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domingo, abril 03, 2011

EL MISTERIOSO ENCANTO DE FREDDY

Por Raúl Fuillerat Alfonso (Habana Radio)

Cuando ya están llegando a sus finales los años cincuenta del siglo pasado dentro de la vida nocturna y bohemia de la Habana, es que se coloca como estrella esta interprete llena de secretos y misterios llamada Fredesvinda García Valdés, la gran Freddy.

En ese mismo tiempo en que se producían las noches íntimas de La Burke con Portillo de la Luz en el Gato Tuerto, las de una desenfrenada Lupe en el Club La Red, o cuando nacía con todo esplendor en el Salón Rojo del Capri Gina León, El Sherezada con sus cojines en el piso sitio habitual de Elena y de Ela Calvo, José Antonio Méndez en el Pico Blanco, Teresita Fernández haciendo volar la imaginación en su Coctel de 23 y N, o cuando mucho mas temprano compartía la cena en el Monseñor con el gran Bola, mientras que Frank Domínguez descargaba en el Imágenes y la Burke lo hacía con Meme al piano en el Club 23 ya esta mujer de imagen tan gruesa como su voz deambulaba por los portales de la calle Infanta repartiendo su voz rara y desconocida.

En Tropicana, Sans Soucy o en Motmmatre las grandes divas como Rosita, Celia, Olga o Ana Gloria Varona junto a Rolando derrochaban el buen arte de aquellos inolvidables espectáculos nocturnos entre tantos y tantos.

Las D'Aida de la gorda inigualable Aida Diestro llenaban las tardes del Patio del Habana Hilton, mientras que el Beny hacía de las suyas por el Ali Bar y una Juana Bacallao que limpiaba las escaleras de una mansión donde trabajaba como empleada doméstica era descubierta por el maestro Obdulio Morales.

Esta era la Habana que vio nacer a la gran Freddy Era así como transitaba la Habana bohemia hasta el amanecer cuando las grandes figuras del espectáculo terminaban su faena desayunando en el Bar Celeste de Infanta y Humboldt, o comiendo algunos asados en la plaza de Cuatro Caminos, Dentro de todo este universo bohemio, farandulero y musical les decía, estaba Fredesvinda la criada de los Bengochea, que deambulaba por los portales de la calle Infanta y terminaba con un trago de ron cantando a dos voces con la victrola del Bar Celeste, ese que era el punto de reunión de los mas afamados artistas de la época.

Fredesvinda, cantante negra de procedencia muy humilde y con una imagen sui generis que proyectaban sus 305 libras de peso corporal de momento se convirtió en la gran Freddy de las noches habaneras quien solo pudo grabar un disco, en el cual incluyó su versión del éxito internacional de George Gershwin, "El hombre que yo amé" y una de las primeras composiciones de la absoluta Martha Valdés, que ya por aquellos años había triunfado con su antológico "Y con tus palabras".

La nostalgia que se ha producido con relación a la gran dama de las noches habaneras de los cincuenta por parte de aquellos que las conocieron y la disfrutaron y por los que curiosamente quieren descubrirla la convierten siempre en noticia.

¿Quién fue Freddy? ¿Qué fue de ella? ¿Vive todavía? ¿Por qué fue tan corta su carrera artística? Fredesvinda, Freddy García Valdés, nació en 1933 en el pequeño pueblo de Céspedes en la provincia de Camagüey.

En plena adolescencia se traslada a la Habana y trabaja como empleada doméstica pero ella, Freddy y no Fredesvinda la cocinera de los Bengochea, soñaba con triunfar una vez que llegara a la capital aunque su bautizo en la agitada ciudad habanera de los cincuenta fuera como cocinera.

Fuerza de voluntad, y afán por llegar a realizarse como cantante lograron que su vida cambiara.

Al menos comenzó por cantar junto a la victrola del Bar Celeste o quizás por los portales de la calle Infanta pero un buen día su voz se hizo escuchar y nació Freddy la estrella de las madrugadas bohemias de la Habana.

"La cita", de Gabriel Ruiz, y "Noche y día", de Cole Porter, fueron dos de los temas que la hicieron triunfar en los centros nocturnos de la capital con la misma fuerza e intimidad que también triunfara en sus afamados portales o en su cuna como artista, el Bar Celeste.

Freddy se apoderó de estos lugares como su más genuino escenario por ello no dudo, que todavía habrá muchos que cuando caminan por esta calle o se acercan a esa esquina donde en una época brillara el mencionado bar, la imaginen y la puedan sentir con su potente voz, diciendo, eso, bésame mucho, bésame como si fuera la ultima vez, bésame, que tengo miedo perderte y no verte después.

Apenas tres años de comenzar a cantar alcanza el estrellato y se convierte en la dueña de las noches habaneras.

Cuenta Martha Valdés que un buen día ella y el compositor José Manuel Solís, decidieron buscarla, y la encontraron precisamente allí, en el Bar Celeste.

Después fue Humberto Anido, quien la lleva a debutar en el Capri. Anido la descubrió en una de esas madrugadas en que tomaba su café en el bar Celeste. La voz de Freddy, todos la conocían dentro del ambiente bohemio de la capital.

Wilfredo Riquelme, integrante del cuarteto Los Meme desde su fundación le entrega a Freddy su tema "Vivamos hoy", mientras que ella se apropia de las "Noches de ronda", del gran Agustín Lara. Cuentan los que la conocieron, que Freddy era una mujer joven, pero muy gruesa, de cara redonda que apenas tenía cuello.

Contrariamente, era una mujer con mucha distinción, y sobre todo, con una voz muy visceral y sobre todo diferente lo cual se unía a un estilo muy personal de decir el bolero.

La voz de Freddy y su proyección escénica quizás podían asustarnos de primera impresión, incluso, podíamos llegar a rechazarla pero pasado los primeros compases ya lograba enternecer a todos los que la escuchaban. Sin lugar a dudas, creó un estilo de decir el bolero, no solo por su imagen, sino sobre todo por su forma de decir, de proyectarse en el escenario o en la pista y por esa voz diferente, irrepetible y única.

Otro de los temas que Freddy incluye en su primer y único larga duración es "Debí llorar", de Piloto y Vera, tema que ya se comenzaba a escuchar en la voz de Gina León, pero que Freddy hace una interpretación, muy diferente, muy de ella, porque Freddy, no se parecía a nadie, ni nadie se parecía a ella.

En 1961, decide residir en Puerto Rico, actuando como lo hacia en la Habana que la vio nacer como estrella en bares e importantes centros nocturnos, sin embargo murió en la pobreza.

Cuentan que músicos cubanos y puertorriqueños tuvieron que hacer una colecta para pagar sus funerales.

La causa de su muerte aún no se conoce, unos dicen que fue provocado por un derrame cerebral, otros por un infarto y otros por una insuficiencia cardiaca, pero realmente la causa de su muerte con precisión se desconoce. Su muerte al igual que su vida estuvieron llenas de misterios muchos de los cuales nunca pudieron conocerse.

Esta mujer de una voz rara y que cantaba boleros de una forma muy peculiar, con una corta carrera artística, con una vida y una muerte llena de interrogantes y misterios y de la que solo perdurará para siempre un solo disco de larga duración y el recuerdo de aquellos que tuvieron la suerte de haberla visto triunfar en las noches bohemias de la Habana de finales de los cincuenta y principios de los sesenta.


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