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viernes, mayo 27, 2011

DIHÍGO SIGUE SIENDO EL INMORTAL

“El fue el más grande jugador all-around que yo conocí. Yo digo que fue el mejor pelotero de todos los tiempos, blanco o negro. El lo podía hacer todo. Si él no fue el más grande, yo no se quién podría ser. Ustedes tomen a los Ruth, Cobb y DiMaggio. Denme a Dihígo y yo los derrotaré casi siempre”. Buck Leonard, miembro del Salón de la Fama de Cooperstown


Por Sigfredo Barros (Granma)

Casi todos los que lo vieron jugar concuerdan en que fue el más grande jugador all-around blanco o negro que ha vivido. Podía jugar todas las posiciones excepto la receptoría y algunos aseguran, incluso, que esa también. Sentó cátedra en Cuba, México —donde lo apodaron El Maestro—, Venezuela, República Dominicana y Estados Unidos.

Martín Magdaleno Dihígo Llanes (25/mayo/1906-20/mayo/1971) fue una rara combinación de velocidad, fuerza y gracia incomparable. Imposible describirlo con una sola palabra o frase. Harían falta los testimonios de quienes jugaron con él para tener una idea de su grandeza, afortunadamente recogidos por quien es considerado el mejor historiador de las Ligas Negras, John B. Holway.

Hilton Smith, pitcher, Kansas City Monarch: "Dihígo lo podía hacer todo: pitcher, buen bateador, buen fildeador. Él era un tipo alto, lucía como Joe DiMaggio. Ese hombre podía jugar en el outfield y, ¡0h!, podía tirar como nadie. Y lanzar, tiraba de todo por el lado y por encima del brazo. Buena curva y una buena bola rápida, muy buena. Si hubiera jugado en Grandes Ligas podría ganar el título de más victorias. Y batear 300 también. Era una gente afable, muy simpático".

Ted Page, jardinero, Homestead Grays: "Yo era muy buen amigo de Roberto Clemente, pero Dihígo tenía un brazo como un cañón, mejor brazo que Clemente".

George Wehby, editor del Havana Post: "¿Qué tipo de jugador era Dihígo? Muy fácil: Muhammed Alí fue un boxeador; Jack Dempsey un demoledor; Joe Louis era ambas cosas. Martín Dihígo fue el Joe Louis del béisbol".

Armado con semejantes herramientas, Dihígo se convirtió en un jugador extraordinario, capaz de batear de por vida 304 en más de 5 000 turnos al bate y de ganar más de 250 juegos, cifras ambas aproximadas pues decenas de los box scores de la época se perdieron lamentablemente.

Muchas de sus hazañas tuvieron por escenario México. En 1938 fue campeón de bateo, con 387 de promedio, y líder de los lanzadores con 18 victorias, dos derrotas y promedio de 0,90. Ese mismo año, lanzando con el Águila, se acreditó el primer cero jit-cero carrera en la historia del béisbol mexicano. Lanzó otros dos juegos similares en Venezuela y Puerto Rico.

En Cuba promedió 300 en nueve oportunidades y 400 en dos, con más de 100 victorias en doce temporadas. Las Ligas Negras estadounidenses y el béisbol mexicano lo vieron llevarse el crédito del triunfo en más de 150 ocasiones debidamente acreditadas de manera oficial, más quizás docenas perdidas en la historia.

El Dihígo pelotero fue excepcional. El Dihígo hombre fue igual, patriota como su padre —sargento del Ejército Libertador—, consecuente con sus ideas. Siempre dijo que no era político... pero cuando el golpe del 10 de marzo de 1952 lió sus bártulos y no regresó hasta 1959.

Fue la última etapa de su vida, entregando sus energías a la Revolución, trabajando como entrenador, escribiendo una columna, Desde el Pan de Matanzas, en el periódico Hoy. La muerte lo sorprendió a cinco días de cumplir 65 años, víctima de una trombosis cerebral.

El mejor epitafio que pudiera escribirse de su vida lo dijo Satchel Paige, el más grande lanzador de las Ligas Negras. Paige fue el primer jugador no blanco que ingresó en el Salón de la Fama de Cooperstown, en 1971, seis años antes que El Inmortal. Cuando le preguntaron como se sentía respondió: "No estoy feliz. Yo no soy el número uno. Ese honor le corresponde a Dihígo".