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miércoles, marzo 23, 2011

¿TIEMPO O CLIMA?

Por Orfilio Peláez (Granma)
Foto: Alberto Borrego

Desde tiempos remotos, las condiciones atmosféricas influyeron de manera significativa en la supervivencia de todas las especies, incluida el propio hombre.

La historia registra innumerables referencias de torrenciales lluvias, sequías y otros fenómenos que diezmaron antiguos grupos de poblaciones asentados en Mesopotania, China, Egipto y la India, cuya ocurrencia era asociada a la supuesta "ira" de los dioses.

Con el decursar de los años, las sociedades comprendieron la necesidad de tomar en cuenta el estado del tiempo para el desarrollo de la agricultura, el comercio y la navegación.

El siglo XIX marcó hitos trascendentales en ese camino. Durante la segunda mitad de la centuria surge la Organización Meteorológica Internacional, precursora de la actual OMM, comienzan a emplearse los barcos para recopilar datos sobre temperatura y otras variables en altamar, y tiene lugar el reconocimiento de esa disciplina como una rama científica propia.

Hoy el estudio de la atmósfera tiene en cuenta dos aspectos fundamentales, identificados con los términos tiempo y clima, los cuales no siempre son bien empleados, pues tiende a confundirse el significado de cada uno de ellos.

Según explica el doctor en Ciencias Geográficas Ramón Pérez, del Centro del Clima del Instituto de Meteorología, el concepto de tiempo se refiere al estado de la atmósfera en un momento dado. Abarca los valores de temperatura, humedad, presión atmosférica, nubosidad, dirección y velocidad del viento reinante en un lugar e instante preciso, es decir, resulta algo inmediato, cambiante y en cierto modo irrepetible.

En cambio, el clima comprende el conjunto de los estados fluctuantes del tiempo en un periodo más o menos largo, para una región determinada. Incluye esas propias variables, pero promediadas en plazos no inferiores a los treinta años. Tiene una dimensión más permanente, duradera y estable.

Como señala el especialista, el clima del planeta responde a múltiples procesos de interacción que involucran a la atmósfera y la superficie terrestre, las aguas, los hielos y otros factores.

Ellos integran el denominado sistema climático, muy variable y complejo en tiempo y lugar. Su principal fuente de energía es el Sol, aunque la circulación atmosférica ejerce una marcada influencia en su comportamiento porque, a través de ella, ocurre la redistribución de esa energía, sin lo cual la vida en la Tierra sería imposible.

También las características físico-geográficas constituyen uno de los principales elementos formadores del clima en una región determinada.

En el caso particular de Cuba existe una notable diferencia entre los valores medios mensuales y anuales de la radiación solar, la insolación, temperatura y humedad del aire, nubosidad total y las precipitaciones, para las regiones costeras, zonas llanas y montañosas.

La distribución de la radiación solar no es pareja a nivel del globo terráqueo, al estar condicionada por la posición relativa de la Tierra con respecto al Sol, y la inclinación del eje de rotación de nuestro propio planeta.

El investigador señaló que la temperatura del sistema tierra-atmósfera, definida como la temperatura media global cerca de la superficie terrestre, está determinada por el balance entre la radiación solar entrante y la saliente, el cual persiste durante periodos de tiempo prolongados y mantiene la estabilidad de ese elemento climático alrededor de un valor medio.

Pero si tal equilibrio se altera por causas naturales o antropogénicas, la temperatura se incrementa y ocurren cambios importantes en el sistema.

Un ejemplo de lo que el hombre puede influir en ello es el reforzamiento del denominado efecto invernadero. Contrario a lo pensado por algunas personas, se trata de un proceso natural que permite mantener la temperatura del planeta en sus valores actuales.

Es originado por la presencia en la atmósfera de gases como el dióxido de carbono, el metano, óxido nitroso y vapor de agua, capaces de absorber la mayor parte de la radiación emitida por la superficie terrestre, después de ser calentada.

Tales compuestos actúan de manera similar a los cristales de una casa de invernadero, de ahí el origen del publicitado término. En su ausencia, la temperatura media global del planeta sería 33 grados Celsius más baja que la actual y ello impediría la supervivencia de las diferentes formas de vida.

Sin embargo, a partir de la Revolución Industrial y asociado básicamente a la quema de enormes cantidades de combustibles fósiles, ocurre un crecimiento progresivo de las concentraciones de los citados gases en la atmósfera.

Adicionalmente el hombre liberó los clorofluorocarbonos (CFC), que no existían de manera natural y son poderosos retenedores de la radiación terrestre.

El reforzamiento del efecto invernadero provocado por las acciones humanas, subrayó el experto, es una de las causas más importantes del actual calentamiento o cambio climático global, traducido en una elevación de la temperatura media de la Tierra, que subió en 0,74 grados Celsius en el transcurso del siglo XX.