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lunes, mayo 23, 2011

ROBIN HOOD VIVIÓ EN CUBA

Por Argelio Santiesteban (CubAhora)
  
Pudo llamarse Robin Hood, o Jesse James, o El Tempranillo, o Jesuinho Brillante, o Cartouche.

Lo cierto es que en el folklore de cada nación aparece el fenómeno del bandolerismo. Tan atrás se remonta el asunto que, para algunos historiadores, Procusto y el archiconocido Caco no fueron más que renombrados bandoleros del mundo antiguo.

El esquema se repite de pueblo a pueblo, y la leyenda popular del bandolero "noble" constituye una constante.

Protector de viudas y huérfanos, desfacedor de entuertos que despoja a los pudientes en beneficio de los menesterosos, es el hombre bueno que, obligado por la sociedad, las circunstancias y la miseria, se ve compelido a convertirse en un fuera de la ley.

María de las Mercedes Santa Cruz, la habanera Condesa de Merlín, dejó en 1844 constancia de la presencia del fenómeno en Cuba. Su descripción, que cuadra perfectamente con el bandolero "noble", dice así: "El que mata a otro huye al interior de la Isla, se le persigue y se le pone precio a su cabeza. Abandonado como enemigo de la especie humana, obligado a temer y a defenderse, se hace ladrón para proveer su existencia y asesino para conservarla. Pero en medio de esa degradación suelen conservar los más de ellos cierto espíritu aventurero y caballeresco que no está desprovisto de alguna generosidad."

En la nómina de los bandoleros cubanos hallamos a Gustavo Machín y Ulloa, célebre por su sensacional evasión del Castillo del Príncipe. Recapturado, se casó con su concubina Simeona antes de sufrir pena de garrote, en 1888.

José Moreno y Suárez, compañero de Machín, era padre de veintisiete hijos. Fue tal su popularidad que las atemorizadas autoridades españolas para trasladarlo a Guanajay, lugar de su ejecución, prepararon un tren con una custodia de doscientos soldados. Desde el patíbulo gritó: "¡Se acabó esto! ¡Adiós, caballeros!".

De Cristóbal Fernández Delgado, bandolero de Jovellanos, se asegura que, como María Antonieta, encaneció totalmente en la noche anterior a la ejecución.

Mas cuando el bandolerismo alcanzó dimensiones de leyenda en nuestro país fue con Manuel García, El Rey de los Campos de Cuba, quien ha sido considerado la figura más firme y popular de nuestro folklore.

Baste decir que cuando aún estaba en vida, ya se cantaba un danzón con su nombre. Después de enterrado inspiraría una película silente, otra sonora, comics, episodios radiales que se extendían por años y polémicas periodísticas que cada cierto tiempo acaparaban la atención de los lectores.

Personaje controvertido, fue para unos corajudo patriota; para otros, vulgar bandido. Lo cierto es que resultó muerto a traición, de un tiro de revólver por la espalda, el mismísimo 24 de febrero de 1895, tras sumarse a los alzados contra la Metrópoli.

Que diluciden la verdad del Robin Hood cubano otros colegas con más seso y paciencia, pues a este humilde gacetillero no le alcanza el aliento para tanto.