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martes, diciembre 16, 2008

PALABRAS QUE VAN Y VIENEN

Atorrante
Por Celima Bernal (Juventud Rebelde)

Atorrante se usa generalmente, en algunos países de América, como holgazán, persona desvergonzada, vagabundo; en esas y en otras regiones, atorranta es sinónimo de prostituta. El origen de la palabra resulta interesantísimo: A finales del siglo XIX o principios del XX, se construyó el alcantarillado de la ciudad de Buenos Aires, toda una ciudad dentro de otra. Los tubos exhibían el apellido del ingeniero francés Atorrant, encargado de la obra. Esto dio nombre a los mendigos sin hogar y sin trabajo que comenzaron a refugiarse allí en las frías noches porteñas. La costumbre se extendió a los marginales; ya, bien avanzado el siglo XX, se llamaba atorrantes a los vagos, a los delincuentes. Y ahora que hablo de una voz perteneciente a la jerga que hace mucho tiempo empleaban en la capital argentina y sus alrededores, la gente de mal vivir, debiera agregar que esa lengua se llama lunfardo, y que en parte se difundió después entre las demás clases sociales y por el resto del territorio.

Lunfardo se decía en aquel país, antiguamente, al ratero, al ladrón. Aparece en el Diccionario de la RAE. Como se sabe, la Real Academia Española no inventa palabras, acepta las creadas por el pueblo y las registra. Claro está, para algo existe esa institución, por algo se publica el diccionario.

Ahora en Argentina se usa, entre los jóvenes, hablar al revés. Me contó alguien que oyó decir a una muchacha bo-naerense, refiriéndose a la perrita gravemente enferma del vecino: «Para mí, que ya está en el jonca». Se refería al cajón, al ataúd, un modo de decir: «morirá pronto».

«Mientras duren las velas» (hasta que se acabe) expresión de aquellas tierras, tiene su origen en una costumbre ancestral: Los burdeles o quilombos, como se les llama por allá, vendían a los clientes velas de diferente tamaño y grosor; por supuesto, también de distinto precio. Al entrar este, se encendían, y podía permanecer en la habitación en tanto no se apagaran.

LAS RESPUESTAS DE HOY

¿Jamaiquino o jamaicano? Ambos aparecen registrados; pero se prefiere el primero.

Contesto la siguiente carta: «Ante todo un afectuoso saludo para usted. Sé que tiene una sección en el grande de Rebelde, Haciendo Radio, que escucho con frecuencia, además leo su columna Palabras que van y vienen de Juventud Rebelde, de la que he aprendido mucho.

«Es la primera vez que le escribo, y quisiera que me aclarara una duda que tengo con la palabra repitente (¿o repitiente?). Además, quisiera saber si pringao existe, o si es un vulgarismo de algún país latinoamericano. Saludos cordiales». Alejandro Serrú Sanchidrián.

Muchas gracias por sus elogios. Las dos formas son válidas, pero repitente es la más aceptada. Puede usarse también: repetidor.

Pringado (pringa’o) es quien se deja engañar fácilmente, porque pringar, además de mojar con grasa el pan u otro alimento, significa, entre otras muchas acepciones, figurada y familiarmente: denigrar, infamar. Poner mala nota en la fama de alguno.

El (o la pringue) es la grasa que sueltan determinados alimentos sometidos al fuego. Igualmente significa sustancia grasienta y pegajosa.

Quedarse impertérrito es no alterarse, no asustarse ante circunstancias peligrosas o difíciles.

2 comentarios:

María Marta Bruno dijo...

Juan, comento como argentina, intento sólo hacer un aporte desde lo que me toca de cerca.
Los caños del sistema de cloacas eran de la firma "A.Torrant", y de allí derivan dos acepciones:
atorrante, por vago y torrar, por dormir, todo esto, por supuesto, por los pobres, desocupados y sin techo, que se iban a vivir a esos caños. De este hecho también surge en el argot argentino -el lunfardo- la expresión "irse a los caños", cuando a uno le va mal en cuestiones económicas. Ejemplo: "si seguimos así, nos vamos a ir a los caños".
Por cierto, "lunfardo" es el nombre del argot porteño, de la ciudad de Buenos Aires, y no significa ladrón ni nada por el estilo.
Hablar al "vesre", o al revés, no es una costumbre reciente, ni propia de los jóvenes, está bastante asociada al lunfardo y se aplica a toda palabra que pueda invertirse. Aquí van ejemplos:
novi: vino
javie: vieja
tordo: doctor (dotor)
troesma: maestro (referido a alguien que se destaca en algo o a un músico relevante)
tamuer: muerta
lleca: calle (con la ll como ye)
mionca: camión
Y así podría pasar el día y la "cheno" buscando palabras tan propias de nuestro lunfardo y de nuestra habla cotidiana.
Lo de "hasta que las velas no ardan" (aún con la imperfección idiomática) tiene más relación con los bailes de campo, en las zonas rurales, donde no había luz eléctrica y se bailaba "hasta que las velas no ardan", o sea, hasta el amanecer.
Perdón por la perorata, pero me pareció prudente aclarar.
Un abrazo

Juan García Llera dijo...

Hola Maria Marta.
Muy interesante tu comentario, se lo acabo de enviar a la autora del articulo. Estoy seguro que le interesara mucho tu opinión.
Saludos Desde Cuba,
Juan