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martes, septiembre 18, 2012

PALABRAS QUE VAN Y VIENEN


¡Qué calor!
Por Celima Bernal (Juventud Rebelde)
Caricatura: LAZ
Estimada lectora Mary: Justamente este mes cumplo 20 años de escribir acerca del lenguaje. Primero fueron 15 años en Granma; ahora, cinco en Juventud Rebelde. Antes había publicado entrevistas, artículos humorísticos, crónicas, en Trabajadores, dedeté e incluso en estas páginas, unas veces con mi nombre y otras con seudónimos: Celia María o el anagrama Camile Lebrán Ragaci. Cuando me preguntan por qué nunca he querido cobrar mis miniclases, respondo: «Nada puede ser más gratificante que las frases halagadoras de mis lectores», como esas tuyas, que acabo de leer en Frente al espejo, la sección que redacta el querido amigo Javier Dueñas Oquendo. Ningún dinero me haría más feliz. Gracias, muchas gracias.

Paso a contestar tu duda: Debe decirse: ¡Qué calor! En caso de usar la palabra clase, lo correcto es: ¡Hace una clase de calor insoportable!, no «¡Hace un clase de calor insoportable!». Calor es masculino (no ambiguo) en la lengua culta. En tiempos medievales era normal su empleo como femenino. Los diccionarios aclaran que los literatos emplean «el calor» para dar un matiz arcaizante, si así lo desean. Por ejemplo, en esa bellísima composición: Se equivocó la paloma, el gran Rafael Alberti, la utiliza con ese género. El resultado no pudiera haber sido mejor.

De cualquier modo, en el caso que te interesa, una debe concordar con clase (femenino), no con calor. Así es que, fíjate, no sería correcto: «un clase».

Eduardo III de Inglaterra conquistó Calais en 1347. Durante el baile que siguió a la toma de la ciudad, a la bellísima Juana de Kent, condesa de Salisbury, se le cayó una liga. El rey la recogió y, según unos, la colocó en su propia pierna como una condecoración. Otros dicen que la devolvió a su dueña con ademanes corteses, mientras pronunciaba una frase que aún se usa: Honni soit qui mal y pense (Vergüenza pase quien mal piense). Desde entonces, estableció la llamada Orden de la Jarretera, la más noble de las ocho que concede el Imperio británico. La divisa de la orden figura en el escudo real inglés, y la cinta azul de la liga, la circunda.