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lunes, junio 07, 2010

LA RUTA EMPOLVADA DE BACHILLER Y MORALES

Por Abel Somohano (El Habanero)

Para hablar sobre Bachiller y Morales, hay que exorcizar varios demonios: viajes imprevistos, incendios repentinos, y alguna que otra aglomeración en una parada. Pero quizá, el muro más difícil de derrumbar sea el de resumir en pocas palabras, la labor realizada en los setenta y siete años que duró la vida de este ilustre cubano, precisamente por su dinamismo y su disposición a abordar con sus escritos e investigaciones, diversos campos del saber. Para ello, acudimos a Tomás Robaina, investigador de la Biblioteca Nacional José Martí, quien después de varios encuentros postergados con este entrevistador, accedió a adentrarse en la vida y obra del ilustre cubano del siglo XIX.

Hijo de Don Gabriel Bachiller y Mena, y de Doña Antonia Morales y Núñez del Castillo, Antonio Bachiller y Morales nace el 7 de junio de 1812, día que se escoge como el de la bibliografía nacional. Fue esto lo primero que pudimos sacar en claro en nuestro diálogo, aun temerosos de que una repentina interrupción echara por tierra tantos días de espera.

A estas primeras aclaraciones se les podría agregar que El Padre de la bibliografía cubana ingresa, en su infancia, en el colegio Alma Máter de la Juventud Ilustrada de Cuba, y más tarde en el Seminario de San Carlos y San Ambrosio. Desde edades tempranas, se inserta en las actividades de la alta sociedad, y por tal motivo recibe influencias de las más prominentes figuras de su época. En 1831 se recibió de Bachiller en Derecho Civil en la Real Universidad y tres años después de Bachiller en Derecho Canónico, para de esa forma licenciarse, en diciembre de 1837, en esta misma carrera.

Es precisamente en la década del 30 cuando la actividad intelectual de Bachiller y Morales comienza a ser significativa. A juicio de varios investigadores, entre ellos, Tomás Robaina, su labor puede ser considerada como enciclopédica, por la variedad de esferas del conocimiento en las que incursionó con gran destreza y desenvoltura. Pueden ser destacados, en este sentido, sus escritos sobre economía, historia, filosofía, derecho, y poesía. Uno de los sorprendidos por los aportes de Bachiller, en el mismo siglo XIX, fue José Martí, quien ensalzó la manera en que logró desenvolverse el investigador en el campo filológico. Para el Apóstol en los Apuntes para las Letras Cubanas, no hay nada que poner, salvo un poco de orden, porque ya en sus relatos, ya en sus biografías de hombres ilustres, de Arangos y Peñalveres, de Heredia y Varela, de los Castillos y La Luz, está desde sus albores hasta la mitad de este siglo, (…) es este el autor que más materiales ha allegado acaso para la historia y poesías futuras de su pueblo…

Pero más que sistematizar la extensísima obra de Bachiller y Morales en los diversos campos del saber, nuestra entrevista discurrió por los senderos de los aportes a la bibliografía cubana de una de las más preclaras figuras de nuestra historia.

¿Por qué se conoce a Antonio Bachiller y Morales como El padre de la bibliografía cubana?

Desde mi punto de vista la causa fundamental de esta denominación, es la de haber sistematizado con un grado de exhaustividad extraordinario los títulos y autores de los libros impresos en Cuba hasta 1840. Sin embargo, es este un aspecto colateral en su obra, Bachiller y Morales es más conocido por otros aportes importantes. De esto tú puedes darte cuenta cuando revisas los Apuntes para la Historia de las Letras y de la Instrucción Pública en la Isla de Cuba. Pero además, cuando se va a hablar del negro, del aborigen, de la geografía, y de la agricultura en Cuba, es referencia indispensable la obra de este investigador. Como ya te había comentado es un hombre de un conocimiento enciclopédico, por eso considero que su labor no puede ser enmarcada solamente en lo que se relaciona con la bibliografía, con aquel catálogo de libros y folletos que él dejó para lo posteridad...

A propósito de la denominación de la que hemos estado hablando, ¿no cree usted que otras personalidades como Felipe Poey y Domingo del Monte la hubieran merecido, con más justeza?

Yo pienso que no. Ni Poey, ni del Monte tuvieron el objetivo de investigar el origen de la imprenta, pues no tenían la amplitud de miras y la ambición de Bachiller en este sentido. Sólo hay que tener en cuenta un elemento para percatarse de la magnitud de la investigación de Bachiller: su obra incluye el primer impreso que hubo en el país, y varios títulos que sólo un espíritu obstinado e incansable, podía haber desempolvado como lo hizo él. También habría que incluir en esa lista que tú me propones a Francisco Jimeno, y a Eusebio Valdés Domínguez con su proyecto Bibliografía Cubana. En el caso de este último sólo fue publicada la primera parte del proyecto en la Revista Cubana, la segunda nunca se ha encontrado. Pero aun analizando estas propuestas la obra de Bachiller es mucho más amplia en cuanto a títulos incluidos, y además, más profunda y minuciosa.

¿En qué consiste su obra Apuntes para la Historia de las Letras y de la Instrucción Pública en la Isla de Cuba?

Desde mi punto de vista, es esta una obra que refleja el interés intelectual del autor porque incluye todos los aspectos interesantes en torno a la evolución del campo de la educación en la isla, pero además, fue el marco propicio para insertar los catálogos que muestran la historia de los impresos en Cuba. Aquí es importante destacar, que aunque los Apuntes… se realizan entre 1859 y 1861, cuando la nacionalidad cubana se encontraba todavía en ciernes, es esta una obra, a veces olvidada, que contribuyó a lo que posteriormente se conocería como lo nacional.

Varios investigadores han apuntado, de una u otra manera, esta idea que usted nos señala, ¿en que sentido podemos decir, entonces, que ha contribuido la obra de Bachiller y Morales, a la conformación de nuestra identidad?

Es muy interesante lo que me preguntas, porque esta contribución no se debe mirar de la manera tradicional. Por ejemplo, uno puede percatarse de sus aportes, analizando de qué forma eran difundidos, a través de sus escritos, los adelantos científico- técnicos de otras regiones del mundo para ser aplicados en la isla. Detrás de estas ideas no se debe ver sólo un interés económico, sino su compromiso con la tierra que lo vio nacer. En todos sus trabajos, este autor trataba de buscar el sello de lo cubano. Él va hurgando en el origen de varias disciplinas y aplica los conocimientos al momento histórico desde el que estaba escribiendo. Quizá para formarnos una mejor idea de cuáles son sus aportes en torno a la conformación de la identidad, se deba señalar que en un contexto en el que la mayoría de los habitantes de la isla poseedores de una posición acomodada se consideraban españoles de ultramar, Bachiller y Morales trata de rescatar la historia primera de Cuba. El mismo catálogo del que hemos estado hablando evidencia, a mi juicio, las contradicciones fundamentales entre españoles y criollos, que a mediados del siglo XIX se fueron intensificando.

Hay que resaltar cuánto contribuyeron bibliografías como la que nos propone Bachiller a la génesis del sentimiento de nacionalidad, en otros países latinoamericanos. En el Méjico de 1755, por ejemplo, Eguiara y Eguren publicó un trabajo similar al del investigador cubano, como respuesta a las declaraciones de un sacerdote español que consideraba al continente americano un pedazo de tierra sin cultura.

¿Cuál es la relación de Antonio de Bachiller y Morales con el periodismo, y cómo se vincula este a su búsqueda bibliográfica?

Era muy común que los intelectuales de la época colaboraran con publicaciones periódicas; sobre todo porque de esa forma podían difundir con inmediatez sus conocimientos. En este sentido es muy importante la relación del autor con la Sociedad Económica de Amigos del País, que promovía el desarrollo cultural de la isla a través de los escritos de las figuras asociadas a ella.

En relación con su búsqueda bibliográfica, él incluye en sus catálogos, además de los libros y folletos publicados en Cuba, referencias a publicaciones periódicas, bajo el pretexto de que para rescatar la historia de un país es necesario reconstruir la cotidianidad. Estas publicaciones se encontraban en la vanguardia del continente. Son paradigmáticas las coberturas realizadas por la prensa nacional de varios problemas internacionales que aunque con un desfasaje temporal entre los sucesos y el momento de publicación, se destacaron por su precisión. Podemos citar como ejemplo lo publicado en los años 20, en torno a los conflictos en lo que hoy se conoce como Argelia.

Por último, ¿qué críticas le haría usted al Catálogo Razonado y Cronológico de Publicaciones Periódicas y al de de libros y folletos publicados en Cuba?

El autor tiene un texto en uno de los catálogos en donde habla de las dificultades que tuvo que sortear para llevar a cabo su tarea. Una de ellas tiene que ver con las fuentes de dónde obtener la información. Aunque aprovechó su propia biblioteca, la de la Sociedad Económica Amigos del País, y la de la universidad, esto, desde su punto de vista, no es suficiente, para dar por culminada su búsqueda bibliográfica. Hay que tener en cuenta que él pretendía recopilar todo lo publicado en la isla desde la introducción de la imprenta hasta 1840. Por otro lado se debe señalar que Bachiller y Morales, aunque laboró durante cierto tiempo en bibliotecas, no puede ser considerado un bibliógrafo. Uno puede percatarse de esto cuando analiza la forma en que se organizan las entradas y otros elementos que este investigador pasa por alto. Quizá el trabajo de Bachiller merezca varios estudios que lo complementen, como el de organizar la información a partir de grupos temáticos y otros aspectos.

No obstante, desde mi punto de vista, no es pertinente realizar una crítica a esta obra teniendo en cuenta la mentalidad bibliográfica del presente. La labor de Bachiller y Morales, aun con todas las críticas que se le pueda hacer, no deja de sorprender por su extensión y el esfuerzo que esconde tras de sí.

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