Búsqueda Personalizada

viernes, noviembre 22, 2013

¿QUÉ PASÓ CON LOS HURACANES?

Por Orfilio Peláez (Granma)

En la penúltima década del pasado siglo, especialistas de la Universidad de Colorado, Estados Unidos, encabezados por los doctores William Gray y Philip Klotzbach, fueron los primeros en emitir a nivel internacional un pronóstico a largo plazo sobre la cantidad de ciclones tropicales (CT) que surgirían durante la temporada en la cuenca del Atlántico.

Fundamentada en el progreso de la tecnología, en particular los aportes referidos a la aparición de avanzadas computadoras y programas informáticos, aquella práctica fue seguida después por otros centros de investigación asentados en algunos países desarrollados, como es el caso de Gran Bretaña.

Desde 1996 y después de hacerlo con carácter experimental el año anterior, Cuba comenzó a emitir de manera oficial sus propios vaticinios mediante la aplicación de una metodología basada en ecuaciones matemáticas y otras herramientas científicas, concebida por un equipo de expertos dirigido por la doctora en Ciencias Meteorológicas Maritza Ballester Pérez, e integrado, además, por la doctora Cecilia González Pedroso, y el doctor Ramón Pérez Suárez, del Instituto de Meteorología.

Se trata en lo esencial de tener una idea aproximada del comportamiento de la actividad ciclónica general que debemos esperar para nuestra área geográfica de interés, conformada por el Atlántico Norte, el golfo de México y el mar Caribe, en el periodo del 1ro. de junio al 30 de noviembre.

Estos pronósticos estacionales tienen hasta el presente un valor estrictamente científico, al poner a prueba cada año la efectividad de los vaticinios, y las posibilidades del hombre de mejorarlos; pero al no poder señalar con antelación cuál será el país y la zona específica que será azotada por un huracán, desde el punto de vista práctico aún distan de ser útiles en el trabajo operativo.

POR DEBAJO DE LO PREVISTO

De acuerdo con las predicciones emitidas antes de su inicio, la actual temporada sería activa al esperarse la formación de un número de ciclones tropicales nombrados muy por encima del promedio anual de aproximadamente diez.

Así por ejemplo el grupo del doctor Gray, de la Universidad de Colorado, vaticinaba el surgimiento de 18 organismos, de los cuales ocho o nueve alcanzarían fuerza de huracán, incluyendo tres intensos, es decir de Categoría 3, 4 o 5 en la escala Saffir-Simpson.

También el Centro de Predicción Climática adscrito a la Administración de los Océanos y la Atmósfera de los Estados Unidos (NOAA por sus siglas en inglés), daba de 13 a 20 tormentas tropicales; mientras la cifra de huracanes oscilaría entre siete y 11. No menos de tres debían llegar al rango de intensos.

El modelo cubano apuntaba a un total de 17, con nueve posibles huracanes. Los factores que los investigadores del Instituto de Meteorología tomaron en cuenta para sus proyecciones fueron el no preverse la aparición del evento ENOS (El Niño/Oscilación del Sur) durante la temporada, y el mantenimiento de la temperatura superficial del mar por encima de los valores normales en el Atlántico y el Caribe.

También el seguir inmersos en un periodo de elevada actividad iniciado en 1995, correspondiente a los llamados ciclos multidecenales, que de manera natural han caracterizado la mayor o menor presencia de tales fenómenos en diferentes etapas históricas.

Asimismo, el régimen de vientos correspondientes al monzón del oeste africano aparentaba mostrar un patrón favorable para la génesis y desarrollo de los CT, en el área localizada entre las costas de ese continente y el Arco de las Antillas Menores.

Sin embargo, cuando apenas faltan 14 días para el cierre de la temporada del 2013, el venidero 30 de noviembre, su comportamiento dista mucho de lo previsto en los pronósticos estacionales al registrarse hasta este viernes 15, doce tormentas tropicales, la mayoría caracterizadas por ser sistemas débiles poco organizados.

Solo dos (Humberto e Ingrid) se convirtieron en huracanes que no sobrepasaron la Categoría 1 en la escala Saffir-Simpson, y cu-ya vida con esa fuerza resultó bien efímera.

Como señala a Granma el doctor en Ciencias Ramón Pérez Suárez, del Centro del Clima del propio Instituto de Meteorología, ello la convierte en la de menor número de huracanes en la cuenca del Atlántico desde 1982 a la fecha, cuando también hubo idéntica cifra, pero con la diferencia de que uno de ellos fue intenso.

Al mismo tiempo es la primera que transcurre sin la formación de un organismo de esa magnitud en los últimos 18 años.

Lo anterior contrasta con los 12, 7, y 10 huracanes, registrados en las temporadas del 2010, 2011 y 2012, respectivamente.

Si bien habrá que investigar en los próximos meses con mayor profundidad, por qué los patrones de la circulación atmosférica se comportaron de forma tan inesperada y poco propicia para el desarrollo de los huracanes a pesar de no haber un evento ENOS; en principio ello parece estar asociado en lo fundamental a la fuerte cizalladura vertical del viento predominante en gran parte del mar Caribe (impide que pueda concentrarse la energía en la altura para la formación y fortalecimiento de los CT), y a la notable presencia de Polvo del Sahara durante los meses de julio, agosto y septiembre en la región del Atlántico tropical, comprendida entre los 10 y 20 grados de latitud norte y los 20 y 60 grados de longitud, la zona de mayor actividad ciclónica de la cuenca atlántica.

El doctor en Ciencias Físicas Eugenio Mojena, de la Sección de Satélites de la citada institución perteneciente al Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, precisó que las nubes de polvo crean un ambiente sumamente hostil a la aparición de organismos ciclónicos, pues son masas de aire caliente con valores mínimos de humedad relativa, que aportan un aire muy seco capaz de inhibir en gran medida su nacimiento o debilitar a los ya surgidos.

Por fortuna la naturaleza no se ensañó esta vez con ningún país de nuestra región geográfica, salvo el caso de México azotado casi de manera simultánea por el huracán Ingrid, y otro procedente del océano Pacífico oriental, los cuales causaron severos estragos en esa hermana nación.

TEMPORADAS CICLÓNICAS CON MENOR CANTIDAD DE HURACANES DESDE 1907 A LA FECHA
1907  Ninguno
1914  Ninguno
1925  Uno
1917  Dos
1919  Dos
1922  Dos
1930  Dos
1931  Dos
1982  Dos

Fuente: Centro del Clima del Instituto de Meteorología