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lunes, marzo 07, 2011

EL NIÑO QUE ADMIRABA LOS ENCESTES FILMA EN CUBA

Benicio del Toro está en La Habana para estrenarse como director de cine

Por Pedro de la Hoz (Granma)
Foto: EFE

La noticia se esparció desde comienzos de la semana pasada a los cuatro vientos: Benicio del Toro está en la capital cubana para estrenarse como director de cine. Los detalles de su iniciación se hicieron públicos desde el pasado enero, cuando la productora española Morena Films anunció que el actor puertorriqueño sería uno de los siete realizadores fichados para rodar cada uno de los relatos de la película colectiva Siete días en La Habana.

En la parte que le toca, Del Toro contará la historia de un actor norteamericano que descubre la ciudad y su gente al margen de los tópicos turísticos. El protagonista de la saga de Steven Soderbergh sobre el Che estará por primera vez detrás de la cámara. "Rodar aquí mi primer proyecto como cineasta es un privilegio", declaró a los medios de prensa.

Pero lo que no reveló en su rápido intercambio con los comunicadores fue que esa empatía con la Isla comenzó antes de que imaginara ser uno de los pesos pesados de la actuación en la industria fílmica norteamericana, incluso mucho antes del primero de sus 12 viajes a Cuba.

Hay que situar el punto de partida en San Juan, 1979, escenario de los Juegos Deportivos Panamericanos. Benicio vivía una extraordinaria pasión por el baloncesto, tanta que se veía un día en la cancha defendiendo los colores de su patria. Cuba y Puerto Rico mantenían por entonces una férrea rivalidad en el deporte de los encestes. Apenas siete años antes, Cuba conquistaba una medalla de bronce olímpica.

De aquel momento, Benicio recuerda: "El viejo mío nos compró entradas para todos los partidos a mi hermano y a mí. No quería que estuviésemos por ahí dando vueltas. Llegábamos al estadio por la mañana y él nos recogía por la tarde. Me hice amigo de todos los jugadores, sobre todo de los cubanos, que eran muy simpáticos. Me peleaba con ellos. Todavía conservo algunas fotos. Los deportistas me veían, un muchachito, y jugaban conmigo. Había otros que no te hablaban, no te daban un autógrafo, pero los cubanos eran muy normales".

Apenas diez años después, Benicio llegaba a los sets de filmación. Paso a paso, de papeles menores a otros más complejos, construyó una carrera, que tuvo un alto reconocimiento al conquistar en el 2001 por su interpretación del policía Javier Rodríguez en Traffic, también de Soderbergh, el Globo de Oro, el Premio del Sindicato de Actores y el Oscar al Mejor Actor de Reparto.

Aficionado al baloncesto, apareció también en la pantalla en una película relacionada con el otro deporte nacional puertorriqueño, el béisbol. Sucedió cuando compartió el elenco con Robert de Niro en El fanático, de Tony Scott (1996), en un cartel en el que figuraron además John Leguizamo, Lauren Bacall y Wesley Snipes.

En su debut como director de una de las historias del filme que cobra vida en La Habana, con argumentos aportados por el escritor cubano Leonardo Padura, Del Toro tendrá por compañía en la realización de los restantes cuentos al francés Laurent Cantet (conocido por La clase), el español Julio Medem (Vacas y Lucía y el sexo), el francoargentino Gaspar Noé (Irreversible), el argentino Pablo Trapero (Leonera y Carancho), el cubano Juan Carlos Tabío (Plaff! y codirector de Fresa y chocolate) y el palestino Elia Suleiman (Intervención divina, Premio Especial del Jurado de Cannes 2002).


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