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miércoles, septiembre 09, 2009

EL INTIMO INFLUJO DE LO DESCONOCIDO

«El medio que me satisface para presentarme es el pequeño teatro, el café concierto, el patio de una casa», expresa el popular cantautor cubano en diálogo con JR

Por Kaloian Santos Cabrera (Juventud Rebelde)

Los sueños, criaturas inclementes,
toman al universo por sorpresa
—metáforas, locuras disidentes—
para que se mitigue la tristeza
y surja la ocasión de la belleza
en el tiento infinito de la mente.

(Fragmento de Soneto I,
Pedro Luis Ferrer,
9 de septiembre de 2002)

Tras cuatro décadas de libre bregar por acordes y versos, a Pedro Luis Ferrer ya no le interesan demasiado lo que son las cosas en sí mismas, sino lo que llegan a ser en su imaginación. Quizá por eso, lo que nos lega de su universo creativo lleva estampado el sello único de las obras que trascienden en el tiempo.

Para este polifacético y consecuente cantautor, dueño de una voz y un timbre formidables, la fantasía es el requisito indispensable de la creación artística. Se siente un soñador y, con su obra, busca concebir una historicidad artística:

«A veces —y cada vez más— me alimento de la realidad artística que me circunda, es decir, hago arte desde el arte. Y cuando me acerco a la objetividad procuro replanteármela de tal manera que logre incentivar mi creatividad. La obra de arte es una nueva realidad.

«Respecto a la historia, ocurre lo mismo: me nutro de la que soy capaz de concebir para mis fines artísticos, pues lo único que intento demostrar es la obra, ni un milímetro fuera de ella. Y con ello, de paso, lleno muchos vacíos que percibo en la historia aprendida en la musicología, esos huecos que a veces frustran la creatividad», señala quien gusta de expresarse también «en décimas, sonetos, redondillas y formas libres de la poesía española que, en diálogo libre con las esencias del canto y el verso provenientes del África Yorubá y Bantú, han devenido cubanas».

De formación autodidacta (aunque según apunta con ironía el propio Pedro en su blog, supo por un diccionario de la Música Cubana que es graduado del Instituto Superior de Arte), Ferrer compone música de concierto para guitarra, piano y orquesta. Al mismo tiempo, es un instrumentista extraordinario de la guitarra y el tres y, para bien de nuestra música y la salvaguarda de su identidad, uno de nuestros más acuciosos exponentes de la guaracha y el changüí, géneros que ha llevado con éxito hasta países lejanos. Precisamente este tema conectó nuestra conversación una tarde en el portal de su casa.

—El changüí es un género que usted cultiva y lo ha difundido por países como Holanda y España. A su vez, es uno de nuestros ritmos tradicionales que jamás estuvo de moda, incluso nunca alcanzó dimensiones nacionales. ¿Qué valores lo hacen contemporáneo?

—Cuando la música surge de un largo, complejo y espontáneo proceso creativo en el pueblo, nos encontramos ante un fenómeno de subsistencia que tiende a ser inquebrantable y que nada tiene que ver con la moda. Ese es el caso del changüí, cuya permanencia en el gusto del pueblo guantanamero resulta imperecedera. No obstante a que pueda ser desconocido en otras regiones de la Isla.

«Debo aclarar que aunque me acerco al changüí y otras tradiciones, no lo hago en el sentido netamente musical. Más que una apropiación y recreación musical, es un proceso estético que denomino changüisa.

«Respecto al público europeo, el que asiste a mis conciertos abarca todas las edades. Y los une el interés por la música del mundo. Hablo de gente con acceso a la información, que puede leer artículos y ver videos sobre la música de cualquier latitud, sea de China, de la India, de Cuba: el changüí, los coros de clave, la rumba… gente que intenta ampliar su horizonte cultural y para ello se vale de todos los mecanismos a su alcance.

«No se trata de un público pasivo que acepta solo lo que propone la propaganda comercial, sino que, por el contrario, usa cotidianamente las bondades de la tecnología para ser más libre en el conocimiento y el gusto estético. Suelo presentarme en salas medianas y pequeñas, con una programación rigurosa, que cuentan con sus propias revistas donde sistemáticamente anuncian —con suficiente tiempo— la programación e informan con amplitud sobre el artista que se presentará».

—¿Qué es la changüisa?

—«Changüisa» es un término que comencé a usar hace ya algunos años para referirme a una estética que intento plasmar, en cuyo núcleo persisten rasgos evidentes y sutiles del changüí y de otras músicas afines como propósito rector. Con ello también dejo claro que mi acercamiento a la tradición es absolutamente libre, acorde con mi sensibilidad.

—Caliente, Rústico y Natural, sus últimos discos, revelan un proceso de investigación arduo…

—Bueno, yo no lo diría así, pues esos discos que mencionas son simultáneamente eslabones de un proceso de recreo y aprendizaje; no son el reflejo de la investigación, sino ella misma. Y llevan implícita la mutación, pues no se limitan a calcar lo aprendido. Las esencias capaces de transformar lo asimilado habitan en mi imaginación; y solamente en la medida en que la obra va cristalizando puedo tomar conciencia plena del hallazgo. Ese es precisamente el sello distintivo de estos discos: su identidad.

—Resulta paradójico que, mientras en países como España, Austria o Hungría, lo identifican por estos discos y sus changüisas (aunque también por los sones y guarachas), en Cuba —generalmente en nuestros medios— lo encasillan en los años 70, con temas como La vaquita Pijirigua o Romance de la niña mala. ¿Le incomoda?

—A decir verdad, no estoy muy consciente de lo que ocurre al respecto. No obstante, sí percibo que la tendencia a encasillar ocurre en muchas vertientes.

—Ahora que tocamos los medios, usted fue alguna vez un artista famoso de la TV. Hay una anécdota muy ilustrativa que a veces cuenta en sus conciertos: la de la niña que lo paró un día en la calle y le preguntó si usted era el que hacía el personaje de Pedro Luis Ferrer en la televisión (risas). Desde hace mucho tiempo, ni en Cuba, ni en el extranjero, se presenta en la televisión. ¿Ya no le interesa la pequeña pantalla?

—Una gran parte del público que actualmente va a mis presentaciones —la parte más juvenil— solo me ha escuchado en directo, en teatros, cafés, patios y azoteas. En una época circularon muchas grabaciones informales de mis presentaciones en vivo. La mayor parte de mi obra ha sido conocida así.

«Un artista reafirma y varía su proyección en la medida en que profundiza en su labor. Así va decantando todo aquello que considera lejano a su propósito artístico esencial. El medio que me satisface para presentarme es el pequeño teatro, el café concierto, el patio de una casa. Me gusta el pequeño espacio, la intimidad incluso para lo festivo. Nada como cantar directamente para un grupo de amigos y familiares.

«Me motiva la íntima diversidad que cristaliza cuando se reúne un pequeño público afín. No me planteo un arte capaz de satisfacer todos los gustos. Entonces el espacio que escojo para mis presentaciones debe estar acorde con ese modesto propósito».

—Por cierto, he observado que buena parte del público en sus presentaciones es joven.

—No tenía conciencia de que a mis conciertos asistieran muchos jóvenes. Yo me planteo el público en general, pues aunque una canción pueda referirse a la juventud, no excluye al anciano que alguna vez fue joven o que tiene un nieto. Tampoco el joven dejará de envejecer. No debemos olvidar que el hombre transita por todas las edades.

«A la hora de organizar un programa, jamás establezco compartimentos por edades, pues la apropiación estética que intento propiciar es para quien la necesite, no importa la edad. Es sabido que el arte no da respuestas a quienes no le preguntan, y eso es lo que cuenta. Por lo demás, la mayor parte de la música que interpreto suele ser desconocida, pues soy verdaderamente vertiginoso en eso de renovar mi repertorio. Salvo muy raras excepciones, no soy muy amante de interpretar lo que la gente ya ha escuchado. Las changüisas que he tocado en mis recientes conciertos ya no son las que aparecen en mi último CD, son nuevas. Me deleito sometiendo al público al influjo de obras desconocidas».

—¿Cuán importante le resulta la relación del artista con la sociedad?

—Mi tío Raúl decía que en el mundo hay dos cosas: el arte y la chapucería. La relación de un artista con la sociedad varía de acuerdo con las jerarquías y prioridades que se establecen en cada país y momento. Ahora bien, su importancia real depende de la necesidad que una sociedad tenga del arte. En cualquier caso, la función del artista en la sociedad es satisfacer esa necesidad, si es que cabe asignarle al arte una función: no debemos olvidar que la obra de arte no solo satisface necesidades, sino que también las crea.

—Su hija Lena es parte importante de su trío, algo que usted ha dado en llamar la «bunga» familiar. ¿Cuánto orgullo siente Pedro Luis Ferrer al ver que su obra musical no acaba en sus canciones?

—No es exacto decir que mi hija forma parte de un trío. En primer lugar porque jamás nos hemos planteado un trío, un cuarteto, ni un septeto… Eso es sencillamente casual y absolutamente eventual. Ella ha participado de casi todos los formatos que he implementado a lo largo de estos años, desde que cumplió los 13 años. Por lo demás, Lena no es parte, sino raíz de su propio proyecto, el nuestro. La fisonomía de nuestro trabajo actual lleva la huella cotidiana de su aporte, tanto en el aspecto interpretativo como en el creativo.

«Hablas de “orgullo”, pero realmente no me identifico con ese término. El orgullo tiende a ser arrogancia y vanidad disimuladas, como si el logro del esfuerzo de mi hija fuera obra de mi voluntad y expectativa. No debemos olvidar que tanto Lena como yo somos consecuencia de un trabajo individual y colectivo riguroso donde también sufrimos; y mucho. Me satisface poder trabajar con mi hija porque ella es capaz y se esfuerza a más no poder. Trabajamos duro. Nos ayudamos mutuamente. No es orgullo lo que siento por ella, sino respeto, admiración y agradecimiento.

«Si mi obra musical no acaba solo en mis canciones, debe ser porque compongo obras para guitarra y orquesta, preludios, fugas…».

—Ahora trabaja en el disco Tangible, ¿qué puede adelantar de ese fonograma?

—Prefiero mantener las manos sueltas para lo que será Tangible. Cualquier anticipo solo respondería a lo que deseo y pienso ahora, lo cual puede variar radicalmente. Esa es la ventaja de grabar en mi propio y modesto estudio, donde los gastos son mínimos y las decisiones no tienen que ser consultadas.