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domingo, agosto 11, 2013

EL PABLO QUE VINO CON LA LLUVIA


Los añejos adoquines de la Plaza San Juan de Dios abrazaron a cientos de camagüeyanos, quienes tararearon las antológicas canciones del cantautor cubano Pablo Milanés salpicados de una refrescante y pertinaz llovizna


Por Yahily Hernández Porto (Juventud Rebelde)

CAMAGÜEY.— Todavía se escuchan en esta ciudad los intensos aplausos y coros de un pueblo que esperó bajo la lluvia al Pablo de tantas Yolandas, para acompañarlo durante su presentación en esta ciudad.

Los añejos adoquines de la Plaza San Juan de Dios abrazaron a cientos de agramontinos, quienes tararearon las antológicas canciones del cantautor cubano salpicados de una refrescante y pertinaz llovizna, que no cesó mientras duró el regalo veraniego que fue el concierto de Pablito Milanés.

Mucho antes de su aparición en el escenario, a las 7 y 30 de la tarde, se conoció su decisión de que, con agua o sin ella, él cantaría al legendario Camagüey.

No demoró la sorpresa. Pablito subió a escena desafiando la inclemencia del tiempo y rechazando cubrirse, ante un clima adverso.

Dicen sus más fieles seguidores, esos que van tras sus presentaciones «llueve, truene o relampaguee», que la casualidad con Pablo no tiene límites, pues hace tres años, en ocasión de una anterior presentación, los chubascos también amenazaron con privar a la gente del espectáculo. Mas al parecer, ni antes ni ahora la naturaleza puede burlar a quien seduce de solo escucharlo.

Y las sombrillas, capas… de las «Yolandas» camagüeyanas y los camagüeyanos se abrieron a montones, para guarecerse bajo un cielo iluminado tenazmente por relámpagos y permanecer junto a sus estremecedores temas: Algo más que soñar, El breve espacio en que no estás, Principio y fin de una verde mañana, Para vivir, Si ella me faltara alguna vez, Años, El primer amor, la insuperable Yolanda y aquel que evocó a Nicolás Guillén, De qué callada manera.

En esta comarca de pastores y sombreros, como la nombró Guillén o como sabiamente el paisajista Lorenzo Linares reflejó en su cuadro obsequiado al trovador, se cantó y aplaudió junto al autor al amor de tantos amigos, «porque esta tierra se lo merecía, por su persistencia, por su belleza y su encanto», dijo emocionado el poeta.