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lunes, octubre 06, 2008

ALFREDO DE ORO: UNA GLORIA DEL BILLAR CUBANO Y DEL PLANETA

Por Irene Forbes (CubAhora)

En los albores del siglo XX Alfredo de Oro, una gloria del billar cubano y del planeta, obtuvo el campeonato mundial...¡ 25 veces!

Su nombre estuvo ligado por esos años a los del ajedrecista José Raúl Capablanca y el esgrimista Ramón Fonst, émulos en lauros y virtuosismo. Un trío de ases, cuyos talentos hicieron historia y atrajeron las miradas del mundo hacia esta pequeña isla.

Nacido en 1862, a fines del 77 lo llevó su hermano Joaquín a un salón de billar y puso un taco en sus manos. Alfredo quedó maravillado y enamorado a la vez de la compleja actividad, pero cursaba interno el bachillerato, lo que limitaba su participación en los juegos. No obstante, en enero de 1881, ya son noticias en los corrillos de jugadores sus victorias frente a billaristas reconocidos en La Habana de entonces.

Seis años después interviene por vez primera en un campeonato mundial y empata en la cima con los favoritos, pero queda tercero en la discusión de los lugares. Otra vuelta de almanaque y en 1888 el cubano se proclama campeón en un juego reñidísimo que lo favoreció 16 mesas por 15.

Al año siguiente De Oro pierde el campeonato contra Albert G. Powers, en juego de "piña continua" (se cuentan el número de bolas y no el de las mesas), pero en 1891 va al desquite y lo vence 600 por 527, para iniciar su increíble leyenda al adjudicarse el título mundial en 18 ocasiones consecutivas.

En este período destaca su triunfo en la justa del orbe que se realizó en el marco de la Exposición Mundial de San Luis —al unísono de los Juegos Olímpicos de 1904—, donde triunfó el esgrimista Fonst abrumadoramente.

En su número de mayo de 1905, la revista norteamericana Pearson's Magazine bajo el título de: Como De Oro ganó el campeonato de piña describió su célebre desafío con Keogh, en que al norteamericano le faltaban nueve bolas para ganar y a De Oro 63, las que fue descontando lentamente ante los ojos atónitos de su rival: ¡Faltaba una! Y esa una estaba a un pie de la tronera, y la tiradora a un pie más de distancia, en línea recta. No había un solo hombre en la desbordante concurrencia que no se sintiese capaz de colarla. Y no había uno tampoco que no hubieses dado lo mejor en el mundo por tener ese honor. Con toda su calma estuvo apuntando, para que la delicia del momento se prolongase, momento del que no volvería a gozar, y finalmente cuando la anhelante multitud no quiso esperar más y expresó su intensa emoción en inmenso y entusiástico vocerío, tiró acertando, al mismo tiempo que todos los que se hallaban en el salón lo estrujaban en una ola de congratulaciones por el final de torneo más hermoso que se ha jugado jamás en una mesa de piña.

Con fecha seis de enero de 1918 (Alfredo tenía 56 años de edad), el libro Crónica Cubana recoge en sus páginas..."El campeón mundial de carambolas por tres bandas, Alfredo de Oro, llegó después de 20 años de ausencia y triunfó en match contra Charles Otis celebrado en el teatro Payret, reteniendo el campeonato.

Era el asombro de todos. El periodista José Sixto Sola en la revista Cuba Contemporánea, de gran prestigio en esa época, describe al estelar jugador: "aún con la edad que cuenta, conserva su maravillosa habilidad, serenidad imperturbable, pulso fijo como si fuera de acero, ideación rápida y original, que ha hecho de él, el más grande de los billaristas modernos."

A pesar de ser un suceso de aquellos tiempos, los historiadores del deporte no han podido precisar la fecha de su muerte, ni donde falleció, pues viajaba con asiduidad a los Estados Unidos. En un diario de 1922, cuando el virtuoso billarista tenía sesenta años de edad encontré esta pequeña nota: "Alfredo de Oro fue derrotado el primero de marzo por el campeón mundial Layton." O sea que aún estaba vigente en el ámbito competitivo.