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sábado, febrero 15, 2014

CONFESIONES DE CHALA: TODO FUE COMO UN JUEGO EN EL QUE DEBÍA HACER DE NIÑO MALO

Armando Valdés Freire, Chala en la película Conducta, del director Ernesto Daranas, dialoga con Granma sobre los retos de su papel así como sus impresiones a una semana del estreno del filme


Por Amelia Duarte y Roberto Miguel Torres (Granma)

Armando Valdés Freire. Foto: Ismael Batista
Es la estrella infantil del momento. A sus 12 años Armando Valdés Freire interpretó uno de los personajes que más impacto ha tenido en la cinematografía contemporánea cubana hasta la fecha. Ahora que Conducta repleta las taquillas del país y conlleva a las más disímiles reflexiones, el pequeño —que se ha ganado la empatía de los espectadores por la espontaneidad y versatilidad de su interpretación— vive intensos momentos de reconocimiento con el público.

Pero no todo lo que llega con la "fama" es bueno. Por lo pronto, ya ha perdido el nombre entre amigos, compañeros de escuela y desconocidos, que en la calle, al igual que en el cine, solo le reconocen como ¡Chala! Aunque no todo es tan malo, dice, "ahora hasta algunas de las más bonitas de la secundaria, me esperan a la salida para saludarme o pedirme un autógrafo".

Al disfrutar de su actuación para el filme, el crítico de cine Rolando Pérez Betancourt lo catalogó en este mismo periódico como "el sostén esencial de la película, por su presencia sencillamente magnetizadora".

Para conocer un poco más de quien en realidad no tiene nada de Chala, Granma propone esta entrevista, que se realizó en una de las redacciones de nuestro diario hasta donde llegó acompañado de su madre, que nada tiene que ver tampoco con la Sonia de la película (interpretada por la siempre camaleónica Yuliet Cruz).

Armando Valdés Freire destacó que su actor favorito es Charles Chaplin.
Foto: Ismael Batista

Casi dos almanaques han pasado del rodaje de la película, por eso, el niño aquel de 12 años dista un poco de este adolescente de 14. Las facciones no son las mismas, aunque el rostro en esencia no ha cambiado mucho.

Llegó con las manos en los bolsillos y una inesperada timidez que no esperábamos de él. A pesar de ello habló, y lo hizo sin reparos. Confesó que su actor favorito es Charles Chaplin y que a raíz de este trabajo ya no quiere ser biólogo marino como antes, pues ahora desea estudiar actuación, algo que nunca antes hizo.

"A la película llegué por casualidad. No me eligieron en la primera vuelta del casting, donde estudiantes de la Facultad de Medios Audiovisuales del ISA (FAMCA) examinaron niños de todas las primarias y secundarias de los municipios Centro Habana, Cerro y La Habana Vieja.

"Luego a una segunda vuelta que hicieron, mi mamá me llevó pero allí tampoco aprobé. Mariela López, directora de casting, me dijo que me fuera, pero cuando ya me iba para la casa, una de las estudiantes de la FAMCA, me dijo que regresara porque Daranas —el director— me quería ver de nuevo. Me preguntó si sabía nadar, porque era uno de los requisitos para el personaje, le dije que sí, aunque en ese momento no daba ni una brazada".

"De esa manera entré en Conducta. Luego llegaron los tres meses de intensa preparación, las clases de natación y boxeo, el entrenamiento con los perros y las palomas, y el trabajo con los otros actores. Ellos, a veces antes de salir a actuar, buscaban la manera de enfurecerme, no me gusta que me griten y lo sabían, querían que yo caminara, hablara, respondiera como Chala y sabían que lo lograrían cuando me molestaban, aunque en ese momento no lo entendía así".

"A algunos de los niños los conocía, como a la que hace el papel de Yeni (Amaly Junco), que estudió conmigo en la misma primaria; a los actores mayores no, pero todos son muy buenas personas. Fuera de cámara le hacen a uno todo más fácil, de manera especial Alejandro Pérez, el director de fotografía, con él todo era más divertido".

"¿Las escenas más fuertes? Con Yuliet Cruz en la azotea, esa fue bastante difícil, también la de la boya, y la del tren. Nunca pensé tirarme del muro del malecón, ni verme atravesando la bahía solo, porque la gente de rescate y salvamento estaba cerca, pero no tanto.

"Tampoco me imaginé estar en una pelea de perros, me encariñé con ellos, de manera especial con el que aparentemente muere en la es-cena de la pelea final, a ese todavía lo voy a ver a la casa donde lo cuidan".

"Una de las cosas que más me gustó de trabajar en esta película fue la oportunidad que nos ofreció Daranas, para crear y ponerles de nosotros mismos a nuestros personajes. Él siempre nos decía que el guion estaba abierto a nuestra improvisación, siempre y cuando se correspondiera con la línea de la película.

"Una de las escenas que improvisé fue cuando a mi llegada a la Escuela de Conducta uno de los niños que estaba allí me recibió con un ¡qué bolá! y yo le respondí con una frase bastante obscena que no estaba en el guion, pero al director le gustó y se quedó así.

Conducta resalta por la espontaneidad actoral de su elenco infantil. Fotograma de la película

"Fueron muchas las escenas que improvisamos sobre todo con Yoan Angarica, Richard Andrade y Cristian Guerra, los niños que andaban conmigo en la película. Nos sabíamos el guion pero también le poníamos de nuestra parte.

"El día que grabamos en la bahía, Richard (el niño con que me fajo) y yo nos subimos a la boya y no bajamos hasta que pasó una mancha de peces que nos asustó, no nos dio miedo, pero pensamos que era otra cosa".

"La actuación motiva a hacer cosas que nunca has pensado, como el trabajo en equipo, eso me ha gustado mucho. Quisiera seguir en este mundo y pienso hacer las pruebas para entrar a la Escuela Nacional de Arte en esa especialidad, después del noveno grado. También me gustaría hacer otras cosas para el cine y la televisión".

Sobre la presentación de la película por estos días, confiesa que el fin de semana pasado fue en varias ocasiones al cine porque le encanta sentir la reacción del público, incluso alguna gente me reconoce, "pero a veces me da pena y digo que no soy yo".

"Siempre el aplauso es electrizante, el día de la premiere, en el Chaplin, presentaron a todos los artistas y a mí me dejaron para el final. Cuando me llamaron al escenario la gente empezó a aplaudir muy fuerte y me entró una cosquilla en los pies tan extraña, que no sabía cómo pararme".

"En la vida real Armandito y Chala somos muy diferentes. A diferencia suya yo tengo una familia que me cuida, no trabajo, ni ando en la calle sobreviviendo, pero muchas cosas nos unen. Tanto a él como a mí nos caracteriza nuestra fuerza interna, como decía Daranas.

"También nuestros sentimientos y los valores que en mi caso me inculcaron mis padres y en el de Chala, no se sabe quién. Este personaje también me dejó el amor por las palomas, luego de la película ya tengo las mías en la azotea de mi casa en el Cerro".

"Cuando veo la película no me reconozco en ella, es que me resulta muy difícil hacerlo, ni siquiera mis padres lo hacen, re-cuerdo como en la propia premiere mi mamá estaba sentada al lado de mi padre, y le preguntaba ¿ese es nuestro hijo?".

Mariela Freire, su madre, explica que el niño se vistió de Chala en la vida real y eso también influyó en su comportamiento.

"Él siempre fue un niño noble, bastante tímido", pero cuando ya terminaba el rodaje, la llamaron de la escuela porque su hijo estaba "un poquito regado".

"Entonces —cuenta— llamé a Mariela, la directora de actores, y le dije: Yo te di a Armandito y tú me devolviste a Chala, ahora yo te doy a Chala para que tú me regreses a Armandito. Pero eso fue solo un periodo de desintoxicación del personaje, que según me dijeron era normal, luego todo siguió su curso y él volvió rápidamente a ser el que era antes".

Armandito, o sencillamente Chala, confesó al término de la entrevista que la película le dejó muchos mensajes, pero uno en especial: Carmela (personaje de Alina Rodríguez) es la maestra que todos los niños queremos tener.