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martes, junio 14, 2011

RAFAEL GARCÍA BÁRCENA: EJEMPLO Y PRECURSOR

Por Armando Hart Dávalos (Granma)

Rafael García Bárcena
Rafael García Bárcena pertenece a los personajes imprescindibles de la cultura cubana que irrumpieron en la vida pública en los años veinte y treinta y que mantuvieron en alto las banderas de la revolución social, radical y antimperialista durante las décadas del cuarenta y el cincuenta. Esa fue su orientación política hasta su desaparición física el 13 junio de 1961.

Está junto a Julio Antonio Mella, Rubén Martínez Villena, Antonio Guiteras, Pablo de la Torriente Brau, Raúl Roa y tantos otros más que sirvieron de ejemplo a los combatientes del Moncada, de la Sierra, del Llano y de la Clandestinidad y que fortalecieron las ideas necesarias para la victoria de enero de 1959. Como ellos, mantuvo un principio esencial: la ética heredada de la mejor tradición de Varela, de Luz, de Martí válida hasta nuestros días, y que hoy se requiere para encontrar los caminos del socialismo del siglo XXI. Esa tradición sirvió de fundamento a un radical antimperialismo y a la vocación universal de nuestro pueblo, presentes en la identidad nacional cubana y que Martí sintetiza en el concepto "Patria es humanidad".

Tuve el inmenso honor de ser cercano colaborador y de defender a García Bárcena en el proceso judicial que se le siguió cuando organizaba una insurrección contra la dictadura batistiana apoyada por sus aspiraciones de unir a militares honestos del ejército profesional con los estudiantes y los intelectuales. Fue el primer intento insurreccional contra el cuartelazo.

Entonces dijimos en el Tribunal de Urgencia:

Señores magistrados para mí, en estos momentos más allá de la ley penal están la devoción a una doctrina, la amistad, y la admiración a un hombre y el cariño a un maestro... Este es el juicio de mayor significación histórica desde el 10 de marzo, cuando, al desplomarse el régimen de derecho, vino a entronizarse el atropello, las violencias y las torturas contra los hombres de decoro. Y lo decimos, no por sentido de la teatralidad, sino por el hondo dramatismo derivado de los acontecimientos del 5 de abril.

Y proseguía:

No es ante la opinión pública actual, sino ante la propia historia de Cuba, ante la que este tribunal deberá responder de su fallo. Yo aspiro a que lo valorice, no con el prisma histórico de los que juzgaron y condenaron a José Martí y a los estudiantes de 1871, en los tiempos de la colonia, sino con un amplio criterio de política de Estado. Hay un bien jurídico de superior jerarquía. Lo que está pendiente en este juicio es toda una interpretación jurídica del poder del Estado, que ustedes representan y tienen que defender.

Afirmé entonces categóricamente que todo el pensamiento político cubano giraba en torno a la tesis de que, en virtud de determinadas leyes sociológicas, se produciría tarde o temprano la lucha por el poder, destacando cómo el propio Congreso de la república mediante una resolución conjunta, llegó a decretar la movilización nacional en la lucha contra el régimen del 10 de marzo. A continuación evoqué los orígenes de la nacionalidad, la pugna de criterios políticos durante la segunda mitad del siglo XIX, la "guerra necesaria", predicada por Martí en oposición al autonomismo conformista de Montoro.

Enfaticé que García Bárcena había escogido la tesis de José Martí. ¡Al condenarlo, se estaría condenando, en cierto modo, el pensamiento político del Apóstol!

Más adelante expuse en aquel juicio que García Bárcena había sido el único en denunciar, con mucha antelación, que Batista estaba conspirando y proyectaba un atentado contra las instituciones de gobierno... Mostré un artículo publicado en Bohemia, en julio de 1951 titulado ¿Está el PAU (Partido Acción Unitaria de Batista) preparando una rebelión? Señalé que García Bárcena no estaba allí por representar una conducta propia, que se le enjuiciara como el intérprete de un ideario. Es decir, el mejor ideario cubano.

García Bárcena no asumía entonces formalmente las ideas del socialismo. Esto se debía a que las ideas del socialismo vigentes entonces no estaban en consonancia con lo que corresponde a la cultura y tradición revolucionaria cubana. Estoy convencido de que el socialismo tal como se proyecta hacia el siglo XXI corresponde al pensamiento de Bárcena. Pero lo más importante es destacar la tradición ética y la vocación universal que hemos insistido está en el seno de su más puro pensamiento.

Rafael García Bárcena tuvo la enorme dicha y satisfacción de asistir al triunfo revolucionario del 1 de Enero de 1959 y de poder incorporarse plenamente a la constitución de la nueva sociedad por la cual había luchado tenazmente en sus años mozos y por la que había realizado tantos sacrificios, aún a riesgo de su propia vida. Era la victoria de la Revolución de raíz martiana y antimperialista, encabezada por Fidel Castro, y que renovó en él todo el entusiasmo y la pasión de los días juveniles, mostrados durante el desempeño de sus funciones como Embajador de Cuba en Brasil hasta el fin de sus días.

Maestro, poeta, filósofo, periodista, escritor y combatiente revolucionario, su legado patriótico y antimperialista radical está presente en la obra redentora de la Revolución. Cumplamos el compromiso de preservar y ser fieles a su memoria.