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sábado, agosto 13, 2011

PARADIGMA DE LA METEOROLOGÍA CUBANA

Por Orfilio Peláez (Granma)

El doctor Mario Rodríguez Ramírez fue el primer director del
Instituto de Meteorología, creado en 1965. Foto: Korda

Como afirman muchos de quienes fueron sus discípulos, el doctor Mario Rodríguez Ramírez dejó una huella imborrable en la historia y desarrollo de la meteorología cubana, en particular durante la segunda mitad del pasado siglo XX.

Nacido el 9 de agosto de 1911, en la ciudad de Manzanillo, siendo aún estudiante universitario entró a trabajar en el entonces Observatorio Nacional, en marzo de 1936, donde ocupó una plaza de auxiliar.

Obtuvo el doctorado en Ciencias Físico-Químicas y luego en Ciencias Físico-Matemáticas, en la Universidad de La Habana, con apenas un año de diferencia entre 1941 y 1942, para posteriormente titularse de Máster en Meteorología en la Universidad de California, y hacer un curso sobre pronóstico de huracanes durante catorce meses en el Weather Bureau, de los Estados Unidos, el cual terminó en febrero de 1947.

Según cuenta el profesor Luis Enríquez Ramos Guadalupe, historiador de esa disciplina científica en Cuba, a su regreso del país norteño Rodríguez Ramírez era el profesional mejor calificado y con una formación académica más completa dentro del servicio meteorológico de la mayor de las Antillas, solo aventajado por el ingeniero José Carlos Millás, director del mencionado Observatorio.

Por sus conocimientos es designado subdirector de esa entidad y junto con el desempeño de tal responsabilidad, participa de manera activa en la organización y desarrollo de diferentes cursos de instrucción teórica y práctica para capacitar a observadores meteorológicos.

Asimismo, introdujo nuevos procedimientos de predicción en el trabajo operativo, y en 1951 comenzó a prestar servicios a la compañía Cubana de Aviación para sus vuelos comerciales, labor que mantuvo por espacio de quince años.

Uno de los más importantes aportes científicos de Mario Rodríguez lo constituyó, sin duda, el esbozo de la denominada Teoría Vorticial, para explicar el proceso de formación y desarrollo de los huracanes, la cual expuso en renombrados centros meteorológicos de los Estados Unidos, Europa y América Latina, y trabajó en ella a lo largo de 23 años.

Al crearse el Instituto de Meteorología en 1965, se convierte en su primer director y funda la Escuela de Meteorología, desde cuyas aulas imparte diferentes asignaturas y contribuye a formar decenas de jóvenes especialistas, que en la actualidad cumplen importantes funciones en esa institución perteneciente al Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA).

Desempeñó un papel protagónico en el surgimiento de la red nacional de estaciones meteorológicas (suman 69 en la actualidad), y bajo su guía tuvo lugar la instalación y puesta en marcha de la primera estación receptora de fotografías tomadas por satélites meteorológicos existente en Cuba, inaugurada el 23 de marzo de 1969.

Celoso cumplidor de sus obligaciones profesionales, el profesor Rodríguez Ramírez trabajó en 35 temporadas ciclónicas y hubo de enfrentarse a situaciones muy complejas, como fueron el azote del ciclón Flora, en octubre de 1963, y del Inés, en 1966, por cierto, el organismo ciclónico que tiene el récord de más boletines especiales emitidos por el Instituto de Meteorología.

Ante cualquier peligro inmediato para nuestro país, apuntó el historiador Ramos Guadalupe, montaba una suerte de "estado mayor" en su oficina, donde permanecía de manera ininterrumpida sin abandonar su puesto de trabajo, hasta tanto las circunstancias lo exigieran.

Intervenía de manera directa en la elaboración y el análisis de los mapas del tiempo, incluso, supervisando el ploteo y el trazado de las isobaras, además de redactar los avisos correspondientes.

Fue representante de nuestro país ante la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y miembro de diferentes sociedades científicas nacionales e internacionales, entre ellas la American Meteorological Society, y la British Interplanetary Society. Por su valiosa contribución al desarrollo de esa disciplina en Cuba recibió la Orden Nacional Carlos Juan Finlay, que entrega el Consejo de Estado, y otras distinciones.

En el plano personal, supo inculcar a su familia los valores éticos que siempre practicó, y el amor a la tierra que lo vio nacer hace cien años. Ya jubilado, pero sin desvincularse jamás de su pasión por la meteorología, Mario Rodríguez Ramírez falleció en La Habana el 15 de diciembre de 1996, a la edad de 85 años.