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sábado, enero 24, 2009

EL TUNEL DE LA HABANA

Este túnel constituye una de las maravillas de la ingeniería cubana del siglo XX

Por Jesús Risquet Bueno (Trabajadores)

El túnel que pasa por debajo de la Bahía de La Habana tiene más de cinco décadas de servicio eficiente en el sistema vial de Cuba, particularmente en el nudo de comunicaciones que da acceso y salida a la capital. Es una de las obras de ingeniería civil más notables de todo el país. Antes de su construcción, era necesario dar un rodeo de decenas de kilómetros alrededor de la rada habanera para salir hacia el Este. Hoy es cuestión de casi un minuto.

El túnel tiene una longitud de 733 metros y posee cuatro vías de ida y vuelta que desahogan mucho la corriente del tránsito vehicular. Está sumergido bajo el canal de entrada de la bahía, y consiste en un sistema de tubos de hormigón reforzado que soportan un peso de miles de toneladas de agua, cosa que han hecho hasta hoy con toda seguridad.

En automóvil u ómnibus se pasa de un lado al otro en unos 45 segundos a 60 kilómetros por hora, un día de tráfico normal. Muy raras veces se producen congestiones de tránsito en ese trayecto. Su existencia hizo posible, después de la Revolución, el desarrollo de grandes planes de viviendas en el Este de la ciudad de La Habana, donde viven hoy más de cien mil personas en edificios multifamiliares. Hay en esas áreas poblacionales una red de servicios públicos que da atención a los residentes, la mayoría de los cuales trabajan en la cercana capital y pueden regresar temprano a sus hogares en situaciones normales.

El túnel se construyó en treinta meses, entre 1952 y 1953, por una compañía francesa, la "Societé de Grand Travaux de Marseille", bajo la dirección técnica del ingeniero cubano José Menéndez Menéndez.

Cada vez que uno pasa por el túnel de La Habana en algún vehículo y piensa en el enorme peso que soporta esa construcción no puede menos que sentir admiración por los ingenieros que lo diseñaron y los obreros y técnicos de la construcción que, en condiciones extremadamente difíciles, hicieron posible esa obra. El trabajo se realizó constantemente bajo el agua, con el auxilio de equipos especiales y sin dejar de tener en cuenta que ese canal de la bahía siempre estuvo infestado de tiburones que siguen a los barcos de carga en busca de alimento. El túnel sólo ha tenido que ser cerrado al tránsito cuando se han producido penetraciones del mar en su zona de enclave y o por sus vías exteriores de acceso, nunca por derrumbes o filtraciones internas.

En su parte más profunda se encuentra a unos 14 o 15 metros, de 42 a 45 pies, bajo la superficie de la bahía. Sobre los cilindros, cada vía es un cilindro, tienen unos dos metros de concreto, que en realidad son para protegerlos de otros daños marinos porque a un barco con el calado requerido para llegar a tanta profundidad no lo va a detener dos metros de cemento que no esté resguardado de roca sólida. Al contrario, se han perdido dos metros de profundidad que tal vez hubiesen permitido pasar al barco en cuestión. Pero usted no se preocupe porque la Bahía de La Habana aun no ha visto naves de tales dimensiones.

Por cierto eso que dice una canción del Cha-cha-cha acerca de un tal automóvil “maquinón caza pollos” que se queda en el Túnel de La Habana sin gasolina y entonces es cuando la cosa se pone buena. De verdad que no sabemos hasta que punto es real o ficticio, o en que año fueron tales aventuras, porque según recordamos y según nos informan aún, el que se quede allá abajo lo sacan con un carro grúa colgado o a empujones limpios.

Realmente no se preocupe cuando se encuentre bajo el Túnel de La Habana.