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lunes, enero 07, 2013

SOBREVIVIR EN HONG KONG: "CON PURA MAGIA SATISFECHO"


Por Isidro Estrada (en Beijing)

(Con permiso póstumo de Rapi Diego, por usar su título)


Un mago cubano y sus amigos me demuestran que la bondad anida en cualquier sitio. Y no es truco.


¡Advertencia!: Primero pasará un camello por el ojo de una aguja, que permitir a un cubano entrar en la RAE de Hong Kong (frase que debería estar escrita en letras doradas en alguna pared de la Oficina de Inmigración de Hong Kong en Pekín)


Bruce Lee, el eterno héroe de Hong Kong
Hong Kong es un sitio vedado a los cubanos, off-limits, como se dice en inglés. No somos bienvenidos en modo alguno, pues sus autoridades viven convencidas de que cada cubiche suelto por el mundo está empeñado en solicitar asilo en ese pedacito de tierra. Quien intente viajar a esa región con pasaporte cubano, debe estar sicológicamente preparado para someterse a desgastantes sesiones de interrogatorios, en las cuales le pedirán hasta el documento del día en que se hizo pionero, además de hacer constar el compromiso de salir de allí con la premura de un corredor de fondo, demostrar que se tiene una buena suma en el banco y que uno se hospedará todo el tiempo en un hotel. Estuve a punto de desistir del viaje y optar por Mongolia o Malasia, que no nos piden visa. Pero mis empleadores chinos insistieron en HK para conseguir mi visa de trabajo, con los argumentos de que HK es “parte de China (¡ja,ja,ja, el mejor chiste chino!)” y de que “mei banfa”. En consecuencia, haciendo de tripas corazón, planté cara a mis “verdugos” de Inmigración, quienes al final – parece que por puro cansancio, después de seis viajes a su oficina - dieron su brazo a torcer y me permitieron la entrada al Reino de los Cielos.

El Chala y Jose
Como contraparte, empero, puedo alegar que las horas amargas de lucha con la oficinita de marras, se borraron en cuanto aterricé en la ex colonia británica y me acogieron cuatro compatriotas. La sorpresiva bienvenida de José Antonio, Eduardo, Duliet y David, y sus respectivas familias, fue bálsamo mágico que curó heridas, haciéndome olvidar al instante la sesión de tormentos en Pekín. Tengo deuda muy especial con José Antonio Almenares, su esposa e hija. El Jose, el único mago cubano que conozco en China y sus alrededores, obró el truco honesto de hacerme sentir en casa estando en tierra lejana. Con un pase de varita mágica desenredó los nudos de mi cansancio, frustración e impaciencia. Y terminó por sacar de su sombrero de copa, halándola de las orejas, una amistad sincera que espero dure mucho más que las actuales impedimentas para que los cubanos visitemos el peñasco del sur.

HAY UN OLORCITO...

La primera señal de que estaba en Hong Kong me la dio un bebedero. Aún sin haber salido del aeropuerto me sorprendí al ver gente bebiendo directamente de un aparato empotrado en la pared, algo impensable en Pekín, donde el agua del grifo puede contener cualquier cosa, desde amebas que bailan aserejé hasta residuos de la central nuclear de Chernóbil, vaya usted a saber...

Luego comprobé que la cuenta en mi tarjeta de banco había crecido, pues con la actual tasa de cambio entre dólar de HK y el RMB, el segundo se impone por KO, y lo que uno trae de Pekín se multiplica con ganas y de manera automática. Claro, esta alegría en casa de pobre dura poco, pues en cuanto uno se monta en el Metro de HK, viaja en taxi o en una modesta guagua interurbana, se percata de que eso de darle la vuelta a la ciudad por dos modestos yuanes sólo se consigue en la parte continental. Mi mujer suele decir a modo de consuelo, que el 20 por ciento que el Estado chino me retira cada mes de mi sueldo oficial (y de cualquier colaboración que haga con entidades estatales), va a parar a las arcas de nuestro cada día más eficiente sistema de transporte público en Pekín. (Pero ojo, que a juzgar por los precios, parece que el guagüero hongkonés me cobra el impuesto directamente).

Hasta palmitas para la nostalgia tropical tiene Hong Kong
La tercera señal de que uno está en China, pero no está en China, deriva de la necesidad inmediata de sacarse todo lo que uno traiga de abrigo. HK es subtropical, en teoría, pero puede gastarse una canícula similar a La Habana, incluso en noviembre, y para subrayar la similitud geográfica hasta dispone de repetidas hileras de palmitas reales en sus calles atestadas.

Por último, cuando uno ya sale de la terminal aérea, un aroma muy diferente al de Pekín le estalla en pleno rostro. ¿Cómo describirlo? Vaya, es algo así como el olorcito ese que desprenden los establecimientos gastronómicos concentrados en el “Mall” de Carlos III, en La Habana. ¿Lo recuerdan? Pues más o menos así huele el enclave. Al menos a primera nariz.

Como dije ya, Hong Kong es China, sí, pero a la misma vez no lo es. Y si a la Inmigración hongkonesa le aterran los cubanos, al hongkonés de a pie le causan más temor sus propios compatriotas al otro lado de la frontera, según me explica Henry Cheng, un ex periodista devenido prestidigitador (¡sí, otro mago!), quien pronostica que una eventual arribazón de “continentales” arruinaría la boyante economía del enclave, que “hoy goza de un ritmo de crecimiento incomparable”. Debe ser por eso que se ha limitado la cifra de mujeres de la parte continental que pueden parir en hospitales de HK, lo que a la larga les facilitaría entrar a la RAE como Pedro por su casa, por ser madres de un chino nacido allí.

Balcones
Henry pasa por alto, sin embargo, que en más de una ocasión China ha dispuesto una especie de tubería de dinero y otros recursos que han fluido incontenibles hacia HK, como ocurrió ya en 1997, cuando la crisis financiera asiática, y luego, a partir de 2008, cuando estalló la crisis mundial. Pekín es el primer interesado en que su vitrina capitalista del sur se mantenga como joyero inmarcesible, ajeno en todo lo posible a los avatares que marcan la vida china al norte del diminuto territorio.

No en balde los hongkoneses se dan lujos que no tienen sus compatriotas. Y no me refiero al mundo de la pacotilla, sino a ciertas prerrogativas más trascendentales. Como montar tinglados de la secta Falun Gong (prohibida en China continental) por todas las esquinas y echar pestes del Partido Comunista, lo cual hacen a cualquier hora y sin que nadie los perturbe. Un tanto a favor de China. Una lección de flexibilidad y pragmatismo, que habrá que agradecerle siempre a las grandes ideas del pequeño Deng Xiaoping, quien se lo dejó claro a Margaret Thatcher en los años 80, cuando le aseguró que “por largo tiempo” en HK se mantendrían vivas hasta las carreras de caballos. Bueno, cuando aquello no había Falun todavía.

Otra característica que me mantuvo consciente de que me había alejado de Dongbei (noreste de China) fue la masiva presencia de edificios del estilo arquitectónico Lingnan, o más conocidos en el sur de China como Tong Lau.

Si de algo salí convencido es de que las raíces chinas que aún anidan en nuestra isla nada le deben a la cultura pequinesa, o del norte de China en general. Nuestra “chinada” hay que buscarla de Cantón hacia abajo, en el arco de ciudades que forman HK, Macao, Guangzhou y Hainan. Ese es el estilo arquitectónico y de vida que promovieron en Cuba los cientos de miles de chinos que estuvieron llegando por más de un siglo.

QUIMBOMBÓ EN LA CHISTERA

Cena cubana
Llegar por primera vez a un sitio desconocido y encontrar que un grupo de compatriotas lo aguarda a uno con una cena cubana, es más de lo que se puede esperar en cualquier viaje.

Y allí estaban: El mago Jose, con su esposa Jennifer, su preciosa hija, Sofía, y su ayi filipina; su asistente en el mundo de la magia, la camagüeyana Duliet, con su esposo chino Alvin y sus dos pequeños hijos; y el filósofo e investigador Eduardo Freyre Roach, toda una cátedra del saber. (A David Chala, un músico de armas tomar, lo conocí al día siguiente) Y sobre la mesa, la pierna del machito asada, el congrí, la ensalada y el mejor truco del mago: ¡quimbombó que resbala! Como salido del sombrero del ilusionista, por pura magia. Como ya dije, este recibimiento fue un Alka Seltzer de efecto inmediato contra el dolor de cabeza que me dejaron los de Inmigración. ¿Qué más podía desear?


El mago José Antonio entrena a la pequeña Sofía. De casta le viene al galgo.

La nueva generación de chino-cubanos

¡Vaya, ¡tu guarapito aquí!