Búsqueda Personalizada

martes, marzo 17, 2009

PALABRAS QUE VAN Y VIENEN

La impronta de Damocles
Por Celima Bernal (Juventud Rebelde)

La palabra impronta nada tiene que ver con prisa, aunque se parece fonéticamente a pronto. Significa «reproducción de imágenes en cualquier materia blanda o dúctil, asimismo es la huella que en el orden moral deja una cosa u otra».

Las fábulas son composiciones generalmente poéticas en que, por medio de una ficción alegórica y de la representación de personas y personificaciones de seres irracionales, inanimados y abstractos, se da una enseñanza útil y moral. Esopo la llevó a Grecia, y luego Fedro la perfeccionó en Roma. Uno de los más famosos fabulistas franceses fue La Fontaine, y entre los españoles, Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita, Iriarte y Samaniego, entre otros. Siempre recuerdo cierta moraleja muy aguda que se desprende de una obra de este género: «Si el sabio no aprueba, malo; si el necio aplaude, peor».

Había un tirano en Siracusa, uno de cuyos cortesanos más aduladores era Damocles. Dionisio el Viejo se percataba de que aquellas excesivas y constantes celebraciones de su talento, de sus riquezas, de su dicha, mostraban el deseo encubierto de posesionarse del sitio que él ocupaba. Le ofreció un banquete fastuoso y ordenó a los sirvientes que lo trataran igual que a él; pero hizo colgar, durante todo el tiempo del banquete, una espada desenvainada sobre la cabeza del envidioso. Damocles se dio cuenta así de que no era tan plácida la existencia del mandatario, sino que se encontraba plagada de amenazas. La expresión «la espada de Damocles" se usa para significar un grave peligro que se cierne sobre una persona o un país.

Según se cuenta, el vocablo fecha surgió porque los notarios escribían hace siglos, al final de sus documentos: «... hecha esta carta...»; pero lo hacían con f, por tanto, aparecía: «...fecha esta carta...». En español antiguo se decía así.

Cuando obsequies algo, no hagas mención de eso constantemente: «¡Qué bien te queda!», «¿Lo estás usando?», «Mira, esto se lo regalé yo» son expresiones de poco gusto. Tampoco califiques el cuento que vas a narrar: «Te vas a reír muchísimo con lo que voy a decirte», o peor aún: «vas a largar las tripas». Tampoco: «se murieron de risa con lo que les conté», «es que yo tengo cosas...». Ninguna de esas frases es modesta. Espera el comentario de la persona que recibió el presente, o la complacencia de quien escucha la historia. Permíteles ser quienes opinen.

Durante la conversación, procura hablar de lo que le interesa a tu interlocutor. Un escritor norteamericano decía: «Dedico mis vacaciones a pescar, y aunque me gustan mucho las fresas; nunca pongo fresas en el anzuelo, sino gusanos; porque es lo que prefieren los peces». En ocasiones hacemos justamente lo contrario: «hablamos de fresas con los peces». Nunca será aburrida nuestra conversación, si tenemos en cuenta este consejo.

LA RESPUESTA DE HOY

Un lector que oyó hablar de la Universidad Complutense, quiere saber el significado de este vocablo. Significa: perteneciente o relativo a Alcalá de Henares, que antiguamente se llamaba Cómpluto, en la provincia de Madrid. Allí radicaba esta institución, pero en el siglo XIX fue trasladada a la capital. Por cierto, quizá nadie me lo crea, pero una vez oí comentar a alguien, creyendo que el gentilicio servía para calificar a esos centros de altos estudios: «La complutense Universidad de La Habana...», ¡madre mía!