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martes, diciembre 23, 2008

UN HIJO DE OBATALA PIDE POR LA REVOLUCION

Defensor de los logros sociales, babalao, diputado, músico... es Antonio Castañeda Márquez, presidente de la Asociación Cultural Yoruba de Cuba

Por Iliana Hautrive (Trabajadores)
Foto: Joaquín Hernández Mena.


Alguien lee los signos de la Regla de Ocha: “nada limita a un santero para que mantenga principios y valores éticos en defensa de la Patria. Lo dicen nuestros mandamientos, muy semejantes en su esencia al concepto de Revolución”.

No son los orishas los que hacen la revelación. Antonio Orestes Castañeda Márquez, presidente de la Asociación Cultural Yoruba de Cuba, confiesa estar marcado desde niño por las ideas comunistas de su padre, y solo haber hecho en su vida trabajar, respetar y luchar en favor del mejoramiento humano.

No es creyente por tradición de generaciones. “Procedo de una familia de nivel medio: una abuela que lavaba para la calle; una madre enfermera; un padre trabajador de mantenimiento… Siendo muy niño siempre estaba al tanto de lo que decía la abuela, que a mi papá lo iban a matar. Era La Habana de la dictadura de Batista.

“En un viaje a Remedios, donde nació mi mamá, estuve toda una noche subido en una ventana a la intemperie, mientras mi hermana permanecía en una fiesta. Desde entonces se me resintieron los pulmones; los médicos aseguraban que no pasaría de los 22 años. El chofer de una de mis tías, que era babalao, y su esposa, también santera, me empezaron a asistir por la enfermedad, y me iniciaron como hijo de Obatalá. Fui el primero que llevó esta religión a la familia”.

¿Qué le deparó el triunfo de la Revolución?

“Era un adolescente. Nací el 13 de diciembre de 1946, y desde los seis años estudiaba clarinete, saxofón, flauta. A la vez asistía a la primaria y después a la superior. El hermano de mi padrastro había sido jefe de la banda de música de la policía de la dictadura, pero también había participado en acciones contra Batista. Después del triunfo de la Revolución, aquel mismo comandante Alberto Romaguera Valdés fue jefe de la banda de música de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR). A mediados de 1959 yo formaba parte de las patrullas juveniles, y el tío me incorporó a la agrupación. Fui uno de los fundadores del Batallón de Ceremonias de las Milicias Nacionales Revolucionarias, y me desmovilicé de la PNR en 1961”.

La guitarra que cuelga en una de las paredes de su despacho revela su pasión por la música. Junto al instrumento, varios atributos religiosos y una imagen de la iniciación de la Regla de Ocha. Pudiera haberse dedicado de lleno a la religión durante casi cincuenta años, pero…

“Estoy formado en el trabajo, el antecedente más cercano es lo mucho que tuvieron que laborar mis padres para pagarme la escuela y las clases de música. Desde 1961 trabajé en varios cabarets de La Habana; cuando terminaba allí, seguía para la funeraria, donde fui desde cargador de ataúdes hasta tramitador en las oficinas. Además tenía licencia para trabajar por cuenta propia, y chapisteaba, arreglaba refrigeradores… Desde el 70 la vida laboral fue más estable; entré en Tropicana, y allí me jubilé en 1991. Sí, antes de cumplir 50 años, cuando ya estaba de lleno en la Sociedad”.

Insistencia para reconocer la asociación

El año 1976 marcó el inicio del movimiento para fomentar la Asociación Cultural Yoruba de Cuba. Entre los primeros estuvo Castañeda, quien asegura que fueron años de intenso quehacer hasta que el 17 de diciembre de 1991 el Estado cubano reconoció legalmente a esta institución religiosa.

“Fui primero secretario de relaciones internacionales, y tras el fallecimiento del presidente, Manolo Ibáñez, me eligieron para esta responsabilidad”.

Las palabras brotan cual torrente. Afable, excelente comunicador, experto en la materia, este padre de once hijos confiesa no haber obligado a ninguno a seguir sus pasos, aunque la mayoría de ellos son santeros. “Cada quien tiene sus propias convicciones; la religión es una cosa y los sentimientos y la conducta individual, otra. Para mí lo más importante es que cada quien sea una buena persona, con mandamientos honestos y una actitud correcta ante la vida y la sociedad. Yo mismo, no tengo un carné de militante comunista, pero lucho todos los días por ser mejor ciudadano y mejor revolucionario”.

¿Qué pondera en esos valores humanos?

“El respeto, el amor al trabajo, plantarse ante la más mínima injusticia, la exigencia. Alguien puede pensar que esta institución es particular, pero aquí nadie, como en ningún otro lugar, tiene derecho a apropiarse de lo que no es suyo”.

Transpira rectitud, ejecutividad, y continúa: “Mira, este edificio estaba en ruinas. En 1998, el Comandante en Jefe Fidel Castro se reunió con los representantes de todas las denominaciones religiosas del país, y cuando le tocó el turno a los yorubas, le solicité alguna ayuda para poder concluir esta obra, cuyo rescate costó unos dos millones de dólares y concluyó en el 2000. El Estado cubano nos donó 250 mil y varias obras artísticas que hoy se exponen en el Museo de los Orishas. El resto lo recibimos de otras instituciones religiosas, de ahijados, muchos residentes en el exterior: este último dinero ya lo devolvimos todo y ahora nos autofinanciamos con los servicios que prestamos y las contribuciones de los asociados, además de cumplir con los impuestos estatales. Como institución religiosa que somos, no nos debemos a la misma fiscalización de una empresa estatal, pero siempre digo que si en una cafetería hay que llevar 15 controles, aquí hacemos 16. En el 2004 solicitamos una auditoría y recibimos evaluación de excelente”.

Babalao desde 1965, no exhibe collares, manillas, y reconoce que la propia religión y su trabajo le han ido “endulzando” algo el carácter violento que confiesa tener, lo que contrasta con su rostro afable y su postura mesurada. Ferviente luchador por la unidad, se siente satisfecho de que ya sean más de 20 mil asociados, 26 instituciones en el exterior que responden a la Asociación Cultural Yoruba de Cuba, y otras 20 en proceso.

El mandato de servir al prójimo

En la vida de este habanero, orgulloso de haber nacido en Maternidad de Línea y haber crecido en populosos barrios de Centro Habana, resalta otra arista. Esta reportera fue testigo de la aceptación por parte de los electores de su candidatura a diputado al Parlamento y de su intercambio con el pueblo a finales del pasado año.

“Yo estaba en el exterior en funciones de trabajo cuando me avisaron que estaba propuesto en la candidatura para diputados. Desde tiempos atrás muchos cubanos consideraban que la religión yoruba debía estar representada en el máximo órgano legislativo del país, pero que me propusieran a mí me sorprendió. Nunca he trabajado para que me den cargos. Mayor fue la sorpresa cuando conocí que había alcanzado el 89,148% de los votos de los electores de La Habana Vieja, por donde soy diputado. Hay que estar orgulloso de vivir en un país con un Parlamento tan plural. Es un privilegio y algo muy raro hoy en el mundo. Desde febrero, cuando comenzó un nuevo período de mandatos de la Asamblea Nacional, siento que soy mejor persona y puedo servir mejor al pueblo”.

Cada vez cuesta más dinero hacerse santo. ¿Qué opina de la práctica religiosa con fines de lucro personal?

“Es cierto que se han elevado los precios de los animales necesarios para las ceremonias; también hay quienes cobran precios exagerados por los servicios. Se dan casos de letras que dicen que no se pueden cobrar, y el santero viola este principio. La religión no es un medio de vida”.

El quehacer al frente de la Sociedad y sus prácticas religiosas, hechas por lo general en casa de su madre, con 90 años y enferma, a quien atiende con desvelo, ocupan la mayor parte del tiempo, sin descuidar sus tareas como cederista, miliciano…

Estos son días de mayor ajetreo en la Asociación. El primero de diciembre comenzó la preapertura de la letra del año. Explica que los 16 babalaos mayores, se reúnen, profundizan en las investigaciones, intercambian criterios, preparan la ceremonia.

Es preciso leer lo que revelan los 256 signos de la Regla de Ocha, los 101 caminos que tiene cada signo, y las más de 170 historias que tiene cada camino. Entre todos van conformando un consenso. Pasadas las doce de la noche del 31 de diciembre, comienza la ceremonia para revelar la letra del año, el primero en la mañana.

Para entonces, como siempre, habrá momento para hacer votos porque la Revolución cumpla 50 años y muchos más. “Sus logros, la salud, la educación, el empleo… no se pueden perder; yo defiendo a los que aman y luchan por mantener esas sagradas conquistas”.