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viernes, diciembre 24, 2010

SUEÑO CON VER LA HABANA RESTAURADA

“No he hecho más que dar continuidad, en nuevas circunstancias, a la voluntad política del Estado cubano de salvarlo todo, faceta siempre presente en la historia de la Revolución”, comentó Eusebio Leal a Granma

Por Raquel Marrero Yanes (Granma)

Dice un viejo proverbio que el rostro es el reflejo del alma, pero hay quienes saben ocultarlo con sagacidad y entrega a nobles causas: hombres de extraordinaria sencillez, profundas raíces de identidad, sentido de pertenencia y amor por Cuba, como Eusebio Leal Spengler.

Atendiendo a sus responsabilidades en la dirección de la Oficina del Historiador, la Restauración y el Patrimonio Cultural, Granma quiso conocer especialmente cuáles son los principales planes de desarrollo para los próximos años.

Con palabras tan "sueltas" como su propio andar por las calles de la ciudad, expresa convencido: "Quisiera detener el tiempo para cumplir el sueño de ver La Habana restaurada. La gran angustia consiste en cuánto queda por hacer, de modo que lo más importante es el accionar cotidiano.

"Cuando se pierde algo lo hemos llorado, pero cuando restauramos hasta el más pequeño objeto, sabemos que es un paso más para lograr nuestro propósito final. Quisiéramos tener más, el país quisiera poder hacer más, pero a veces no es posible".

—¿Cuáles son los principales planes de desarrollo del Centro Histórico para los próximos años?

"El Plan Maestro para el desarrollo integral del Centro Histórico tiene una concepción muy clara. Estamos estableciendo algunos polos de desarrollo dentro del Centro Histórico que, momentáneamente, quedarán aislados, pero luego irradiarán hasta salir al encuentro de otros puntos de la Ciudad en los que se labora.

"Estamos acometiendo muchas obras en el centro histórico de Guanabacoa; la Casa de las Tejas Verdes situada en Quinta Avenida; la restauración del Alma Máter de la Universidad de La Habana; el monumento de José Martí en la Plaza de la Revolución; la Quinta de los Molinos... Además, en febrero comenzamos restauraciones en el Capitolio. Ya está deshabitado y estamos planeando las operaciones a ejecutar, las cuales entrañan un alto nivel simbólico por ser esta obra monumento nacional y escenario de grandes acontecimientos.

—¿Qué participación tiene la comunidad en estos proyectos, y cómo actúa?

"Hay lugares donde ha prendido la idea como una labor comunitaria, y la gente participa porque es la regeneración de su propio hábitat, su entorno, su casa.

"Teníamos que optar por solucionar infinitos problemas individuales —casas con peligro de derrumbe— o abordar las deficiencias comunitarias, como crear un hogar materno infantil, un centro para niños discapacitados, otro para las emergencias, en Belén, un centro de salud mental y las escuelas taller. Todo eso supone la iluminación pública, que contribuye a la seguridad de la ciudadanía. Ha sido un poderoso aporte comunitario.

—¿Qué hacer para que los habitantes de esta ciudad y de otras se comprometan con su entorno?

"El país ha comenzado a moverse, lo importante es que cada cual asuma su responsabilidad ante el cambio, ante la trasformación, sin abandonar el honroso concepto de que somos una nación unida. Necesitamos el consenso de todas las fuerzas posibles para llevar adelante la magna tarea de restaurar y cuidar.

—¿Cómo llega el programa de restauración a otros sitios de indudable valor para devolverles su antiguo esplendor?

"Ya llegó a Baracoa, a Puerto Príncipe (hoy Camagüey) y me siento honrado de ponderar el trabajo en Cienfuegos, logrado por la unidad, con un sentido pragmático, la utilización escrupulosa de los recursos y la participación comunitaria.

"Empezamos con una pala y un pico, pero hoy somos algo más: un movimiento fuerte. Hay un Historiador de la ciudad en cada pueblo, con los cuales mantengo comunicación. La Oficina presta asistencia, tanto moral, y a veces material, en la formación y preparación de especialistas en todo el país.

"Valga ahora el empeño y voluntad para salir adelante, no malgastar, tener capacidad de persuasión hacia las autoridades, hacia el pueblo, para lograr ese prestigio que nos hace ser hombres de bien con acogida social e impacto en la comunidad".

Para Eusebio Leal este esfuerzo por rescatar nuestro patrimonio histórico nace de una multitud que trabaja en el anonimato, también merecedora de salir a la luz.