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miércoles, junio 01, 2011

TEMPORADA CICLÓNICA: VELAR POR SER PREVISORES

Por Orfilio Peláez (Granma)


Acostumbrado a lidiar con las tormentas tropicales y huracanes desde hace más de tres décadas, el doctor José Rubiera asegura que, a pesar de los adelantos científicos, todavía es imposible determinar con mucha antelación el lugar exacto por donde pasará un ciclón.

En los últimos años, subrayó, es incuestionable que la confiabilidad de las predicciones aumentó de manera significativa, con la incorporación al trabajo operativo de nuevos modelos, tecnologías y herramientas informáticas, unidos a la cada vez mejor preparación y habilidad de los especialistas encargados de interpretar los datos y emitir las correspondientes informaciones.

"Pero en la atmósfera ocurren complejos procesos que aún escapan a la observación de tan avanzados medios, y ello puede perjudicar la exactitud de los pronósticos, sobre todo los referidos a la futura trayectoria e intensificación de un huracán".

Como explica el especialista, en las predicciones siempre hay cierto margen de error, que aumentará en dependencia de la prolongación de los plazos en los cuales se emitan. Por eso, es más confiable un pronóstico hecho para 12 horas, que uno de 48 o 72.

Sobre el comportamiento de la venidera temporada ciclónica (empieza el 1ro. de junio), Rubiera indicó que las condiciones atmosféricas y oceánicas en la cuenca del Atlántico tropical, el Golfo de México y el Mar Caribe, apuntan a que la cantidad de organismos tropicales con nombre esté en el rango de lo normal o ligeramente superior a la media histórica anual.

Más allá de cuantos sistemas puedan formarse, subrayó, lo esencial radica en ser previsores y estar preparados. En 1995 surgieron 19 y a Cuba no la tocó ninguno. Otros años de menos actividad sufrimos severos daños y pérdidas de vidas, como ocurrió con el caso del tristemente célebre ciclón Flora, en octubre de 1963.

En 1930 hubo un solo huracán fuerte llamado San Zenón, que destruyó a la ciudad de Santo Domingo, capital de la República Dominicana, añadió.

"Las medidas para reducir vulnerabilidades hay que ponerlas en práctica de inmediato. Limpiar los tragantes, zanjas y canales, hacer la poda correcta de los árboles (no talarlos), revisar las cubiertas de los techos, el estado de los postes del tendido eléctrico y recoger escombros de la vía pública, son algunas de las acciones que deben ejecutarse ya".

CICLONES EN LA MIRILLA

Definidos como un enorme sistema de vientos, que junto a nubes de tormentas y lluvia, giran alrededor de un centro de bajas presiones en sentido contrario a las manecillas del reloj en el hemisferio norte, los ciclones tropicales se clasifican —de acuerdo con la velocidad de sus vientos máximos sostenidos promediados en un minuto—, en depresión tropical, inferiores a 63 km/h; tormenta tropical, de 63 a 117 km/h, y huracanes, cuando superan los 118 km/h. Reciben nombre una vez alcanzada la fase de tormenta tropical.

Suelen tener una extensa área de influencia capaz de alcanzar un diámetro de hasta 800 kilómetros o más, de ahí que no se pueden ceñir al punto central señalado en el mapa. En el caso específico de los huracanes, existe la llamada escala Saffir-Simpson, que los clasifica en cinco categorías.

Así, son de categoría 1 aquellos cuyos vientos máximos sostenidos oscilan de 118 a 153 km/h; categoría 2 de 154 a 177; categoría 3, entre 178 y 209, la 4 de 210 a 250, y 5 si sobrepasan los 250 km/h.

Históricamente los ciclones tropicales presentan ciclos alternos de alta y baja frecuencia en cuanto a su formación, que pueden prolongarse durante varias décadas, en dependencia de las condiciones predominantes en el proceso de interacción océano-atmósfera.

Por ejemplo, a partir de mediados de los años 60 del pasado siglo la actividad ciclónica disminuyó de manera considerable en la cuenca del Océano Atlántico tropical, hasta el inicio de un nuevo periodo de repunte en 1995, en el cual todavía estamos inmersos y debe prolongarse unos cuantos años más.

Es oportuno recordar que desde 1800 a la fecha, la primera década del siglo XXI resultó la más activa para Cuba en lo referido al azote de huracanes de gran intensidad (categoría 3, 4 y 5), con un total de siete. Ellos fueron Michelle en noviembre del 2001, Charley e Ivan (agosto y septiembre del 2004), Dennis en julio del 2005, además de Gustav, Ike y Paloma, en el 2008.

El récord de más organismos tropicales con nombre en nuestra área geográfica es de 28, y ocurrió en la temporada del 2005. De ellos, 15 fueron huracanes, la mayor cifra registrada hasta el presente.

Pero si hablamos de curiosidades, vale mencionar el caso de lo sucedido en el año 1914, cuando la única tormenta tropical que hubo vino a formarse el ¡15 de septiembre!, para clasificar como la temporada de comienzo más tardía.

La lista de nombres de los ciclones del 2011 la encabezaría Arlene y le seguirían Bret, Cindy, Don, Emily, Franklin, Gert, Harvey, Irene, José, Katia, Lee, María, Nate, Ophelia, Rina, Sean, Tammy, Vince y Whitney.


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