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viernes, octubre 10, 2008

CUBA: LA LEYENDA DE CAUCUBU

Por Mayra Pardillo Gómez (El Nuevo Fénix)

Amor, fidelidad, entrega y valentía coronan una de las más llamativas leyendas de la villa de la Santísima Trinidad, ciudad ubicada en el centro sur del país, a unos 350 kilómetros al este de La Habana.

La leyenda de Caucubú muestra a una muchacha rebelde, que prefirió el encierro entre las húmedas y oscuras paredes de una gruta y con ello la muerte segura, antes de doblegarse a los designios del conquistador español. De sus últimos días es testigo la Cueva Maravillosa.

Cuenta la tradición oral que Caucubú era la india más hermosa del cacicazgo de Guamuhaya (macizo montañoso más conocido por el nombre de Escambray).

Hija del cacique taíno Manatiguahuraguana, jefe de la comarca donde está enclavada hoy la ciudad de Trinidad, además de joven, bondadosa y bella poseía la aureola de distinción, conforme a su elevada jerarquía.

Todos los jóvenes soñaban con ser correspondidos algún día por ella, mientras el padre de ésta buscaba un pretendiente con un poderío mayor para unirlo al suyo e incorporarlo a la dote de la hija.

Los caciques de Ornafay, Magón, Escambray, Sabana, Sabaneque, Jagua y hasta del lejano Camagüey habían enviado en diversas ocasiones a sus respectivos primogénitos para solicitar en matrimonio a Caucubú, aunque ella se resistía a aceptar a alguno.

Narra la leyenda que la aborigen regalaba a las madres y hermanas de sus enamorados hamacas tejidas con sus propias manos y pequeños adornos elaborados con el oro de las tierras de Mabujina o Arimao; pero sólo eso y una sonrisa lograban sus pretendientes.

LA INDIA MÁS HERMOSA

Es la india más linda del cacicazgo de Guamuhaya, pero ¡pobre Caucubú!, vive sin amor, afirmaban quienes desconocían sus verdaderos sentimientos, porque en realidad ella amaba con pasión a Naridó, quien se dedicaba a la caza y la pesca en la otra orilla del río Guaurabo.

La presencia de los conquistadores españoles vino a arruinar la vida apacible de los taínos de la región y un día los indios avistaron las naves de Cristóbal Colón frente a las costas del cacicazgo de Guamuhaya.

También se cuenta que desde su embarcación el Gran Almirante escuchó la algarabía de los indios durante sus fiestas y aspiró el aromático olor de las ramas de guayaba y las hojas de tabaco.

Con la fundación de la villa de Trinidad en 1514 por el Adelantado Diego Velázquez, llegaron nuevos colonizadores y aumentó la persecución y el maltrato contra los nativos, al mismo tiempo que muchos conquistadores se proponían conseguir el amor de Caucubú.

La tercera villa fundada en Cuba, la ciudad-museo detenida en el tiempo, enclavada entre el mar y la montaña, fue declarada - "junto al valle de los Ingenios - Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO en 1988.

Todo empeoró con el arribo de Vasco Porcayo de Figueroa, tristemente célebre por sus atropellos y crueldades contra los aborígenes. Sin embargo, la belleza de la doncella lo cautivó hasta los límites de desear obtenerla a cualquier precio.

Enterada, Caucubú huyó para evitar esa humillante situación y durante días atravesó el valle de Vicunia hasta descubrir en la oscuridad de la Cueva Maravillosa el ansiado refugio.

Naridó, desesperado ante estos acontecimientos, reveló al Padre Bartolomé de Las Casas – a cuya encomienda pertenecía –, el inmenso amor que sentía por la joven india.

Fue en vano la búsqueda. La muchacha moriría dentro de la espelunca y cuenta la leyenda que por las noches, a la entrada de la caverna, se dejaban frutas y flores, una costumbre que sólo terminó cuando se extinguió el último taíno de estas tierras.

Ella decidió dejar de comer y beber hasta sucumbir, y en homenaje al amor que la unió a su novio fue erigida una fuente cuya agua, se asegura, hará felices a las parejas que la tomen.

Hay quienes afirman que, en las noches de luna llena, Caucubú aparece aún más hermosa, suelta la cabellera negra y brillantes los ojos de azabache, a la puerta de la Cueva Maravillosa en busca de Naridó, en un intento por desandar el tiempo.