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martes, julio 01, 2014

UNA VACUNA CONTRA EL ALCOHOLISMO


Si bien cuando se habla de drogas, se piensa mayormente en sustancias como la heroína, cocaína o marihuana, debe tenerse en cuenta que en esta clasificación entran otras como algunos medicamentos de prescripción y uso facultativo, y las llamadas drogas legales, como el tabaco y el alcohol


Cambió de casa unas seis veces, hasta que terminó reducido junto a su esposa a un dos por dos. Apenas el mínimo espacio donde dormir cada día la embriaguez para levantarse desayunando, como en los últimos veinte años, un trago de ron. Hace tiempo que los hijos se fueron de la casa, de la otra, aquella que la madre había heredado de los abuelos y él la convenció de vender; para dejar en cada trago hasta el último centavo, y pasar luego a echarle mano a cualquier cosa que lo proveyera de algo de dinero para beber.

Las amenazas no sirvieron para que entrara en razón. Hoy no se comunican. A la madre no le perdonan que le “siga la corriente”, al padre que siga siendo un “borracho”.

Ella, consumida, pálida, ojerosa —con el recuerdo fresco todavía de aquella vez que se endeudó y dijo que sería su esposa quien pagaría— sigue a su lado porque “fue un buen hombre”; mientras él se mantiene firme en su posición: “¿atenderme?, no soy un alcohólico, si yo no le he vendido nunca la ropa a mi mujer”.

La historia, desgarradora y real, nos la cuenta Erika Barrios Mancriff, estudiante de psicología de la Facultad de Ciencias Médicas Calixto García, quien reunió como parte de su tesis de licenciatura el testimonio de 25 pacientes entre los 25 y 60 años de edad, del municipio de Centro Habana en la capital; con el propósito de aproximarse a las características psicosociales de familias de pacientes alcohólicos y su repercusión en el funcionamiento familiar actual.

Salen a la luz en esta investigación, según su autora, muchas de las contradicciones que se desencadenan en el hogar, cuando uno de los miembros sufre alguna adicción; en estos casos a las bebidas alcohólicas.

“Vemos por un lado como los enfermos se autovaloran negativamente mientras rechazan los patrones de comportamiento de la familia de la que provienen —muchas veces de padres también alcohólicos— y sin embargo repiten estos patrones de conducta”, explica Barrios Mancriff.

Son algunas de las consecuencias que genera el consumo de las sustancias adictivas, las cuales pueden ir desde serios problemas de salud en las personas consumidoras, hasta problemas sociales, en el ámbito familiar y laboral.

LA CARA FEA DEL ALCOHOL

Si bien cuando se habla de drogas, se piensa mayormente en sustancias como la heroína, cocaína o marihuana, debe tenerse en cuenta que en esta clasificación entran otras como algunos medicamentos de prescripción y uso facultativo, y las llamadas drogas legales, como el tabaco y el alcohol.
Esta última, junto al tabaquismo, es considerada un problema de salud en nuestro país, ante su incremento en los últimos años.

De acuerdo con estadísticas oficiales, en Cuba más del 45 % de la población mayor de 15 años consume bebidas alcohólicas fundamentalmente en los rangos de edades comprendidos entre 15 y 44 años de edad; mientras la mayoría de los dependientes alcohólicos tienen edades comprendidas entre 25 y 42 años.

Para el doctor Juan Emilio Sandoval Ferrer, presidente de la Sección de Adicciones de la Sociedad Cubana de Psiquiatría, uno de los mayores retos del sistema de salud pública ante este problema, es precisamente la prevención, educación y promoción de estilos de vida saludables en la población.

“Cuando se analizan las primeras diez causas de muerte en nuestro país, se aprecia que tanto el hábito de fumar como el consumo de alcohol están considerados factores de riesgo para enfermedades como el cáncer, y las cardio-cerebrovasculares; así como para los padecimientos del hígado, la accidentalidad y las conductas suicidas”.

A nivel internacional, cada vez aumenta el número de jóvenes que se inician en el consumo del tabaco y el alcohol, condición a la que Cuba no escapa. Precisamente, a alentarlos en el cuidado de su salud, desestimular la iniciación y disminuir la aceptación social que existe en torno a las drogas legales, se dedica este 26 de junio: Día Internacional de la Lucha contra el uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas.

EXISTE LA SALIDA

El mayor problema de salud mental en el mundo son las adicciones. Por la repercusión que tiene en la sociedad las consecuencias de las mismas, su tratamiento constituye una prioridad para nuestro sistema de salud pública.

“Ante conductas de dependencia a sustancias como el alcohol u otras ilegales, Cuba cuenta con una red integrada de servicios donde se le brinda ayuda a los pacientes. Estos están presentes desde la atención primaria, en los consultorios, policlínicos y los centros comunitarios de salud mental; donde se integran equipos para dar respuesta desde la propia comunidad”, explicó a nuestro diario el doctor Sandoval Ferrer.

“Esta red se articula de modo que cuando el paciente no pueda resolver la situación en el nivel primario se acceda a los hospitales, donde existen otros servicios para contribuir a la deshabituación de esa persona”, agregó.

En este sentido, indicó que más del 80 % de los casos se resuelven a nivel ambulatorio, y subrayó la importancia que tiene el seguimiento de los pacientes y el papel que desempeñan los grupos de ayuda en el intercambio de experiencias, el aprendizaje y la fuerza que ejercen para evitar las recaídas, muy frecuentes en el tratamiento de las personas adictas.

El especialista destacó el trabajo de la Línea Confidencial An­tidrogas (103) —de acceso gratuito y cobertura nacional— y que constituye muchas veces la primera puerta que tocan los pacientes. Es un servicio estrictamente privado, no se pregunta ni nombre ni dirección de la persona que llama. Se brinda a la población a través del teléfono para informarlos y aclarar sus dudas sobre todo tipo de drogas y orientarlos a dónde deben dirigirse.

AYUDA EN LA COMUNIDAD

Los Centros Comunitarios de Salud Mental son también eslabones fundamentales en la rehabilitación de los pacientes. Hasta la institución de este tipo ubicada en el municipio de Centro Habana, el de más alta incidencia de adicciones en nuestro país, llegó nuestro diario. Aquí la premisa de trabajo, según explicó su director, el doctor Alejandro García Galcerán, es orientar y ayudar tanto al paciente como a su familia.

“Muchos pacientes llegan porque un familiar o líderes de la comunidad los traen, a otros los remite el médico de la familia. Una vez aquí se realiza una evaluación integral del caso, para evaluar la sustancia, el tiempo y patrón real de consumo y la repercusión que tiene; pues a todos los pacientes se les indican análisis complementarios para ver los daños que puedan tener en el organismo”, explicó la doctora Lisset Argoda Mora, coordinadora del programa de atención a drogas del Centro.

Por su parte la doctora Ester Castillo Rodríguez, coordinadora de los programas de atención al alcoholismo y a la deshabituación tabáquica, de la propia institución, indicó que la edad a la que mayoritariamente llegan los pacientes es a los 30 años, aunque ya se han diagnosticado casos mucho más jóvenes de has­ta 18.

La familia viene a ser el mejor sostén a la hora de asumir un tratamiento. “El primero en hacer un diagnóstico sobre un adicto es el familiar más cercano, quien nota los cambios en el estilo de vida”, comenta el profesor Sandoval Ferrer.

Esta idea la sostiene el doctor Alejandro García Galcerán, también especialista de 1er. grado en psiquiatría, quien expone que las mismas características de la adicción producen disfuncionabilidad familiar. “Muchas veces la familia pierde la esperanza de la recuperación de esta persona y se siente impotente para lograr un cambio; pero tienen que saber que sin el apoyo familiar rara vez logran rehabilitarse”.

CONSUMO IRRESPONSABLE: UNA ALERTA

De acuerdo con el doctor Sandoval Ferrer, “la ciencia no ha podido demostrar con exactitud en qué momento una persona pasa el umbral de lo que sería el consumo social asociado a prácticas culturales y costumbres para convertirse en un alcohólico”.

Es por ello que enfatiza en la necesidad de educar a la población en el consumo responsable. “Cuando el adolescente no se divierte si no hay bebidas se trata ya de un consumo de riesgo; y son estas conductas las que más nos preocupan pues no tienen solo que ver con la cantidad ingerida sino también con la frecuencia y la responsabilidad de no llegar a la embriaguez.

“Detrás del concepto de bebedor social se esconden muchas personas que están justificando un patrón que ya no es responsable, sino excesivo, y cuyas consecuencias son muy negativas”, apunta Sandoval Ferrer.

Alertar sobre ello es el primer paso para prevenir que se llegue a un estado de adicción y deterioro, subraya por su parte el doctor García Galcerán. “Tiene un consumo irresponsable quien bebe y conduce, la mujer embarazada o persona que teniendo un trastorno hepático, cardiovascular o respiratorio crónico, beba; la madre o padre que tome teniendo niños pequeños a su cargo o aquel que desempeñando una responsabilidad social se embriague, por solo ejemplificar”.

En este sentido, hacer cumplir las leyes existentes, que regulan por ejemplo el expendio de bebidas alcohólicas y cigarros a menores de 18 años, es un eslabón esencial.

ELLAS SON MÁS FRÁGILES

Si bien es una tendencia que cada vez se reduzca la edad de inicio en estas prácticas, también lo es que las muchachas tomen a la par que los muchachos, lo cual es una preocupación, alerta el doctor Sandoval Ferrer.

“El alcohol o cualquier sustancia adictiva en la mujer hace más daño, pues esta tiene menos líquido corporal que el hombre, por lo que el nivel de saturación o condensación de sustancias en el organismo es superior y el nivel de toxicidad es más rápido e intenso”, explica el doctor García Galcerán.

A ello se suma, refieren ambos especialistas, un fenómeno de base social, ya que, indicaron, el consumo muchas veces está pautado por incitación de la pareja; son más vulnerables al ser socialmente más discriminadas y marginadas. Además, dijeron, demoran más en solicitar ayuda debido a los propios estigmas, son más resistentes al tratamiento y tienen más recaídas.

No obstante, indicaron, cada vez son más las mujeres que solicitan tratamiento y se incorporan a los grupos, lo cual es muestra del trabajo de educación y prevención en estos temas.

El tratamiento para las adicciones exige un nivel de decisión y voluntad del individuo importante. Sin ello, la rehabilitación se dificulta. Todo el sistema está apto para brindarle ayuda a la familia, orientarla y propiciarle herramientas para manejar las situaciones que puedan presentarse.

Adicciones como el alcoholismo afectan todas las esferas de la vida del ser humano, tanto en el plano psicológico, emocional, conductual como familiar y laboral.

Educar a la sociedad en qué hacer, cómo ayudar, a dónde dirigirse es la única vacuna que puede ser efectiva para atenuar las consecuencias de una adicción que puede hacer torcer a muchos el rumbo de su vida.