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miércoles, junio 29, 2011

MATÍAS PÉREZ: AERONAUTA AUDAZ

A partir de 1970 y durante poco más de diez años fue muy popular la columna dominical en Juventud Rebelde llamada Desapolillando Archivos, escrita por un periodista de talla extra y peculiar estilo. Maestro de periodistas, Guillermo Lagarde Leyva, se dedicó en sus últimos años de vida a escribir estampas costumbristas para demostrar lo desacertado del viejo dicho de “que cualquier tiempo pasado fue mejor”, con el correspondiente tufillo de arcabuz y campanario que representa. Granma, para recordarlo, desapolilla esta estampa que Lagarde escribió hace 41 años, coincidiendo hoy con el 155 Aniversario de la desaparición de Matías Pérez tras emprender un viaje en globo

Por Guillermo Lagarde Leyva (Granma)

¿Quién no ha oído hablar alguna vez de Matías Pérez?

De cualquier cosa perdida, desde el botón de oro que ajustaba el cuello de pajarita de nuestros abuelos se decía, y hay quien lo dice aún: "Voló como Matías Pérez." Y así ese nombre casi legendario, vino a ser sinónimo en Cuba de las cosas esfumadas, perdidas.

Don Matías Pérez era un hombre progresista, valiente hasta la exageración. Soñaba con surcar el espacio y, además, hacía todo lo posible por convertir ese sueño en realidad. En otras palabras, Matías era un astronauta. Y para demostrarlo a plenitud, ascendió en un globo el domingo 29 de junio del año 1856, ante los ojos admirados de varios centenares de habaneros.

De aquella proeza el gacetillero del Diario de la Marina, órgano del Apostadero Naval de La Habana, informaría textualmente:

ASCENSIÓN AEROSTÁTICA.—Ayer tarde al anochecer, verificó su anunciada ascensión el arrojado astronauta D. Matías Pérez, sin que ninguna de las personas que presenciaba el acto dejara de comprender el peligro que corría el viajero lanzándose a la oscuridad, que no tardó en rodear el globo, e impelido por el viento que lo hacía marchar al mar.

Poco tiempo después se vio bajar el globo y ascender de nuevo, sin duda porque viéndose más adentro el señor Pérez no distinguió buque alguno que pudiera prestarle socorro a la distancia a que se hallaba de la costa; a la hora que escribimos, aún no se sabía del paradero del aeronauta. Quiera Dios que esa triste certidumbre no justifique los temores que por su suerte abrigan sus numerosos amigos.

Varios días después, el propio periódico del Apostadero apuntaba lo siguiente:

D. MATÍAS PÉREZ.— Ayer vimos en algunas esquinas un cartel manuscrito que decía así: "Por un pasajero que acaba de llegar de Bahía Honda se sabe que ayer a las 10:30 de la mañana cayó (Pérez) entre el castillo y la ensenada de Bahía Honda en tierra firme. Habana, 1 de julio de 1856. B.S. No faltó alguno que al ver esas iniciales exclamase que aquello quería decir bola segura; lo cierto es que a estas horas nada se sabe aún sobre el señor Pérez, cuya suerte ha despertado un interés muy grande entre las clases.

Desde luego que de don Matías no se supo nada más. ¿Cayó al mar? Es posible. La imaginación popular gusta pintárselo aún en su globo, viajando por el cosmos, más allá del tiempo, joven todavía, con sus mostachos enhiestos y su coraje estupendo. No le extrañaría a nadie que un cosmonauta se lo encontrara en la ruta de Venus.

Llama la atención que el destino de Matías Pérez desde el primer momento fuera tema para chistes como el del periódico mural y manuscrito de que nos habla el gacetillero de La Marina. Y algo más. Pocos días después, un señor llamado Barreras, estrenaba en el Gran Teatro un juguete cómico con el título de Ascensión peligrosa, que tuvo tanto éxito que su autor lo editó en la imprenta de Soler en la calle Muralla, para venderlo al público.

Desde entonces, de lo que desaparece se dijo antes, y se dice todavía hoy:

¡Qué barbaridad, voló como Matías Pérez!


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