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miércoles, octubre 08, 2008

PALABRAS QUE VAN Y VIENEN

Como el parto
Por Celima Bernal (Juventud Rebelde)

En alguna ocasión he explicado el significado de la expresión: «Huir como el parto». Quizá lo recuerdas. Es decir algo hiriente, duro, inesperado, para dañar a quien no se ha podido vencer en una disputa. Los partos, habitantes de un antiguo pueblo emparentado con los escitas, se establecieron en el siglo III, antes de nuestra era, en la región noreste de Jurasán, actual Irán. Famosos por ser incomparables jinetes, lanzaban en la retirada, al saberse derrotados, una flecha por encima del hombro. Sus fugas eran terribles. «La flecha del parto» significa: expresión venenosa que pronuncia, al final de una discusión, quien ha llevado en ella la peor parte.

¡Ah!, ahora que viene al caso, me gustaría que recordaras este consejo: Hazte oídos sordos a esas ofensas que no constituyan agresión a tus principios sagrados; las personas inteligentes no las contestan. A propósito de agravios no respondidos, recuerdo el epigrama de Francisco Gregorio de Salas: «Y por hablar en su lengua,// probé a rebuznar; no supe,// y lo dejé sin respuesta».

—¿Por qué hablaste hoy de los partos? —dirás. Pues porque «Ike» se comportó como ellos. Incluso cuando se iba, atacó con más fuerza.

LA RESPUESTA DE HOY

Una niña preciosa, Ana Paula Sollet Pedroso, me pregunta qué significa paradoja. Es una figura de pensamiento; consiste en emplear expresiones o frases que envuelven contradicciones. El rico pobre, la amarga dulzura, etcétera. En un examen, hace años, una de mis alumnas puso este ejemplo: «gordo anémico». Fue su manera, muy particular, de entenderlo. Por cierto, a un amigo le oí una expresión que califiqué de «vulgaridad culta», lo que es, sin dudas, una paradoja: «Me paso sus palabras por donde el Coloso de Rodas se pasaba los barcos». Tal vez no recuerdes que así se llamaba una estatua de bronce, de 32 metros de alto, destruida por un terremoto en el año 227 antes de nuestra era. Estaba a la entrada del golfo de Rodas. Por entre sus piernas entraban las embarcaciones a la isla griega del mismo nombre, situada en el mar Egeo. Se considera una de las siete maravillas del mundo antiguo.