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miércoles, junio 08, 2011

PALABRAS QUE VAN Y VIENEN

Cohonestar
Por Celima Bernal (Juventud Rebelde)

El amigo Pedro Valdés Piña, actor y director de teatro, me envía un ensayo muy interesante que encontró, donde se aconseja escribir nuestras cartas a mano. Dice su autor que ya ni en las escuelas se enseña la letra cursiva. La mayoría de las personas, no contentas con utilizar el correo electrónico para comunicarse, escriben con letra de imprenta. Y asegura que en algunos países como Inglaterra, y en Francia, se ha hecho obligatoria la enseñanza de esa habilidad. Como las letras cursivas están unidas, el pensamiento va fluyendo al papel, con armonía. La letra de imprenta interrumpe el ritmo y la respiración. Cita a Umberto Eco, quien asegura que la escritura cursiva nos hace componer la frase mentalmente antes de escribirla, requisito este que la computadora no exige. Y agrega: «…sería auspicioso que los niños aprendieran caligrafía, para educarse en lo bello y para facilitar su desarrollo psicomotor». ¡Menos mal que en nuestras aulas continúa practicándose lo que el ensayista ha llamado «ejercicio irrenunciable»!

Una lectora de Cabaiguán se dirigió a esta sección, asombrada porque cierto locutor había leído el verbo conectar, pero lo había pronunciado con la letra ese, y con dos oes: «coonestar». Cuando supe el nombre del censurado, y el contexto donde aparecía el vocablo, me percaté de que se trataba de: cohonestar, que significa dar apariencia de justo, de honesto, de razonable, a una acción que no lo es. Conectar quiere decir: Establecer contacto entre dos partes de un sistema mecánico o eléctrico, unir, enlazar, poner en comunicación. Se usa como intransitivo y pronominal; también en sentido figurado.

LA RESPUESTA DE HOY

Recientemente, durante un viaje a Sancti Spíritus, en ocasión del encuentro de escritores que se celebra anualmente en aquella bella ciudad, dos amabilísimos choferes de los ómnibus Astro, Oscar Hernández Socarrás y Orlando Pérez Gazcón, me contaron, asombrados, que habían oído por radio el empleo de ese «lo que es» tan criticado siempre, por inútil; esta vez, en un caso inconcebible; se trataba de personas: «Hablando de poetas españoles, prefiero lo que es Federico García Lorca y Miguel Hernández». Tienen razón, ¡hay disparates cinco estrellas!