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miércoles, agosto 22, 2012

RADIO CUBANA: COMPAÑÍA E IDENTIDAD


Por Pedro de la Hoz (Granma) 
 

Luis Casas Romero (1882-1950), fundador de la Radio Cubana.
Noventa años después se nos presenta siempre cercana, necesaria, imbatible ante los vaticinios de su declive en la era de la imagen. Incluso aquellos que se apoltronan frente a la programación de la pantalla doméstica o deliran con la aparente infinitud del espacio cibernético, encienden el receptor para poner a punto sus relojes o saber de primera mano cuál será el humor del tiempo en las próximas horas.

La Radio Cubana es y está. El 22 de agosto de 1922 lanzó su primera señal sostenida desde La Habana, aunque deba reconocerse el aporte de otros adelantados en la Isla. Un hecho: las transmisiones experimentales hacia 1912 del ingeniero norteamericano Frank H. Jones en el central Tuinicú, cerca de Sancti Spíritus, quien operó una planta de chispas de dos kilovatios. Otro: la aventura del español aplatanado Manolín Álvarez, caibarienense por adopción, que en 1920, de cuando en vez, lograba poner al aire su voz y una obertura musical.

Pero fue el veterano del Ejército Libertador, Luis Casas Romero, junto a su hijo, el que consiguió que la planta 2LC transmitiera una señal con todas las de la ley: llamada de atención a los posibles y escasísimos radioescuchas a la hora del cañonazo, la simulación del tic tac de un reloj, la lectura del parte meteorológico y algo de música.

Por largos años, la historia oficial menoscabó el acto inaugural de Casas Romero, al atribuirle el nacimiento de la radio a la apertura, dos meses más tarde, a la PWX, propiedad de la mal llamada Compañía Cubana de Teléfonos.

Afortunadamente, la verdad se impuso y hoy celebramos, con el recuerdo de Casas Romero y su 2LC, nueve décadas de una saga de realidades y asombros, cuya memoria no debe ser olvidada.

En nombre de esa memoria se asoman a estas líneas Alejo Carpentier, Félix Pita Rodríguez, Onelio Jorge Cardoso, Dora Alonso, Félix B. Caignet, Enrique Núñez Rodríguez, Iris Dávila y otros muchos intelectuales que contribuyeron a que la radio fuera un medio artístico apreciable; aquellas y aquellos que hicieron que entre no-sotros tuviera lugar el parto genérico de la radionovela; los cientos de músicos que hallaron en los estudios la posibilidad por excelencia para promover sus creaciones; los locutores que se convirtieron en una presencia familiar en los hogares; los actores y las actrices a los que la gente ponía un rostro diferente al que tenían; los narradores deportivos que describían con pasión cada jugada en el terreno; los periodistas que, como Guido García Inclán, pusieron las manos en el fuego por la dignidad.

Memoria singular la de un medio que antes de la medianía del siglo pasado contaba con una emisora especializada en noticias y en seguir el paso de las horas, minuto a minuto, y otra para la difusión exclusiva de la música de concierto.

Y que para luchar y honrar la libertad, transmitió desde el 24 de febrero de 1958 los aires insurreccionales desde la Sierra Maestra, cuna de la Radio Rebelde, fundada por el Che bajo la orientación de Fidel.

Variada e intensa es la programación actual de la Radio Cubana, pero su denominador común para por la aspiración de reflejar en sus espacios los valores políticos, ideológicos y éticos de la sociedad que construimos, y proyectar sus emisiones de manera que estén al servicio de los conocimientos, la cultura y la recreación de todos los ciudadanos.

Noventa años después la Radio Cubana, de San Antonio a Maisí sin olvidar la Isla de la Juventud, es suma de talentos y vocaciones, fuente de identidad e irreductible compromiso.


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