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viernes, octubre 17, 2008

Latidos de bronce en La Habana

Por Caridad Labrada Curbelo (Radio Habana Cuba)

Con extraordinaria fuerza expresiva, legendarias personalidades irrumpen en la otrora Villa de San Cristóbal de La Habana. Las míticas figuras del ex-beatle John Lennon, la excepcional monja de origen albanés Madre Teresa de Calcuta, el insigne escritor norteamericano Ernest Hemingway y el Caballero de París, de dudoso origen, llegaron para quedarse con la perspectiva de convertir a Cuba en paradigma mundial de los valores artísticos y culturales integrados al desarrollo del turismo.

Como celosos guardianes, su permanencia da vida al entorno, motiva a quienes prefieren transitar por las añejas callejuelas, plazas y parques de la parte más antigua de la ciudad que, en desafío a sus casi 500 años de existencia, adquiere cada día mayor esplendor con atractivas evocaciones al pasado, a través de personajes convertidos en leyenda.

Ubicadas en sitios sugerentes de la ciudad, las esculturas humanizadas trascienden el tratamiento tradicional de poses heroicas o teatrales por otras desenfadadas, según el ambiente propicio a cada personalidad. Esculpidas en bronce por el artista José Villa Soberón, forman parte de un proyecto que muestra la autenticidad de la cultura como añadido exclusivo a productos turísticos.

Sentado en un banco del parque de 17 y 6 en el Vedado, con la vista perdida a través de sus anteojos redondos, el ex Beatle, autor de Imagine y otras memorables composiciones, está rodeado la mayor parte del tiempo por personas de diversas edades, que acuden a saludarlo, pedirle un deseo o llevarse su imagen atrapada tras el lente fotográfico.

Ubicado sobre un piso de mármol donde se lee: "Dirás que soy un soñador, pero no soy el único", su canto a la vida se prolonga eternamente.

Para su escultor, el chico de Liverpool, asesinado en New York a los 40 años de edad, el 8 de diciembre de 1980, resulta "Un genuino destructor de esquemas, porque hizo de su arte un acto de protesta ante las injusticias del mundo" y agrega: "Yo cumplí una deuda de mi generación, al rendir homenaje a uno de los integrantes del cuarteto que revolucionó la música contemporánea".

El tributo de una mujer profundamente humanista está igualmente presente en la obra de Villa. De pequeña estatura, encorvada hacia delante, con un libro en las manos y vestida con su tradicional hábito, la Madre Teresa de Calcuta, nacida el 29 de octubre de 1910 en Macedonia, aguarda la llegada de los curiosos en el patio interior del antiguo Convento de San Francisco de Asís.

Debido a su entrega incondicional a la defensa de los pobres, la venerada monja, nacionalizada en la India y mundialmente admirada como una de las personalidades más influyentes de finales del siglo XX, contaba a su deceso en 1997 con varios premios, entre éstos el Nobel de la Paz.


Mientras, en un extremo de la barra del centenario bar restaurante El Floridita, permanece la escultura de Ernest Hemingway, hombre signado por las contrariedades y el sufrimiento. Desde su nacimiento el 21 de julio de 1899 en Oak Park, Illinois, la vida le reservó disímiles aventuras, muchas de ellas motivo de inspiración en su extensa lista de títulos literarios y artículos periodísticos, que lo sitúan como uno de los más relevantes en las letras del siglo XX.

Quizás por eso y recuperados de la primera impresión, los turistas acuden presurosos a hacerle compañía para perpetuar el homenaje a este peculiar huésped de Cuba, cuya vida se apagó en 1961. Luego de Fiesta, novela que le dio fama, Hemingway escribió otras títulos que son clásicos de la literatura uinversal, entre ellos, ¿Por quién doblan las campanas?, Adiós a las Armas y El Viejo y el Mar; esta última, tan convincente y heroica, narra las peripecias de un viejo pescador cubano y sus avatares frente al mar. Este novela corta le hizo ganar el Premio Pulitzer de Literatura en 1953.

Y así, inspirados por la caminata, el viajero llevará consigo una mezcla de nostalgia y sorpresa por los misterios aún sin develar en cada rincón oculto de esta ciudad inquietante y hermosa, con el deseo de acudir nuevamente al encuentro silencioso con los corazones de bronce, que laten y claman por el amor de la humanidad.