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miércoles, julio 25, 2012

LOS TEMIDOS RAYOS

Por Orfilio Peláez (Granma)


Más allá del sofocante calor que los caracteriza, los meses de verano aparecen incluidos dentro del periodo de mayor presencia anual en lo referido a la ocurrencia de las llamadas Tormentas Locales Severas (TLS), el cual se extiende de mayo a septiembre.

Un estudio desarrollado en la década de los 80 del pasado siglo por el meteorólogo cubano ya fallecido Arnaldo Alfonso, demostró la importancia de prestarle a este fenómeno atmosférico la mayor atención, debido a la magnitud de los daños que puede ocasionar en breve tiempo.

Según el criterio de los especialistas, se le denomina TLS a toda tormenta capaz de generar a la vez uno o más de los siguientes elementos: caída de granizo, lluvia intensa, tornados, vientos lineales fuertes, trombas marinas y gran actividad eléctrica.

Como sucedió en el transcurso de las últimas semanas en diferentes localidades del archipiélago cubano, las descargas eléctricas continuas acompañaron a la casi totalidad de las Tormentas Locales Severas registradas, entre ellas la reportada en la capital el pasado martes 17.

EL COSTO DE LAS IMPRUDENCIAS

Teniendo en cuenta los severos daños que los rayos suelen ocasionar, Granma retoma el tema con la doctora Lourdes Álvarez Escudero, investigadora del Centro de Física de la Atmósfera del Instituto de Meteorología.

De acuerdo con lo planteado por la especialista, el rayo aparece cuando el movimiento ascendente y descendente del aire contenido dentro de una nube del tipo cúmulo nimbo, de gran desarrollo vertical (alcanzan una altura de 12 y 14 kilómetros) y alto contenido de humedad, forma cargas eléctricas positivas y negativas, que al acumularse en exceso, originan una descarga en forma de chispa, el relámpago.

Esta puede circular dentro de la propia nube, entre dos nubes de tormenta, o entre una de ellas y la superficie de la tierra. Cuando el chispazo desciende a una temperatura muy elevada, choca con el aire mucho más frío de los alrededores y produce ese enorme ruido llamado trueno.

Al ser la velocidad del sonido mucho menor a la de la luz, indica la doctora Álvarez, siempre veremos primero el relámpago y después escucharemos el trueno. La distancia a partir de la cual comienza a escucharse el estruendo provocado por la caída de un rayo es de 8 a 10 kilómetros.

Junto con provocar en pocos segundos temperaturas de hasta 27 mil grados Celsius y liberar enorme cantidad de energía, que los científicos esperan lograr aprovechar algún día, en Cuba las fulguraciones constituyen la primera causa de muerte por eventos atmosféricos.

Asimismo, desatan incendios forestales, matan animales y entorpecen la telefonía y las transmisiones de radio y televisión. También dañan los transformadores, torres petroleras y aerogeneradores, además de poder entorpecer los vuelos de la aviación comercial.

Como dato de interés, vale apuntar que las tormentas comienzan cuando se escucha el primer trueno y terminan 15 minutos después del último.

La hora más propicia para su ocurrencia es alrededor de las cuatro de la tarde, mientras el promedio anual de días con tormentas eléctricas ronda los 130.

Para que las personas puedan protegerse si son sorprendidas por una tormenta fuera del hogar o del centro de trabajo, la investigadora refiere que lo más recomendable es buscar abrigo en el interior de una edificación techada.

El mejor sitio es permanecer en el interior de un automóvil, con las puertas y ventanillas cerradas, manteniendo el motor apagado.

La anterior opción constituye la más segura, pues en los vehículos, cuyas ruedas son de goma, las descargas eléctricas circulan por el exterior del metal y dejan en el interior un campo eléctrico nulo, fenómeno denominado Jaula de Faraday.

Nunca debe caminarse bajo condiciones meteorológicas tan peligrosas y mucho menos correr si se tiene la ropa mojada, ya que se crea una turbulencia en el aire, que puede atraer la descarga eléctrica.

Esta tiende a caer sobre el punto más elevado, de ahí que si la persona se encuentra en un descampado, lo aconsejable es ponerse de cuclillas e inclinar la cabeza sobre la rodilla, con los oídos tapados. Tal posición debe mantenerse hasta tanto pase la severidad de la tormenta.

Nunca busque protección debajo de un árbol, en la boca de una cueva, o en un saliente rocoso. Si forma parte de un grupo situado en un terreno descampado, lo correcto es separarse de manera individual.

Resulta conveniente quitarse del cuerpo todo componente metálico y alejarse de vallas, alambres y cercas hechas con ese tipo de material. Tampoco debe montarse a caballo, practicar deportes en terrenos abiertos, ni hablar por teléfono.

Si la tormenta nos sorprende en el mar, piscina, río o embalse, hay que salir inmediatamente del agua. Otra medida de protección es evitar bañarse en el aguacero descalzos cuando esté tronando, algo que lamentablemente hacen muchos jóvenes en nuestras calles y avenidas.

Además de provocar muertes, las descargas eléctricas pueden inutilizar de por vida los equipos eléctricos, por eso hay que desconectarlos de la corriente o de las líneas telefónicas, según el caso, ante la amenaza de una inminente tempestad.

En este aspecto, como en muchos otros de la vida, lo esencial es la prevención. Las imprudencias siempre cuestan caro.