Búsqueda Personalizada

miércoles, junio 25, 2008

PALABRAS QUE VAN Y VIENEN

Ajustemos el lenguaje al contexto en el que hablamos
Por Celima Bernal (Juventud Rebelde)

Mis nietos menores viven en Puebla. Estuvieron, hace poco, algunos días en La Habana. A José, uno de ellos, le pregunté: ¿Podrías entender mis cartas, si te escribo así? —mientras, hacía que trazaba unas líneas sobre un papel inexistente. Me contestó afirmativamente, sonrió apenado y agregó «¿Sabes? A esa letra, en México, se le llama cursiva».

¡Cuántas veces no nos ocurren cosas parecidas! Todo por subestimar a los demás. Creemos que los otros no van a entendernos si empleamos voces «de salir», y dejamos a un lado las «de andar». Hablemos con corrección. ¿Pena?, ¿por qué? Lo vergonzoso sería que nos equivocáramos, que anduviéramos disparatando a diestra y siniestra, o como decimos los cubanos familiarmente: a las dos manos.

Me referí a «palabras de andar y palabras de salir», igual que lo he hecho, a veces, del «lenguaje de andar y de salir». Eso puede prestarse a confusión. Si bien es cierto que entre íntimos o familiares usamos voces y expresiones diferentes de las que empleamos en otros ambientes, siempre debemos evitar errores de pronunciación. Invariablemente ha de hablarse con igual corrección, con la misma fluidez.

Por otra parte, no hay cosa más ridícula que el empleo de vocablos rebuscados cuando nos encontramos entre amigos. Conté hace tiempo que en una ocasión, mientras esperaba el regreso de uno de mis hijos, becado entonces en la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas), un compañero suyo, conocedor de mi dedicación al lenguaje, me dijo: «Ha de estar usted alborozada en grado sumo por el arribo de su primogénito». ¡Pobrecito! Empleemos un lenguaje natural, hablemos con llaneza, sin artificio. Evitemos la trompetilla. Sabemos que mantenerse en el justo medio es difícil, pero recordemos el consejo de los griegos: «Nada demasiado».

LA RESPUESTA DE HOY

Una lectora, cuyo nombre es Alma pero cuyos apellidos lamentablemente olvidé, me pregunta si debe decirse tutorar o tutorear. Veamos: Tutor o tutora es la persona que ejerce la tutela, la designada para orientar a los alumnos de un curso o asignatura, y el profesor privado que se encarga de la educación general de los hijos de una familia; también se llama así al rodrigón de una planta, y figurada y familiarmente, al protector, al defensor de alguien. Aparece tutoría. Tutorar, solo para el caso de: «poner tutores o rodrigones a las plantas». No registra otro uso el diccionario, pero estoy segura de que también si nos referimos al tutor de una tesis, será correcto emplear: tutorar, en lugar de «tutorear». Digo, si no hay dudas.