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jueves, abril 03, 2008

ALEXIS DIAZ-PIMIENTA: “EN ESA FIESTA QUE ES MI LIBRO, CABEMOS TODOS”

Su poemario Fiesta de disfraces acaba de alcanzar en Murcia, España, el I Premio Internacional de Poesía Los Odres

Por Pedro Péglez González (Trabajadores)

Aunque casi siempre se le “encasilla” como decimista —a causa de su imagen más visible como poeta repentista— Alexis Díaz-Pimienta (La Habana, 1966) es un escritor de una integralidad que merece más atención. Sus desempeños, por ejemplo, en la narrativa y la docencia literaria, aún esperan por una valoración detenida.

La amplitud de su obra poética, además de la escrita en décimas, resulta prácticamente desconocida. Esto salta a la vista —acaso como la punta de un iceberg— en las apreciaciones que le pedimos, a propósito de su reciente premio alcanzado en España.

¿Cómo está estructurado Fiesta de disfraces? ¿Hay en el libro décimas, sonetos, poemas en versos libres?

Fiesta de disfraces está estructurado como un libro unitario, sin subdivisiones, un libro extenso, de 63 cuartillas, con 32 poemas, y de ellos uno solo es en décimas (y aclaro esto porque recuerdo que la primera vez que gané un premio de poesía en España, el Belmás, con Cuarto de mala música, algunos colegas me felicitaban en Cuba, sorprendidos, porque “no sabían que la décima gustaba tanto en España”, como si yo solo escribiera décimas, como si aquel fuera un libro de décimas, y ahora que lo pienso, en Cuarto... no hay ni una sola décima; bueno, ya sabes, el peso del encasillamiento, de la TV y el repentismo); pues bien, en Fiesta... hay un poema en décimas, un poema en serventesios, y un largo poema final de 14 sonetos; el resto, 29 poemas, son textos en verso libre, pero muy variados también dentro del verso librismo, desde poemas escuetísimos, casi epigramáticos, hasta poemas muy extensos, de versos libérrimos y tono prosaísta. En fin, un libro muy variado en la forma, en el tono y en los temas que toca.

¿Predomina en él tu acostumbrado aliento en que las herramientas escriturales de la postmodernidad obran en favor de una expresión de cubanía que no soslaya la cotidianidad?

No sé, eso lo dejo a ustedes, los críticos. Además, yo creo que soy más experimental, más aventurero en la décima escrita que en “la otra” poesía escrita. Tal vez porque la décima estaba más necesitada de contemporanizarse, necesitaba más vestir ropas nuevas, y por eso todos nos lanzamos de cabeza a la boutique de las nuevas estéticas. Además, te confieso que yo nunca he entendido bien las claves de la postmodernidad, ni las de la cubanía, ni siquiera las de la cotidianidad.

Perdóname, no quiero que esto parezca una impertinencia mía, pero yo sigo haciéndome la misma pregunta que me hacía hace 20 años: ¿qué es lo postmoderno? Y cada día me pregunto más si no pecamos demasiado al colgarle ese apellido a todo.

Del mismo modo que me pregunto si no sobreactuamos demasiado al intentar hallar cubanía en todo lo que hace un cubano. Recuerdo que cuando yo escribí En un lugar de la Mancha, mi versión en verso de Don Quijote, algunos periodistas hablaron del Quijote cubano, y de la cubanía que hay en ese libro. Y yo me decía: ¡¡pero por Dios, si todo lo que está escrito ahí lo ha escrito Cervantes, y todo ocurre en la Mancha, y en el siglo XV!! ¿Cómo puede haber cubanía ahí?

Fiesta de disfraces no es un libro lleno de cubanía, no lo creo; hay poemas que hablan de La Habana y yo soy cubano, sí, pero hay otros poemas, la mayoría, que no hablan de ningún lugar específico, o sí, hablan de un lugar abstracto, llamado Yo, hablan del Yo como lugar, del espejo y el rostro y las máscaras como lugares cotidianos, peligrosos y muy socorridos; habla del enmascaramiento, y de las falsas apariencias, y de las dualidades, temas bastante recurrentes en mi obra.

En esa fiesta que es el libro, ya lo verás, cabemos todos: cubanos y españoles y rusos y zulús y escandinavos.

Es la Fiesta del no-rostro, la fiesta del no-yo, la fiesta del yo-falso. Tendrás que leer el libro para darte cuenta. Y en cuanto a la cotidianidad, no lo sé tampoco, pero no lo creo. Tú sabes más que yo de todo eso, tú lo ves todo desde fuera, como crítico y periodista que eres, además de poeta. Estos son poemas extemporáneos, por lo tanto, la cotidianidad es tangencial y relativa.

La cotidianidad, la cubanía y la postmodernidad son conceptos escurridizos para aplicarlos a la poesía, quizá en la narrativa, en la novela y el cuento tengan más sentido.

A tu modo de ver, ¿qué de nuevo aporta Fiesta... a tu obra escrita, ya notablemente amplia?

Este libro es una pieza más del puzzle, solo eso. Yo creo, como Romualdo Írsula, que uno en definitiva escribe un solo libro a lo largo de la vida, y cada uno de los libros que publica constituye un capítulo determinado de ese libro total. Fiesta de disfraces es eso, un capítulo, una pieza poética del puzzle que es mi obra toda, un poemario que entronca perfectamente con otros libros míos, no solo con los dos que dije anteriormente, sino también con Yo también pude ser Jacques Daguerre, un poemario donde el tema del Yo y de las identidades es protagonista; o incluso con una de mis novelas, Maldita danza, donde el tema de las apariencias y la lucha de la protagonista contra los tópicos y los encasillamientos es una constante.