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jueves, agosto 12, 2010

HUELLAS DE LA LOCOMOTORA

Por Dr. Miguel A. Figueras Pérez* (Prensa Latina)

El turismo se ha convertido en la principal actividad económica mundial. Se proyecta que en el año 2010 se moverán por el mundo 1 000 millones de turistas.

En Cuba, el derrame de la demanda de bienes y servicios de este sector ha propiciado, en el resto de la economía, la creación de cientos de miles de empleos, ha obligado a introducir nuevas tecnologías y modernizar muchas instalaciones.

Entre 1990 y 1999, la quinta parte del total de inversiones del país se concentró en el turismo internacional. El empleo directo se duplicó desde 54 000 hasta 100 000 personas y se crearon o recuperaron otras 200 000 plazas de forma indirecta.

Hace unos años era escaso lo que las entidades turísticas podían comprar de los productores nacionales. Una gran parte de las ramas productivas tenían su actividad deprimida, al no disponer de importaciones, combustibles y piezas de repuesto por la desaparición de los principales socios socialistas.

A mediados de la pasada década, las empresas constructoras estaban trabajando al 40 %, la cantidad de cemento descendió 4 veces y la industria textil redujo su producción desde 220 millones hasta 44 millones de metros cuadrados.

En esos años se produjo solo la sexta parte de la pintura, la octava parte de los colchones y la décima parte de las sábanas, se fabricaron 28 veces menos ropa interior y 7 veces menos ropa exterior, 4 veces menos calzado, 6 veces menos jabón y 3 veces menos detergente para uso doméstico.

La oferta nacional solo satisfacía el 12 % de los productos y servicios requeridos por la industria turística.

TODO CAMBIÓ

Los productores fueron transformando su estructura de producción y ya en 2001, más del 65 % de las compras de las empresas turísticas se hicieron a proveedores nacionales.

Para lograr este cambio radical se diseñó una política de apoyo a los suministradores nacionales, siempre que satisficieran las condiciones de ser competitivos en precios, calidad y plazos de entrega. Recibieron asesoramiento, se les informaba sistemáticamente las proyecciones de crecimiento futuro por polos, principales segmentos y ofertas turísticas.

Fueron avalados por los ingresos del turismo para gestionar financiamientos internacionales y, además, el propio Ministerio de Turismo creó una entidad financiera que otorgara créditos a corto plazo a los productores, en condiciones favorables para la importación de insumos, repuestos y algunos equipos.

Todo ello provocó un profundo cambio en la estructura productiva, con la creación, incluso, de las bases para nuevos fondos exportables. En las ventas al sector del turismo participa igualmente un número considerable de joint ventures industriales, agrícolas y de servicios, en los que está presente el capital y el know how extranjero y produce parte del mercado en bebidas, aguas minerales, carnes procesadas, ómnibus especializados para turismo, sistemas de climatización, telefonía alámbrica e inalámbrica, equipos electrónicos y software de gestión y de redes.

Comenzaron a aparecer en la agricultura las casas de sombra que permiten abastecer, durante todos los meses del año, las necesidades de vegetales frescos a las instalaciones del turismo y evitar así su importación. La industria textil introdujo nuevos telares y otros equipos para producir las telas, sábanas y cortinas con la calidad y dimensiones requeridas por los hoteles.

Las fábricas de toallas debieron completar su equipamiento para ampliar los surtidos y permitirles troquelarlas con los logotipos de sus nuevos clientes hoteleros. Igualmente, las industrias de muebles y confecciones debieron introducir nuevas tecnologías y diseñar productos capaces de competir con importaciones de variados orígenes.

En la rama alimenticia y de bebidas sucedió otro tanto. Las cervecerías nacionales elevaron sustancialmente su calidad y mejoraron sus envases y han abastecido el 95 % del mercado turístico con aguas embotelladas casi absolutamente nacionales.

Las fábricas de envases de vidrio emprendieron un amplio proceso de modernización para poder competir en precios y calidad con los importados.

En la industria de materiales de construcción se instalaron nuevas maquinarias, en tanto los constructores aprendieron a hacer hoteles de nuevo tipo y otras instalaciones necesarias para dar servicio a los vacacionistas. Desarrollaron la técnica de construir pedraplenes que permitieron unir la isla grande con islotes y cayos que ahora poseen un mayor atractivo como destino turístico.

GUANAJAY Y OTROS EJEMPLOS

Una pequeña ciudad de 29 000 habitantes, ubicada a 50 kilómetros al oeste de La Habana, es ejemplo de los cambios. Guanajay tenía como principal industria un complejo automotor que ensamblaba ómnibus urbanos e interprovinciales y cuyos talleres se paralizaron con el cese, a finales de los años 80, de la cooperación con la firma Ikarus, de Hungría.

En el año 2000 se constituyó una empresa mixta con capitales y tecnología de varios países y se reinició la producción de ómnibus urbanos y para el turismo.

Otros ejemplos de reactivación se observan en varios astilleros que ya producen yates, veleros y otras embarcaciones para la industria del ocio. Algunas fábricas fueron remodeladas para producir equipos gastronómicos, sistemas de aire acondicionado y climatización, elevadores y otros.

El 48 % de las habitaciones con que cuenta el turismo son gerenciadas por empresas internacionales bajo contrato de administración. Estas, al igual que las administraciones nativas, poseen plena autonomía para importar lo que necesitan, de no satisfacer la oferta nacional sus requerimientos.

De ahí que la creación de clusters productivos nacidos al estímulo del desarrollo turístico se fundamente en la eficiencia, competitividad y alta calidad. El desarrollo del turismo y su cada vez más estrecha interrelación con los productores locales ha contribuido a la reactivación económica.

Si se agregan los familiares a los trabajadores directos e indirectos, el cálculo arrojaría que uno de cada diez cubanos está relacionado de una forma u otra al desarrollo turístico.

Por cada dólar que ingresan las empresas del turismo, 70 centavos se quedan en Cuba. Las investigaciones económicas sobre las relaciones intersectoriales arrojan que por cada millón de dólares adquirido por las empresas del turismo a los suministradores nacionales, se genera una producción equivalente a 1.5 millones de dólares como consecuencia de los efectos hacia atrás en la cadena producción-suministros-producción.

En algunas ramas, esa proporción puede ser hasta de 3 a 4 veces como es el caso de la conformadora de papel y cartón y en la fabricación de maquinaria y equipos.

En el empleo, por cada 100 trabajadores del turismo, se crean 53 plazas en la industria manufacturera, 36 en la construcción, 14 en la agricultura y silvicultura, 29 en el transporte, 3 en los servicios comunales e igual número en las comunicaciones.


(*) Versión del trabajo El turismo internacional y la formación de clusters productivos en la economía cubana, publicado en la obra Cuba, reflexiones sobre su economía, Universidad de La Habana, 2002. El autor es Profesor titular adjunto de la Universidad de La Habana y asesor del Ministro de Turismo.