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sábado, enero 03, 2015

NINÓN SEVILLA, APORTE CUBANO A LA EDAD DE ORO DEL CINE MEXICANO


Ninón también participó en el boom de las telenovelas mexicanas, pero su gran pasión fue indudablemente el cine

Por Pedro de la Hoz (Granma)

 
Cuando nació en La Habana el 10 de noviembre de 1929 se llamó Emelia Pérez Castellanos. Al partir el último miércoles en Ciudad de México a los 85 años, víctima de un ataque cardiaco, el mundo la despidió con el nombre con que iluminó la marquesina de los teatros, encandiló la vista de los asistentes a las proyecciones fílmicas que protagonizó e hizo época con su estampa: Ninón Sevilla.

Ninón fue una de las estrellas más rutilantes de la edad dorada de la pantalla mexicana hacia la medianía del siglo pasado, particularmente en el llamado cine de rumberas.

Aunque bailó y cantó en teatros y centros nocturnos habaneros, su fama comenzó a cimentarse al viajar a México, integrar el espectáculo de la argentina Libertad Lamarque y debutar en la película Carita de cielo (1946), de José Díaz Morales, donde desempeñó un papel secundario.

Este mismo director la situó nuevamente en el elenco de Pecadora (1947) y Señora Tentación (1948), y en ese propio año com­parte faenas con Agustín Lara en Revancha, de Alberto Gout, y Coqueta, de Fernando Rivera.

Pero la consagración vino en 1950 al protagonizar Aventurera, de Gout. El papel de Elena, una joven vedette que se debate entre una trama prostibularia, los deseos de venganza y el amor, la convirtió en un ícono del cine mexicano.

Filmó 22 películas, y entre ellas, además de las mencionadas, guardaba en su memoria un lugar especial para Mulata (1954), de Gilberto Martínez Solares, rodada en La Habana y en la que alternó con Pedro Armendáriz; y Yambaó (1956), de Alfredo B. Crevenna, rodada también en Cuba, donde  asume el papel de una trágica santera y canta y baila temas musicales compuestos para ella por el maestro Obdulio Morales.

Ninón también participó en el boom de las telenovelas mexicanas, pero su gran pasión fue indudablemente el cine. Tanto que cuando fue llamada en 1981 por Mario Hernández para sumarse al reparto de Noche de carnaval, le puso el extra necesario para adjudicarse el Premio Ariel de actuación, máxima recompensa anual de la cinematografía mexicana.

Su país de adopción le dio, entre otras satisfacciones, el premio Diosas de Plata Dolores del Río en reconocimiento a su trayectoria cinematográfica en el 2009. El año pasado fue objeto de un homenaje de parte de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas y la Cineteca Nacional.

Miguel Barnet, al conocer el deceso de la actriz y bailarina la evocó como “una mujer intensamente cubana y de muy vivo ingenio, símbolo máximo, junto a Amalia Aguilar y María Antonieta Pons, de una estirpe que llevó la rumba por los caminos del cine”.

El Estado cubano le confirió en 1995 la Distinción por la Cultura Nacional y en el 2009 la Unión de Escritores y Artistas de Cuba la honró con el Premio Internacional Raquel Revuelta.