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jueves, noviembre 13, 2008

PALABRAS QUE VAN Y VIENEN

Usemos vocablos cuyo significado sabemos
Por Celima Bernal (Juventud Rebelde)

Hace poco, en una notaría, oí un disparate «olímpico». Un señor enumeraba las razones, que conste, nadie le había solicitado ninguna explicación, para hacer un testamento a favor de su hija.

Es que por ley de la gravedad, decía, voy a morir primero que ella.

No estaba enfermo, nada de estadio terminal. Pensé entonces que andaba planeando lanzarse desde la azotea de la casa. Era de suponer: gravedad, como sabemos, es además de agravamiento del mal que se padece, la tendencia de los cuerpos a dirigirse a la Tierra, cuando cesa la causa que lo impide; pero el señor no demostraba ningún afán de suicidarse. Figuradamente, gravedad significa grandeza, importancia; tampoco tenía nada que ver esta acepción con aquella decisión de testar. Se refería, sin dudas, a la ley de la vida. Sí, es lo lógico: los progenitores generalmente fallecen antes que su prole.

Uno debe usar los vocablos cuyo significado conoce; no andar buscando por aquí y por allá.

LAS RESPUESTAS DE HOY

Amanda Martí Coll quiere saber algo de lo que hablé hace tiempo. Se trata del nombre de los adjetivos que denotan idea de abundancia, como rocoso, pedregoso y arenoso. Se llaman abundanciales.

Un lector desea conocer acerca de la conjugación de los verbos fantasear y negociar. El primero es dejar correr la fantasía o imaginación. También preciarse de lo que no se posee, imaginar algo fantástico. Aunque el sustantivo es fantasía, se conjuga como amar pues es un verbo regular: Yo fantaseo, no «yo fantasío».

El segundo, tratar y comerciar comprando y vendiendo o cambiando géneros, mercaderías o valores, para aumentar el caudal. Tratar asuntos públicos o privados procurando su mejor logro. Hay otras acepciones, pero vayamos a la conjugación, que es la duda del amable «enemigo de la publicidad», así se autocalifica: Negociar es regular también, y se dice: Yo negocio, en lugar de ese «yo negoceo» tan desagradable que él ha escuchado a veces.

Recibí este mensaje de Ivonne Viera: «Buenas, estoy escribiendo a esta sección pues he escuchado a varias personas, entre ellas a mi mamá, decir la palabra: “quede”, para referirse a cantidad, por ejemplo: “¡Quede niños hay en la escuela!”“¡Quede comida hay en la cocina!” ¿Está bien empleado?» Está bien empleado, pero mal escrito; además no se trata de una palabra. Lo correcto es: ¡Qué de niños hay en la escuela!, ¡qué de comida hay en la cocina! Recuerda los versos de nuestro Nicolás Guillén: «¡Qué de barcos, qué de barcos!// ¡Qué de negros, qué de negros!...»