.

El 28 de octubre del 2002, fecha en la que se conmemoraba el aniversario 44 de la fundación del BNC e inauguraba el XVII Festival Internacional de Ballet de La Habana, María Elena Llorente decidió poner fin a su carrera como bailarina, dejando un saldo de más de cuatro décadas de fecunda labor. A partir de entonces, la Llorente ha dedicado todas sus fuerzas y vasta experiencia al campo de la enseñanza como maître y estrecha colaboradora de Alicia Alonso en el quehacer de la compañía, tanto en el plano nacional como internacional, confiada en la perdurabilidad de la Escuela Cubana.

Después de medio siglo de total entrega profesional a esa compañía y a esa Escuela, resume su legado para las presentes y futuras generaciones, al decirnos, en su modesta manera de siempre: "El ballet se ha desarrollado mucho en Cuba; pero me gustaría que el Ballet Nacional se mantuviera siempre como el más fiel guardián de ese pensamiento inicial, de esos sólidos principios que le han ganado a nuestra Escuela un lugar en la historia. Me gustaría que todo mi trabajo, durante tantos años, se viera como mi modesto granito de arena en ese empeño".

*Historiador del Ballet Nacional de Cuba