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miércoles, agosto 20, 2008

PALABRAS QUE VAN Y VIENEN

El baciyelmo
Por Celima Bernal (Juventud Rebelde)

Fui profesora de preuniversitario durante algunos años. Cuando les explicaba a mis alumnos acerca de Don Quijote y Sancho, esos deliciosos personajes cervantinos, siempre insistía en que aprendieran el profundo sentido de un pasaje que muchos lectores, generalmente, no se detienen a analizar:

Al emprender su viaje, llevaba el andante caballero la lanza, el peto, la armadura; pero le faltaba el yelmo. Yelmo es, por si no lo recuerdas, la parte de la armadura antigua que resguardaba la cabeza y el rostro, y se componía de morrión, visera y babera.

Cuando habían caminado un trecho, el Quijote vio en el suelo, una bacía, achichonada y sucia, que alguien había desechado; pidió a su escudero que la recogiera, y asegurando a este que se trataba de un yelmo, se lo colocó en la cabeza.

Bacía es el nombre de la vasija que usaban los barberos para remojar la barba de sus clientes, y tenía, por lo común, una escotadura semicircular en el borde.

Hubo una larga discusión entre ambos. Sancho pretendía hacerle ver que era una bacía, pero no podía convencerlo. Entonces, el caballero andante en una muestra magistral de su sabiduría, decidió llamarlo: baciyelmo. Ninguna lección de convivencia humana me ha parecido nunca tan ejemplificante. Pensemos en ello.

LA RESPUESTA DE HOY

Según Alejo Carpentier, esa costumbre que tienen algunos clientes de restaurantes, de pedir los más raros platos del menú, ese «itinerario gastronómico» es lo que los franceses llaman: «el mapa de los potreros». Otra de nuestro admirado escritor: La «mangadera», vocablo usado por él en El amor a la ciudad. La Habana, ciudad sin terminar, era el modo con que el pueblo cubano se refería a los robos del erario por funcionarios, en gobiernos de la seudorrepública.

La agenda, ese libro o cuaderno, en cuyas páginas se apuntan aquellas tareas pendientes, se llama así porque en latín, «agenda» significa cosas que se han de hacer. También recibe ese nombre la relación de los temas que han de tratarse en una junta o de las actividades sucesivas que se ejecutarán. Sí, «bibliobús», aparece ya registrado; es la palabra para designar a la biblioteca pública móvil, instalada en un autobús. De «hablar» y «parlar» se formó la voz «pablar». Hay una expresión familiar: «Ni hablar, ni pablar». Sirve para condenar el sumo silencio de alguno.