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miércoles, septiembre 24, 2008

PALABRAS QUE VAN Y VIENEN

Primero lo nuestro
Por Celima Bernal (Juventud Rebelde)

Pocas cosas me molestan tanto —y no solamente a mí, sino a casi todo el mundo—, como ese empeño de copiar el modo de expresarse de los extranjeros con el que algunos nos desesperan. Parodiando aquellos versos: «En esta vida alegre y placentera,/ cada cual debe hablar a su manera».

Tú me dirás: «Tal vez ni siquiera las repitan por imitar». Pudiera ser, aunque en honor a la verdad, lo dudo.

Bien es cierto que las expresiones ajenas se pegan más que un torero bravo; recuerdo aquella época en que transmitían diariamente películas argentinas. Martha, mi amiga, sentaba a sus hijos frente al televisor tarde por tarde. Uno de ellos le protestó: «Pero, mamá, es que vos no nos chevás nunca a la pileta». Ya aquellas criaturas hablaban como si hubieran nacido en Buenos Aires.

Lo mismo les sucede a los fanáticos de esas revistas españolas, de chismes. Hay que oírlos. Hablan de «bicis» y de «pelis», de cotilleos y de carantoñas. Dicen: «El chico es majo y bien inteligente». ¡Qué trabajo se toman, pobrecitos! Los imagino estudiando, afanosos, cómo cambiar frases y voces de su vocabulario, con el único objetivo de impresionar a los demás.

Pues te cuento que para angustia mía, en una narración infantil de mi autoría, publicada recientemente, encontré en la primera línea, un diminutivo que me heló la sangre: gatito. No es incorrecto, pero jamás lo uso; simplemente porque no es nuestro. En Cuba decimos: gatico, y yo soy cubanísima. Nadie puede jurar que me ha oído: «Aguarda un ratito», «bébetelo calentito».

LA RESPUESTA DE HOY

Un estudiante, Pablo Alejandro Faura Pérez, nos envía esta colaboración: «¿Por qué llamamos bisiesto al año en que se agrega un día a febrero cada cuatro años? En el calendario romano el día adicional no se colocaba al final de febrero (que, por cierto, era el último mes del año), sino después del 23 de febrero, sexto día antes del fin de año. Por ello dicho día se llamaba bisexto. De ahí que el año también se llamara bisexto y después bisiesto». Gracias en mi nombre, y en el de todos.

Él oyó por televisión, hace poco: deja vu, y desea conocer el significado. Procede del francés —en la lengua original, «visto ya». Se pronuncia, aproximadamente, deya vú. Así llaman los psicólogos a esa extraña sensación que muchos hemos experimentado. Nada tiene de misteriosa; pero siempre nos parece algo sobrenatural. Creemos que hemos visitado antes el lugar donde nos encontramos, que hemos vivido ya lo que estamos viviendo.

Por último: No digamos: «la miró de arriba a abajo», ni de «abajo a arriba»; sino: de arriba abajo, o de abajo arriba.