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jueves, octubre 23, 2008

DETRAS DE LAS MIRADAS DE LUCIA

Las celebraciones por las cuatro décadas de Lucía, un hito de la cinematografía cubana e hispanoamericana constituyeron un bien pensado homenaje a su director Humberto Solás

Texto y foto: Kaloian Santos Cabrera (Juventud Rebelde)

Por estos días, pero en el otoño de 1968, algunas importantes salas de cine de La Habana proyectaban Lucía, el primer largometraje del entonces joven e inquieto Humberto Solás. La película, de buena aceptación por parte del público y la crítica según da cuenta la prensa de la época, se convirtió en un hito para la cinematografía nacional e incluso más tarde, para la hispanoamericana.

A cuatro décadas del estreno, semejante acontecimiento de la cultura cubana no podía pasar desapercibido. En varios lugares del país fue proyectado el filme, se organizaron conversatorios sobre la película y la obra en general de su director; y publicaciones nacionales y foráneas le dedicaron sus espacios.

Resaltan los números 385 y 388 de la revista de cultura cubana La Jiribilla. El primer dossier está dedicado al cineasta, tras su deceso el pasado 17 de septiembre. El segundo registró lo sucedido A 40 años de Lucía, un evento organizado por la Cinemateca de Cuba, que se desarrolló a principios de octubre.

Estas propuestas no fueron un cúmulo de acciones más entorno a un hecho que llegaba a un aniversario cerrado; sino un muy bien pensado homenaje para Solás y su ilustre obra de arte que no se extingue, ni siquiera con los cambios de tiempo.

El programa de la Cinemateca... fue modesto, «sin estridencias», con la certidumbre de que a Humberto le gustaría donde quiera que estuviese. Así lo expresó el realizador Manuel Herrera, director de la Cinemateca de Cuba, en el cine Charles Chaplin, minutos antes de proyectarse Lucía para un auditorio donde primaba la juventud (un detalle para tener en cuenta).

LAS MÁS FAMOSAS DEL CINE

A grandes rasgos, Lucía transita por tres miradas femeninas —y no feministas—, que abordan momentos tácitos de la historia cubana donde persiste, como centro, la mujer en medio del amor y los avatares de tres períodos sociales (1895, 1932 y 196...). Cada una en su época, Lucía ama y conquista, como la propia Revolución que sedujo a Solás, mientras este mostraba otro modo de hacer y de presentar el séptimo arte de aquellos años.

Es indiscutible que de la película, no solo resultan cautivadores esos tres fotogramas congelados y devenidos, quizás, las miradas más famosas del cine cubano. Pero detrás de los 160 minutos que dura el filme, se esconde una realidad encantadora sobre otro largometraje, uno que nunca se filmó y que ahora traemos por medio de algunas tomas.

Toma 1: Humberto Solás, en una entrevista del documental Así comenzó el camino, de Octavio Cortázar, enfatiza sobre el carácter glorioso de Lucía, ungida en la épica de los años 60 de la Isla.

«La película está entronizada, es sincrónica con ese momento que vive el país. Se rodó con una voluntad férrea de no realizar una película tipo monumental, historicista, museable, sino una película donde la historia de nuestro país se contaba con frescura; se podría decir hasta que con candor, buscando la espontaneidad, buscando un estilo reporteril, como si la cámara estuviera filmando acontecimientos que estaban ocurriendo en ese momento».

Toma 2: Sobre la batalla del primer cuento, uno de los pasajes más grandiosos de la cinta, Pedro García Espinosa, su escenógrafo, cuenta que «al realizar un trabajo de investigación acerca de las batallas, a Humberto se le ocurrió, basándose en un relato sobre los hombres del General Quintín Banderas en nuestra guerra independentista, utilizar jinetes desnudos, montados “a pelo” en los caballos, al frente de la infantería mambisa».

Toma 3: Referente al segundo cuento, su protagonista Eslinda Núñez confiesa en el documental Memorias de Lucía (2003), de Carlos Barba, cuán difícil le resultó desentrañar su personaje.

Rememora la actriz: «a Humberto en aquel momento le gustaba comenzar por las escenas más difíciles, y me tocó la muerte de Aldo, sin conocer a Aldo prácticamente, sin haber hecho ninguna escena en conjunto, sin sentir por ese hombre todavía el amor. Entonces fue un golpe tremendo para mí, pero Humberto quería buscar justamente una reacción inversa, golpearme de esa forma. Recuerdo que la muerte de Aldo me sobrecogió mucho, no sabía cómo enfrentarla; sin embargo, él encontró recursos para que yo diera lo que él quería».

Toma 4: En el mismo año del estreno del filme Leo Brouwer, encargado de su música, uno de los grandes valores del filme, contaba en una entrevista para la publicación Cine Cubano:

«La primera película que musicalicé fue Lucía 196..., que con la premisa formal impuesta por el libreto, se apoyaba en La Guantanamera de Joseíto Fernández que narraba como en los tiempos afortunadamente idos de la «crónica roja», los sucesos o asuntos. (...) Por otra parte, situaciones secundarias me llevan a utilizar determinadas atmósferas populares vigentes en esta década».

Toma 5: De las tres miradas conocidas de la cinta, la que verdaderamente identifica a Lucía apuntaló para la historia del séptimo arte cubano, el rostro de Adela Legrá, su protagonista. «Humberto quería —recuerda Legrá— que yo corriera para que estuviese agitada. (...) Me quité los zapatos y comencé a correr y a correr, entre tantos caracoles y cosas que había en esa salina de Nuevitas (...). La suerte es que el compañero de iluminación me seguía en un jeep, pues me desmayé. Caí con los pies en la tierra y la cabeza para el agua. Me mojé toda.

«Me secaron el pelo, y me pusieron una toalla y un sombrero para protegerme del sol. Cuando llego adonde estaba Humberto, a él le fascinó mi apariencia, y dice que no hay tiempo de retocarme el maquillaje, que tenía que ser como yo estaba en aquel momento. Y ahí es donde viene la famosa mirada que yo le doy a Humberto, porque debo decir que no era para el actor, sino para el director al que me quería comer vivo».