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martes, diciembre 13, 2011

PALABRAS QUE VAN Y VIENEN

¿Y cuántos años hace que no duerme?
Por Celima Bernal (Juventud Rebelde)


Me parece que resultaría entretenido y útil repasar, de vez en cuando, mediante ejercicios, lo aprendido en esta columna. La idea me la brindó un jovencito muy estudioso, Harold García Arranz. Él leyó en la prensa: «Retornó de nuevo a las tablas un actor norteamericano famoso por su profesionalismo». Y nos dice: Retornó a las tablas o De nuevo en las tablas. Además, si es famoso por su talento, pues es profesionalidad y no «profesionalismo», que sería por su afán de lucro. Confiesa el lector que estas cosas las aprendió con nosotros.

Comencemos a buscar los errores. Veamos: «Desearíamos que vengan a casa, estaremos esperándolos acá, mañana a las cinco p.m. de la tarde. Posiblemente hayan muchos otros invitados». Pues, para empezar, vinieran, y no «vengan»: las formas verbales han de guardar concordancia. Aquí, en vez de «acá». No hay otras cinco p.m., que no sean las de la tarde. Y «hayan» por haya es también un disparate, porque se trata de una forma impersonal del verbo haber que, como todas, no admite plural. ¿Creíste que «otros muchos» constituía un dislate? No, es correcto, igual que «muchos otros».

«Las otras tardes caminaba por el desierto con mucho hambre y mucha sed hasta que, en un momento determinado, caí al suelo. Cuando volví en sí, estaba rodiado de mis preocupadísimos compañeros». Digamos: la otra tarde, en vez de «las otras tardes». Mucha hambre, y no «mucho hambre». El hambre es un sustantivo femenino, aunque como comienza con a tónica, no importa que lleve hache delante, se usa con los artículos el y un; no con «la», ni con «una»; tampoco con adjetivos masculinos, como en este caso. El momento no pudo haber estado determinado por nada ni por nadie; sucedió en un momento, nada más, hay que quitar inmediatamente el «determinado» que sobra. En cuanto al suelo, está de más también —¿adónde iba a caer?—, pero no hay que exagerar, dejémoslo si quieres. Volví en mí, no en «sí». Rodeado, sin debilitar la e, hablamos de eso hace poco.

Una persona aficionada sobremanera a los errores en la conversación, aseguraba: Cuando cometo algún error, paso la noche desvelada. Daba deseos de preguntarle: ¿y cuántos años hace que no duerme?