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miércoles, julio 15, 2009

ERNEST HEMINGWAY Y SU ENCUENTRO CON LOS CAYOS DE CUBA

Por Neisa Mesa del Toro* (Prensa Latina)

Ciego de Avila, Cuba (PL).- Durante varios años de su vida, el escritor norteamericano Ernest Hemingway permaneció en Cuba y parte de ese tiempo lo dedicó a navegar por los mares de las costas del país.

Su afán por la búsqueda de submarinos alemanes lo llevó a irrumpir el silencio de cada uno de los cayos cubanos, conocer las bellezas naturales y cuanto misterio existía en los islotes.

El canto de las aves, el vaivén de los árboles y el movimiento de la variada gama de mamíferos, reptiles y otros animales salvajes llamaron tanto su atención que quedó fascinado con todo ese entorno silvestre.

Dichas vivencias emocionaron al Premio Nobel de Literatura hasta el punto que un día decidió inmortalizarlas en el libro Islas en el Golfo, uno de sus textos más famosos.

En su novela, llena de realidad y leyenda, dejó plasmado su encuentro con los cayos que integran los Jardines del Rey, devenido hoy uno de los principales destinos turísticos de Cuba.

"Es maravilloso, describió, despertar por las mañanas y navegar con el sol detrás, avanzar por el canal (Viejo de las Bahamas) con el ojo alerta y dirigirse a la línea de cayos verdes".

"Parecían, dijo, oscuros setos surgiendo del agua y luego, al acercarse, comenzaban a adquirir forma y verdor y, finalmente, playas arenosas".

DE LEYENDAS Y NAUFRAGIOS

Aún algo alejado de la línea de visión, pudo percibir que navegaban unos puntos verdes: eran los cayos Guillermo y Media Luna. Admiraba el océano y la hermosa costa.

Ya al adentrarse y caminar por la pequeña porción de tierra, tomó su pluma y describió con entera certeza: "... pequeño cayo rocoso frente a Guillermo... Media Luna ... es un cayo alegre que me proporciona felicidad".

"Sabía que había un barco hundido en el extremo occidental del cayo, pero con la marea alta sólo se veía un bulto de marrón rojizo... Había un barco y una playa arenosa en el interior del cayo, pero no vería la playa hasta que no le hubiera dado la vuelta al barco hundido".

Según los especialistas, la nave data del año 1920, resultó sumergida al chocar con la barrera de arrecifes existente en el lugar, considerada una de las más grandes en la región del Caribe.

Ese museo marino exhibe, además, cañones de galeones, un ancla gigante, una hélice - al parecer de un submarino-, vasijas de cocina, objetos de barro y porcelana y una efigie de bronce, conocida como la estatua de Guillermo, todo lo cual habla de leyendas y naufragios. Justamente frente a la playa Pilar, a kilómetro y medio, se localiza un breve arco de tierra llamado cayo Media Luna, de sólo 13,7 hectáreas, el cual al parecer reúne un concentrado de atributos paradisíacos, principalmente su área sumergida.

En modernos catamaranes se llega hasta ese cayuelo eminentemente llano -su máxima elevación es de tres metros y medio sobre el nivel del mar-, donde existe un valle central con pequeñas y aisladas áreas boscosas.

Vinculado con la historia de corsarios y piratas, el cayo Media Luna está rodeado de un impresionante fondo marino con hermosas formaciones coralinas, bancos de peces y restos de una embarcación.

VERDE Y PROMETEDOR

En su bojeo por la costa del norte cubano, el autor de El Viejo y el Mar también tuvo expresiones halagadoras para cayo Guillermo, uno de los dos más importantes islotes que integran el polo turístico cubano Jardines del Rey.

Con una extensión de 13 kilómetros cuadrados, ese cayo, rodeado por un brillante mar verde-azul, sobresale por su vegetación natural y una flora y fauna bien conservadas, estrechamente vinculadas a las instalaciones hoteleras.

Los seis kilómetros de hermosas playas de origen coralino y finísima arena refuerzan los valores de esa perfecta obra de la naturaleza tropical.

Conectado con cayo Coco desde los inicios de la década de 1990, ese inigualable rincón de la geografía cubana dispone de una bolera y más de mil 100 habitaciones en los hoteles Meliá Cayo Guillermo, Sol Cayo Guillermo, Iberostar Daiquirí y villa Cojímar.

En ese entorno salta a la vista playa Pilar, uno de los más bellos balnearios cubanos, en el cual se localiza la duna de arena más alta del Caribe, con 15 metros sobre el nivel del mar.

Cuando el célebre escritor Ernest Hemingway, en su libro Islas en el Golfo, describió cayo Guillermo, estaba consciente de cuánta belleza encerraba ese pequeño islote del norte de Cuba.

"Es un escollo coralino que apenas sale del agua", y le llamó tanto la atención que exclamó: "...del lado de adentro está cayo Guillermo: Ved qué verde y prometedor es".

Es considerado por muchos como el segundo descubridor de la espléndida zona de la plataforma insular; por eso gran parte de las instalaciones que radican allí, de una u otra forma, guardan su imagen.

Tal es el caso de playa Pilar; como su nombre lo indica, tiene connotación hemingwayana, porque así el escritor norteamericano llamó al yate en el cual surcó esa parte del mar caribeño durante la II Guerra Mundial.

Su entorno casi virgen y los atractivos naturales hechizan a cuanto turista se baña en las azules aguas casi transparentes, porque allí, además de encontrar un lugar ideal para el descanso, pueden mezclar armoniosamente la realidad y los sueños.

"En Guillermo. Allí estaría yo", dijo en una ocasión ese gran amigo de Cuba y quizás tal frase la conozcan turistas de otros países que viajan cada año a esa verde y prometedora porción de la geografía cubana.

*Corresponsal de Prensa Latina en Ciego de Avila.


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